domingo, 18 de noviembre de 2007

LA IMPUNIDAD DE LOS CARADURAS

“En una biblioteca universitaria de Estados Unidos, me enteré de que yo era autor del prólogo de un libro de Nahuel Maciel, publicado en Buenos Aires por las ediciones El Cronista. Como nunca escribo prólogos, el asunto me llamó la atención...”
(Eduardo Galeano)

Tres veces me topé con esta historia. La primera, en una charla con el periodista y escritor Orlando Barone. Volví a tropezar con ella en una conferencia de la Feria del Libro...allí, quien la comentó fue otro de sus protagonistas, el redactor Oscar Tafetani. Y esta semana, por tercera vez he vuelto a encontrarme con ella.
Y, como tantas coincidencias parecen un llamado del destino, me aboqué entonces a escribir parte de la increíble historia del periodista Nahuel Maciel.
REINVENTAR LA REALIDAD
El periodista argentino Mario Diament (ahora en Estados Unidos), calificó esta historia como uno de los embustes literarios más fascinantes de la memoria reciente. Mario Diament era por aquel entonces director de El Cronista.
“Nahuel apareció por la redacción del diario El Cronista una mañana de fines de 1991, justo en momentos en que Silvia Hopenhayn, editora del suplemento El Cronista Cultural, peleaba con un cierre caótico donde acababa de caerse la historia principal. Se aproximó a su escritorio con extrema humildad, tenía algo más de 30 años. Era de baja estatura, cuerpo enjuto y una mirada inocente enmarcada entre rabiosos mechones de pelo lacio y una barba intensamente negra. Traía, según dijo, una recomendación de Eduardo Galeano y otra del escritor Oscar Tafetani, se presentó como un indio mapuche que había escrito artículos para Le Monde, de París y el National Geographic, algunas de cuyas fotocopias traía consigo para probarlo. Llegó y ofreció muy suelto de cuerpo una entrevista con Mario Vargas Llosa que había realizado vía fax. Esto, para alguien que acababa de perder la nota principal del suplemento cultural, era un regalo de Dios... ¿Un indio mapuche que hace entrevistas por fax? un concepto fascinante”, comenta Diament. La nota de Maciel con Mario Vargas Llosa, se publicó con éxito.
Nahuel Maciel decía que no era mapuche puro, sino que había sido criado por mapuches de la Patagonia (Orlando Barone asegura que Maciel le contó que su madre había sido violada). También contaba Maciel que, luego de recibirse de maestro se dedicó a enseñar en las comunidades indígenas del sur argentino. Cuando le preguntaron cómo había conocido a Galeano, Maciel dijo que había sido cuando tradujo al mapuche algunos capítulos de “Las venas abiertas de América Latina”.
Luego de un tiempo, Maciel reapareció en la redacción para ofrecer una entrevista con García Márquez hecha por fax. Mostró los supuestos originales firmados por Gabo y, como todo parecía normal, se publicó. La entrevista era una interminable discusión sobre la utopía.
Al poco tiempo, Nahuel Maciel presentó un reportaje sobre Carl Sagan, y comentó muy entusiasmado que García Márquez había aceptado ampliar el diálogo de la nota publicada, y que estaba de acuerdo en que se publicara en forma de libro...y dijo además que Eduardo Galeano se había comprometido a escribir el prólogo.
La noche en que se presentó el libro (fue en la Feria del Libro), la sala principal del Centro Municipal de Exposiciones estuvo colmada de público, incluidos algunos de los nombres más importantes del mundo literario porteño. Nahuel Maciel leyó una carta que dijo haber recibido de García Márquez, donde Gabo aludía a una cruz indígena que guardaba de su madre y la comparaba con el espíritu de amistad que lo había unido a Nahuel. Orlando Barone conoció a la madre de Nahuel Maciel en la Feria del Libro...¿Qué aspecto tiene?, le preguntó Diament “¡Parece una pituca del barrio norte!”, le dijo Barone, con la inteligente desconfianza que lo caracteriza.
Nahuel Maciel había alcanzado la cima con apenas treinta años. Dejó de lado su antigua inhibición, se paseaba con suficiencia por la redacción, fue invitado a dar una clase magistral en la Universidad de La Plata e inició, según comentan sus ex compañeros de redacción, una envidiable carrera amatoria. Es que la fama: No es puro cuento.
