miércoles, 21 de mayo de 2008

Al enemigo...ni justicia

El ministro Aníbal Fernández, desconoce la justicia.

Por Horacio Zaratiegui

"En efecto, este sábado 17 se casó la hija de un amigo, Coronel del Ejército Argentino (el de antes...), que hoy está pagando con injusta e ilegal prisión el haber combatido al terrorismo cuando era oficial subalterno. Ante el acontecimiento, se solicitó al juez que interviene en su causa la correspondiente autorización para asistir a la ceremonia religiosa, cosa que se obtuvo. Lo reitero, por si no quedó claro: el juez, máxima autoridad con capacidad de decisión sobre un encausado, dijo que el militar podía concurrir al casamiento de su hija, y para ello dio las instrucciones de rigor al ejército K. y al Servicio Penitenciario Federal, encargado de su custodia.
Pero claro, algunos funcionarios K. se creen -¿o se saben?- por encima de la ley y las instituciones, y uno de ellos decidió que la orden del juez no debía ser cumplida; así se lo hizo saber al personal penitenciario, el que obediencia debida mediante (¿alguien realmente cree que en las fuerzas uniformadas ya no existe tal cosa como la "obediencia debida"???), no trasladó al combatiente contra el terrorismo tal cual lo había ordenado la autoridad judicial. Consultado el subdirector de la Unidad 34 (ex Instituto Penal de las FFAA en Campo de Mayo), informó que la orden no iba a ser cumplimentada “por expresa disposición del Sr. Aníbal Fernández”!!!!!"

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Hasta aquí la nota de Horacio Zaratiegui...Mientras tanto, una noticia reciente nos avisa los que sí tienen derechos:

LA PLATA, (DIB).- “Sí, quiero”. Con serenidad pero con algo de timidez, Héctor Ledesma, le respondió al padre Osvaldo. Luego fue el turno de ella, Jorgelina. El lugar elegido: la iglesia de Magdalena, ciudad de 15 mil habitantes y ubicada a 60 kilómetros de la capital provincial. Todo bajo la atenta y emocionada mirada de unos pocos familiares y de media decena de policías, todos de civil. Es que no era un casamiento más. Fue el primero en la historia de la provincia de Buenos Aires en el que un preso sale de una unidad para dar el “sí” ante Dios en una iglesia.
El inicio fue en la Unidad 36, donde la pareja se casó por civil. Allí además de la familia, estaban unos pocos internos, amigos de Ledesma, quienes no desaprovecharon la oportunidad para realizar el tradicional rito del arroz. Luego, los ya esposos ante la Justicia, caminaron por el patio del complejo carcelario, los candados de las puertas se fueron abriendo, pasaron por todos los controles y se subieron a la camioneta de la policía, que hacía las veces de vehículo nupcial. Atrás lo siguió otra camioneta policial, donde viajaban los padrinos de la boda. Ledesma, en ningún momento de su viaje, estuvo esposado.
Cinco fueron los kilómetros que separaban la cárcel de la histórica iglesia. En la esquina, un patrullero mantenía cortada la calle. Todo estaba bajo control. Allí fue el momento del cura, que ante la atenta mirada del único monaguillo, interrogó a la pareja y dejó en claro que el amor da nuevas oportunidades. “Héctor me contó que tiene 18 impactos de bala en el cuerpo. Sin duda que eso es tener nuevas oportunidades”, dijo el padre Osvaldo.
Terminada la ceremonia, que contó con la marcha nupcial y el Ave María, los novios volvieron a la unidad pero con el compromiso ante Dios de vivir juntos para toda la vida. Y ese es el proyecto de Héctor, que piensa vivir con Jorgelina en Lomas de Zamora y trabajar de albañil. “Todavía me quedan tres años en prisión”, sostuvo el joven de 33 años, que está preso, sin condena firme, por homicidio.
“Siete años le costó a ella tomar la decisión de casarse”, ironizó Héctor, que conoce a su flamante esposa desde los 14 años pero que hace siete que salen. “Es un sueño que se hizo realidad”, agregó. En tanto, Jorgelina, que a sus 34 años está embarazada de un varoncito de seis meses (se llamará Máximo), reconoció que “me propuso casamiento hace tres años. Aunque recién ahora se pudo dar”.-

Al enemigo...ni justicia, decía Perón.

