Juan J. Albornoz, hoy funcionario provincial, se hizo cargo de las pintadas
Incitado por la vieja liturgia peronista, esta última semana el país entró en un lamentable espiral de violencia. Gualeguay no fue ajeno. La liturgia peronista tuvo su acto solemne en la cancha de Almagro. Allí, el es presidente (en sentido figurado, claro), desde su Frente para la Victoria, asumió la titularidad del peronismo. O del o que queda. Y como para dejar en claro quién manda, le cedió la palabra a la presidentA, a la sazón, su señora esposa. La calesita del peronismo en marcha. Con las misma cantinelas. Mientras la presidentA retaba a los de la corneta, hablaba de unión y da a consejos de tolerancia, allí abajo, en sus narices, los de Moyano se mataban a palos con los de Gerardo Martínez. La liturgia de los incorregibles en todo su esplendor. La calesita peronista, que vuelve a pasar por el mismo lugar, por enésima vez.
La mística del peronismo, sabemos, cree en las razones de la violencia. Ella está en su esencia. Y la mística peronista avala en este punto, la teoría de los dos demonios: La violencia “buena”, y la violencia “mala”. La “buena”, es siempre la violencia de ellos.
“La violencia en manos del pueblo, no es violencia, es justicia”. Pintaba en los setenta el sector revolucionario del peronismo.
Y el matrimonio que nos preside, proviene de esa generación que no solo creyó en la violencia, sino que actuó en consecuencia. Y el matrimonio presidencial sufrió también, en 1974, la mística peronista en carne propia: Perón los echó de la Plaza.
Ese 1 de mayo, Perón declaró “mala” la violencia montonera con la que había coqueteado, y la combatió con la violencia “buena” de la Triple A.
No perdamos de vista que nos gobierna la generación que hizo política con la violencia. Con las bombas, con los secuestros, con sicarios que mataban por la espalda, con los “juicios populares” y los “fusilamientos revolucionarios”. Y que, paradójicamente, es la única pata de la tragedia argentina que aún no ha hecho su “mea culpa”.
A los Kirchner la violencia les sienta bien. Y se les nota. Medio gabinete y muchos de sus funcionarios de primera línea la utilizaron en los 70 como forma de hacer política. Entendiendo esto, podremos entender entonces por qué, ante la voz disidente, ellos enarbolan las banderas de la “violencia con justa causa”. La violencia buena, es ahora, otra vez y como siempre: La de ellos.
Si un grupo de militantes, con una diputada nacional a la cabeza, como Victoria Donda, espera al presidente de la Sociedad Rural para insultarlo, escupirlo (una especialidad de la diputada Donda), y patearlo…esa violencia está justificada en el “gobierno popular”. Pero si Radio Gualeguay, o un periodista como Jorge Alarcón (ejemplo de periodismo independiente en mi pueblo), emiten opinión libremente, el peronismo de calesita, ese que abarca los 360 grados del pensamiento, y amparado en la falsedad del “gobierno popular”, le hace pintadas y lo amenaza.
Causa gracia escuchar que el “gobierno popular” está representado por una presidentA que luce 50.000 dólares en joyas en cada aparición pública, o ver que el “gobierno popular” está respaldado por diez mil militantes arreados en colectivos a un estadio, o verlo apoyado en los grupos de choque de D`elía, el huevo Cevallos, Victoria Donda o Emilio Pérsicco. Todos juntos, en el mismo lodo…defendiendo un modelo con un 30% de inflación anual.
Al observar a este revuelto de voluntades tan dispares que se suben a la calesita del peronismo, uno entiende por qué, este peronismo ve fantasmas y golpistas en cada voz de crítica.
Este peronismo es como aquella calesita de mi infancia. Cualquiera saca boleto y sube y elige. Uno se sube a una moto, otro elige un autito, otros un caballo. Muchos suben desesperados para sacar la sortija y viajar gratis.
Un movimiento que lo abarca todo. Y nos embarca en un viaje de mentira. Siempre en el mismo lugar, girando sobre el propio eje.
La mística del peronismo, sabemos, cree en las razones de la violencia. Ella está en su esencia. Y la mística peronista avala en este punto, la teoría de los dos demonios: La violencia “buena”, y la violencia “mala”. La “buena”, es siempre la violencia de ellos.
“La violencia en manos del pueblo, no es violencia, es justicia”. Pintaba en los setenta el sector revolucionario del peronismo.
Y el matrimonio que nos preside, proviene de esa generación que no solo creyó en la violencia, sino que actuó en consecuencia. Y el matrimonio presidencial sufrió también, en 1974, la mística peronista en carne propia: Perón los echó de la Plaza.
Ese 1 de mayo, Perón declaró “mala” la violencia montonera con la que había coqueteado, y la combatió con la violencia “buena” de la Triple A.
No perdamos de vista que nos gobierna la generación que hizo política con la violencia. Con las bombas, con los secuestros, con sicarios que mataban por la espalda, con los “juicios populares” y los “fusilamientos revolucionarios”. Y que, paradójicamente, es la única pata de la tragedia argentina que aún no ha hecho su “mea culpa”.
A los Kirchner la violencia les sienta bien. Y se les nota. Medio gabinete y muchos de sus funcionarios de primera línea la utilizaron en los 70 como forma de hacer política. Entendiendo esto, podremos entender entonces por qué, ante la voz disidente, ellos enarbolan las banderas de la “violencia con justa causa”. La violencia buena, es ahora, otra vez y como siempre: La de ellos.
Si un grupo de militantes, con una diputada nacional a la cabeza, como Victoria Donda, espera al presidente de la Sociedad Rural para insultarlo, escupirlo (una especialidad de la diputada Donda), y patearlo…esa violencia está justificada en el “gobierno popular”. Pero si Radio Gualeguay, o un periodista como Jorge Alarcón (ejemplo de periodismo independiente en mi pueblo), emiten opinión libremente, el peronismo de calesita, ese que abarca los 360 grados del pensamiento, y amparado en la falsedad del “gobierno popular”, le hace pintadas y lo amenaza.
Causa gracia escuchar que el “gobierno popular” está representado por una presidentA que luce 50.000 dólares en joyas en cada aparición pública, o ver que el “gobierno popular” está respaldado por diez mil militantes arreados en colectivos a un estadio, o verlo apoyado en los grupos de choque de D`elía, el huevo Cevallos, Victoria Donda o Emilio Pérsicco. Todos juntos, en el mismo lodo…defendiendo un modelo con un 30% de inflación anual.
Al observar a este revuelto de voluntades tan dispares que se suben a la calesita del peronismo, uno entiende por qué, este peronismo ve fantasmas y golpistas en cada voz de crítica.
Este peronismo es como aquella calesita de mi infancia. Cualquiera saca boleto y sube y elige. Uno se sube a una moto, otro elige un autito, otros un caballo. Muchos suben desesperados para sacar la sortija y viajar gratis.
Un movimiento que lo abarca todo. Y nos embarca en un viaje de mentira. Siempre en el mismo lugar, girando sobre el propio eje.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario