“Miré desde mi
ventana un paisaje que ya estaba dentro de mí, y sentí una emoción que ya
estaba en el paisaje” (Eise Osman)
La
tarde que se va haciendo noche. El verde a la vera de la ruta se extiende hasta
que la vista dice basta. Papá, no digas a la vera, decí al costado!, me reclama
siempre Bauti, el más pequeñín de la familia, el que hace que mis gastados
huesos no se rindan tan fácilmente ante el paso del tiempo. A Bauti no le gusta
que yo hable “en difícil”.
Los
hijos son hijos… pero a cierta edad son casi nietos, me carga siempre mi amiga
Makita Lacorte, luchadora incansable Pro Vida. Mujer ejemplo.
El
cielo que se va tiñendo de un naranja encendido… la tarde que se va haciendo
noche despacito y el fresco que se confunde en un abrazo con su hermano mayor:
el frío.
Curiosa
tarde de fin de enero con frescor otoñal. “Es una noche de corso” dice siempre
mi mamá cuando hace frío en verano, recordando nuestras noches eternas de corso
en las calles, cuando al corso se iba con campera a jugar con “pachanga”.
Un
paisano montado a un pintado, sigue con su mirada nuestro auto. Yo le toco
bocina y el hombre levanta la mano a modo de saludo… el rebenque balancea
amarrado a su muñeca con un lazo de tiento. A su lado, pastan unos animales regordetes…
casi terminados.
Todavía
hay agua al costado de la ruta… pero casi nada. El policía de la caminera nos
mira fijo. Nosotros pasamos despacio… el ojo policial casi nunca falla. Con su
brazo derecho en ele nos hace seña que sigamos… también saluda.
Acá
todos saludan… son costumbres lindas que en otros lugares lamentablemente se
han perdido en ese pozo negro y sin fondo llamado indiferencia.
A
la derecha de la ruta, allá al fondo… las luces de Soychú parecen una ciudad
aparte. A la izquierda del camino… tras los silos del molino que alguna vez fue
de los Armelín y los Tommasi, una humareda negra y densa, avisa el basural.
Los
olores imposibles de una ciudad resignada a respirar heces no tan ajenas.
Una
moto me pasa a toda velocidad… van tres gurises. Ninguno lleva casco. Pronto,
tampoco llevarán cabezas. Pobre de ellos. Pobre de nosotros. Pobre de todos.
Asoma
el puente y asoma el río. Que ya está en su cauce… sin la desmedida exuberancia
que lucía hasta hace unas semanas.
Acá
la arenera. A la derecha… y allá el…uy!! justo que me había bajado de la
calesita del desánimo y la mala onda… justo que, amarrado con ambas piernas al
caño de la calesita festiva había logrado sacar la sortija y festejaba subido a
la fiesta del ánimo y la buena onda… justo en ese momento, un gran estruendo
sacude el aire, varios pescadores salen carpiendo de la mole, unos pajarracos
zancudos levantan vuelo, un puñado de mojarras brota reluciente del río, como
una lágrima de plata. Levantan vuelo rasante y se zambullen unos centímetros
más allá.
El
agua del río Gualeguay se estremece en sus entrañas: se cae el puente
Pellegrini.
¿Será
posible?
Bueno,
se cae la parte que ya estaba caída sin que a nadie se le hubiera movido un pelo.
Lo
que el hombre no pudo, no quiso o no supo, la naturaleza lo enseñó por las
malas.
El
puente que nació puente, no resistió ser dique.
Es
que desde hace décadas, una pared de troncos atascados a sus pies, había
convertido involuntariamente en dique al puente viejo de nuestro pueblo.
El
problema es que el puente lleva el nombre de Pellegrini, pues si llevara el
nombre del que nos preside desde su faraónico mausoleo del sur, me refiero al mesías
encarnado en un trajecito Dior negro, si el puente llevara su nombre, ¡¡minga que
lo dejaban caer!!