1 comentario:

Unknown dijo...

La Masacre de Fatima
“Se sentían impunes”

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Por Diego Martínez
“Se sentían necesarios, casi héroes. Decían que todos los gobiernos los iban a buscar”, explicó. “Nos llevaban al baño, nos violaban. Todo se escuchaba. Se sentían impunes”, agregó. Incluso “camino a la sala de torturas pasábamos por oficinas con gente que hablaba, escribía a máquina y les daban de comer a chicos”. La descripción de Superintendencia de Seguridad Federal y su gente en 1976 pertenece a María del Socorro Alonso, sobreviviente que declaró ayer en la novena audiencia del juicio oral por la “Masacre de Fátima” ante el Tribunal Oral Federal Nº 5. “Eran unos psicópatas totales. En la sala de torturas te decían ‘sacate la ropita, sentate, subite a la parrilla’”, relató. A los imputados Juan Carlos Lapuyole y Carlos Gallone los mencionó entre quienes “tomaban declaraciones”. A Miguel Angel Timarchi como “un operativo”.

La primera testigo, Marta Ocampo, contó que tras el secuestro de su hermana Selma su padre recurrió a un amigo: el coronel Carlos Romanella. “Primero se preocupó, nos dijo ‘está en Coordinación Federal, no hay acusación seria, sólo asociación ilícita’. Después se borró porque lo amenazaban. No supimos más de él, pobre hombre”, contó. Horas después Romanella, de 83 años, dijo no recordar su gestión. “Pienso que traté de averiguar algo pero no averigüé nada”, resumió.

Miguel Bianco contó que durante su cautiverio habló con Jorge Argente, víctima de la masacre. “Yo te limpié, no me tires mierda”, le pidió Argente. “Quedate tranquilo, somos amigos, no tengo nada que decir. Ni vos ni yo tenemos que estar acá”, le aclaró Bianco. Al liberarlo le notificaron: “naciste de nuevo, pibe”. Adrián Merajver contó que el 19 de agosto “abrieron mi celda, uno preguntó ‘¿éste va o no va?’ y otro respondió ‘no, sigue’”. Al día siguiente un guardia dijo “se fueron treinta, y cinco por separado”. “Pensé ‘treinta en libertad y cinco a la cárcel’ o al revés. Todavía no teníamos idea de los de-saparecidos.” Lilia Amparo Jons contó que estuvo once días en Superintendencia junto con su marido. Una noche escucharon los gritos de su hijo Pantaleón Daniel Orfano, desaparecido, a quien un ex servicio del Ejército identificó ante la Justicia como una de las víctimas de Fátima.

María del Socorro Alonso contó que la detuvieron en la comisaría 24, de donde salió vendada hacia Superintendencia. “Era una carnicería, gritos, aullidos, personas tiradas como fardos”, relató. Durante su cautiverio contactó a ocho de las víctimas de la masacre. Contó que los guardias “se cebaron” con una chica judía de 16 años a quien violaban. “Nos habíamos convertido en gusanos humanos, seres humillados, pero era doblemente cruel lo que hacían con esta criatura.” Por otra secuestrada que entabló relación con un guardia supo que el “Francés” era Lapuyole. “No sé si el apodo era por el apellido o por el perfume”, aclaró. “Gallone se divertía diciendo que yo era livianita, me agarraba y me tiraba”, declaró. El policía, con anteojos de sol de marco dorado, la miraba impávido. El 19 de agosto un guardia les acercó Crónica con la noticia del asesinato del general Omar Actis. “Ahora van a pedir que entreguemos gente”, les anticipó. Esa noche hubo “un silencio muy especial” en el edificio. Al día siguiente “era vox populi que había pasado algo”. Entre los cautivos enumeró “peronistas, parte de la Columna Norte de Montoneros, dirigentes gremiales como los de Bendix y gente de la JTP de Judiciales”.