CUAL SÍSIFO
“Nadie jamás insinuó que lo que publicaba Nahuel Maciel fuera plagiado o apócrifo...y muchas veces lo veíamos conversar con grupos indígenas que aparecían misteriosamente por la redacción, incluyendo una delegación de Suiza que auspiciaba el premio Nobel de la Paz para Rigoberta Menchú ”...dice Mario Diament.
Sin embargo, dos hechos llamaron la atención de los directivos del diario. Uno, cuando Maciel no pudo comprobar sus contactos con National Geographic. El otro, cuando el ya glorioso maestro mapuche propuso una entrevista con el premio Nobel israelí Agnon...¿El quiere hacerla?, le preguntaron. “Se puede intentar pues tengo buenos contactos”, respondió Maciel. “Mire que tienen que ser muy buenos, porque resulta que Agnon está muerto”, le dijeron. Maciel se puso serio...y murmuró: No lo sabía.
Así y todo, Nahuel Maciel alcanzó a publicar una última entrevista. Fue al escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, luego...el diario le impuso una veda a la publicación de sus notas. Como legalmente era un colaborador permanente del diario (imposible echarlo sin pagarle una jugosa indemnización), comenzaron a buscarle una justa causa de despido. El diario le exigió a Maciel que trajera la grabación de la entrevista que afirmaba haberle hecho telefónicamente a Milan Kundera. Nahuel prometió la cinta, pero comenzó a demorarla con miles de pretextos. Hasta que apareció un día en la redacción con un casete. Nadie pudo comprobar que fuera Kundera quien hablaba, pero la voz que salía del grabador se expresaba en un francés perfecto, con un fuerte acento del este europeo, y decía las mismas cosas que contenía el presunto reportaje a Kundera. No obstante ello, la entrevista jamás se publicó.
Fue el escritor santafecino Carlos Roberto Morán quien aportó la primera evidencia de plagio. Morán lo llamó a Orlando Barone para comentarle que recordaba haber leído la misma entrevista que Maciel le había hecho a Onetti, publicada en otra parte. Las fotocopias que mandó Morán pertenecían, efectivamente, a una entrevista a Juan Carlos Onetti, incluida en un libro de la periodista uruguaya María Esther Gillio. Maciel había copiado el texto literalmente. Ante semejante evidencia, Maciel dijo que Onetti mandaría un fax con las explicaciones del caso. Pero el fax jamás llegó.
Lo que sí llegó fue una demanda del padre Mamerto Menapace, acompañada de las fotocopias de uno de sus libros, donde resultaba evidente que Nahuel Maciel lo había plagiado sin ningún atenuante. Sólo había cambiado la palabra Dios, por la palabra Utopía. “Es cierto. Mi libro es un plagio” admitió por fin Maciel...“Uno a veces tiene impulsos que no controla. Como los que se sienten impulsados a matar. La verdad es que no sé por qué hago estas cosas…” dijo Maciel como toda disculpa. Hay quienes dicen que Nahuel Maciel se creía un artista de la mitomanía. Y lo era. Su libro: El elogio de la utopía, Una entrevista con Gabriel García Márquez (desapareció a tiempo de las librerías gracias a El Cronista) contenía: Plagio a un libro del padre Mamerto Menapace, un reportaje (inventado) a Gabriel García Márquez, y un prólogo apócrifo de Galeano. Menapace desistió de la demanda cuando el libro fue retirado de circulación. Y la demanda de Galeano no prosperó en el Juzgado de Ballesteros...pero el genial uruguayo escribió en 1.995: “Mi buena educación me impide recurrir a la ley del Talión, ojo por ojo, diente por diente, prólogo por prólogo, y me obliga a aceptar un veredicto que consagra, una vez más, la impunidad de los caraduras. Por respeto a la justicia, tendré que resignarme. Haré todo lo posible por creer que ese prólogo me pertenece y hasta quizás, con los años, podré empezar a quererlo. No será fácil, porque es horroroso. Pero uno se acostumbra”.
Nahuel Maciel es periodista, dice ser profesor en la Universidad de Entre Ríos, y escribe desde hace tiempo en el diario El Argentino de Gualeguaychú...aunque usted no lo crea.

Horacio Ricardo Palma

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