No
hay caso, venimos de racha con las malas noticias. Primero una parte del
puente. Luego la pretendida expropiación de un campo, peleas callejeras a la
salida de los boliches entre menores de edad alcoholizados, muertes en
accidentes de motos, ahogados en el río... y ahora lo que quedaba del puente. Los
puentes rotos han sido siempre una hermosa imagen literaria. Los puentes
tendidos también.
En
un país cada vez más dividido, donde el régimen que nos gobierna se aboca a
tiempo completo a la vacua tarea de derribar puentes… un puente que se cae es
una metáfora que explica más que mil palabras.
Tal
vez algún día entienda el régimen que mejor que derribar es construir puentes. Tender
puentes es como tender la mano. Derribar puentes es como aislarse en una torre
de marfil. Y los entrerrianos, que vivimos entre ríos, sabemos mucho de la
necesidad de tender puentes.
La
presidenta habló ayer en su acto número diez millones. Y habló como siempre,
sin admitir preguntas. El concepto de democracia está desde hace tiempo en
Argentina un poco trastornado. Habló la presidenta y en lugar de asumir el
problema de la inflación y de hacerse cargo, acusando esgrimió una excusa: “hay
que hacerle un vacío a aquellos que aumenten los precios…” Ah sí, porque parece
que todas las semanas hay fantasmas malos en nuestro país que se levantan y
dicen: “hoy voy a subir los precios para joder al kirchnerismo”. El relato
oficial… o el esbozo de la estupidez.
El
relato cómodo de culpar a los demás. De ver fantasmas allí donde solo hay
incapacidad.
Bien,
intentaré este mes hacerle caso a la presidenta y le haré un vacío a todos
“esos” que suben los precios de las cosas. Entonces no pagaré la luz, ni el
gas, ni el ABL, ni la patente del auto, ni el seguro del auto. Y no voy a
comprar el pan, ni la leche ni la carne, ni los fideos. Tampoco voy a comprar
ropa ni voy a viajar en colectivo ni voy a cargar nafta en la YPF que desde que
la “recuperamos” me obliga en la ruta a cargar solo Premium y en efectivo...y
no voy a comprar yerba... je, si pudiera preguntarle a la presidenta,
sinceramente le preguntaría: ¿cómo cuernos hago para no comprar nada?.
Hace
algunos años entrevisté al Escritor gualeyo Eise Osman y casualmente hablamos
sobre la imagen de los puentes. Yo le pregunté entonces por “Los Clasicos” y la
charla desembocó, claro, en El Quijote… aquella vez, Eise Osman me dijo: “Siempre
digo que la única forma de abarcar El Quijote, es haber roto los puentes con la
realidad aparente. Me gusta mucho esta imagen de los puentes…uno a medida que
va viviendo, que va formándose o deformándose, uno va rompiendo puentes. Y al
final, uno termina como Cristo, solo, y sin puentes. Porque uno, a medida que
va avanzando en la vida, va perdiendo relaciones, va perdiendo puentes con los
amigos, con la familia, y al final uno llega solo, como un Cristo… Y los
puentes se rompen, pues hay cosas que antes lo unían a ciertas personas, y que
ahora ya no…”
En
éstas anda el gobierno… en derribar puentes. En negar la realidad, arrebujado
en una isla donde el relato miente un mundo maravilloso. En ver fantasmas, allí
donde solo hay gente que critica… o incapacidades de gestión. El Poder desmesurado
del gobierno le presta a sus funcionarios un embeleso de suficiencia. Y ellos pasean
esa veleidad caprichosa del que se cree impune.
Hay
un viejo aforismo de Eise Osman en el Beduino Errante que el kirhnerismo
debería repensar: “Creamos fantasmas imaginarios, que luego nos infligen
castigos reales”.
Horacio Ricardo Palma
El Dia de Gualeguay
Gualeguay
Entre Rios
1 comentario:
Muy buen articulo!! Una muestra mas del desinteres general por las cosas que forman parte de la historia de la ciudad..saludos GUALEGUAY
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