sábado, 4 de abril de 2009

Tras la muerte con honores...la muerte con horrores


Cuando vi la foto del pueblo desesperado en Charata, me impresionó la metáfora.
Algo tan insignificante, horadando lo inmenso. Algo tan insignificante, desatando la tragedia inmensa...
Él, que con menos de 50 años detenta todo el poder de su provincia, aturdido.
Ella, una esposa fuera de sus cabales, sí, pero que aún así florea su locura a instancias de infundir miedo, desencajada y con cara y con la necesidad imperiosa de gritar “yo no fui”. Y más allá, toda una provincia históricamente pobre, a pesar de los “grandes” hombres y mujeres que la gobiernan y la han gobernado.
Antes de que se desatara la tragedia por causa de la desidia de ambos, los dos eran noticia todo el tiempo, pero por otras cosas. Siempre en las primeras planas.
Él, por haberse convertido en una alfombra dorada donde el poder central, primero Néstor y ahora Cristina, limpia sus zapatos cada vez que necesita anunciar algo en algún lugar con pobres de verdad. Ahí está Jorge Milton siempre dispuesto a prestar sus pobres para los anuncios oficiales.
Y ella, Sandra Mendoza, por sus continuos ataques de locura cuando alguien osa en su provincia decirle que no.
Ambos en la cumbre del poder. Intocables. A salvo de todo. Repletos de todo en medio de una provincia repleta de pobres que no tienen nada.
Y entonces usted, que como yo cuando vemos a nuestros políticos encumbrados, encerrados en sus torres de marfil enfermos de vanidad y de desidia, bajamos los brazos, nos encogemos de hombros y suspiramos con resignación… se pregunta: ¿Y a éstos, cómo los sacamos de ahí?... ah sí, la democracia.
Un mosquito. Quién lo diría… ¿no? Pero las cosas son así, y muchas veces, una pequeña cosa hace más que un cataclismo. O para decirlo mejor, muchas veces, una pequeña cosa… produce al fin el cataclismo. “El aleteo de una mariposa…”
Ironías del destino… a los dos encumbrados políticos oficialistas del Chaco, a la hormiguita felona del Ari, y al matrimonio imperial que se desespera ante las malas noticias, los bajó de la torre de marfil algo tan insignificante como un mosquito.
¿Un mosquito?... sí, ¡un mosquito!
Tan poca cosa bastó para hacerlos bajar a la tierra. Para que sus secuaces tuvieran que salirse por la puerta de atrás y escaparle a la turba que les perdió el miedo.
El miedo a la muerte tiene esas cosas. Es superador de otros miedos que creemos supremos. ¿Hace falta sentirse al borde de la muerte para que reaccione un pueblo? En Argentina parece que sí.
Tan solo un mosquito bastó para que el gobernador del Chaco perdiera la sonrisa, y para que la Ministra provincial de Salud, su esposa, esa misma que hace unos días emprendió contra paredes y vehículos con su poderosa camioneta 4x4 por una crisis de vanidad…perdiera sus aires de suficiencia y tuviera que bajarse del pedestal y admitir que se equivocó. Y decir que no estuvo a la altura de las circunstancias.
¡Pucha!, lo que no podemos entre todos como República, lo pudo un mosquito. Un mosquito pude hacer patinar la campaña electoral del matrimonio imperial del país más “serio del mundo”. Un mosquito, un mísero mosquito grita más verdades que diez multimedios panqueques. Un mosquito en Argentina, revela más cosas que un lustro de supuestas políticas revolucionarias de redistribución…
La enfermedad de la pobreza. De pronto el dengue. Y mientras escuchábamos discursos inmaculados bajo las extensiones caoba de la reina, en la Argentina profunda se destapó la miseria.
Miles y miles de infectados. Varios muertos. Apareció de pronto, lo que Ramón Carrillo había hecho desaparecer en el siglo pasado, cuando el peronismo no era sólo de atril.
Un amigo mío repetía siempre: “El día que dejemos ser cobardes… estos tipos dejarán de hacerse los valientes”.

Un mosquito… un insecto insignificante nos acaba de dar una lección en el Chaco. Y mientras los funcionarios se esmeran en disfrazar con tecnicismos la tragedia de la miseria… a la Argentina profunda la van enterrando con horrores.

De cara al bicentenario...

Carta enviada por el Director del Colegio Champagnat a los padres de alumnos

SOÑANDO UNA NUEVA ARGENTINA


La violencia, como el humo, invade los más recónditos estamentos de nuestra sociedad. Ya no es el robo a mano armada o el vergonzoso y artero secuestro; es la violencia en los escenarios deportivos, en los medios de comunicación social, en el transporte, en las aulas, etc.
La paz y la guerra anidan en lo hondo de la naturaleza humana. Desde el bíblico litigio de Caín y de Abel, a hoy, cada persona puede ser un volcán de violencia o un mar de dulzura. La violencia y la paz, el odio y el perdón forman parte del misterio del hombre. Hay que educar para la paz, hay que promoverla incesantemente. La paz, caricia de Dios, es tarea de hoy y de siempre. La paz es tarea de todos, pero deber ineludible de las autoridades. A mayor investidura, mayor cordura.
JUEGO PELIGROSO
Las autoridades nacionales, en los últimos tiempos, han atizado hogueras de violencia y ejercitado rencores y enfrentamientos. Un gobierno democrático y sólido no necesita avivar odios para acrecentar la gobernabilidad. Es un juego peligroso, imprevisible en sus consecuencias, ya que a la larga o a la corta, daña a quien lo instrumentó.
Hacemos memoria de algunos hechos:
* La irrupción en la Plaza de Mayo de piquetes vandálicos que desalojaron a pacíficos manifestantes con lluvia de trompadas y de gritos discriminatorios verbalizando un profundo resentimiento.
* El discurso oficial mesiánico, teñido de un histérico populismo que enfrenta el agro con la industria; el campo con la ciudad; el centro con la periferia
¿Por qué balcanizar la ciudadanía argentina?
¿No vivimos todos en la misma Patria?

Esta división, además de ser injusta y arbitraria constituye un juego peligroso que atenta contra la armonía y sana convivencia pluralista que siempre nos caracterizó. Podemos ser mosaicos de diferentes colores, pero formando la única figura, la Nación Argentina.
Es inaceptable el frecuente crispamiento que acusa de subversivo al democrático por disentir, y confunde adversario con enemigo. Intolerable y violenta la presencia de cierto sindicalismo muy K, tan jurásico como K, que ataca con inusitada violencia, aísla fábricas, supermercados, amedrentando al simple ciudadano y sembrando caos a los cuatro vientos. La patológica y persistente regresión a la década del setenta demonizando arbitrariamente a unos y angelizando hipócritamente a otros, en fino ejercicio de fragmentación de la unidad social.
La persistente sospecha y el miedo a los "generales mediáticos" y el profundo desprecio por los generales de carne y hueso, que al fin y al cabo, son soldados de la Patria.
El estilo de relación de las autoridades nacionales con empresarios, productores, exportadores, intelectuales no setentistas, e incluso con diplomáticos extranjeros; los aprietes, los hostigamientos, las amenazas y chicanas; las esperas injustificadas, son reflejo de absolutismo y muestra de debilidad.
Hay una política de relación muy estudiada, leída en los manuales de las revoluciones fracasadas. Yo lo experimenté en Angola en 1986 en pleno poder marxista. Hay que ir al choque, quebrar los nervios, tratar con dureza y cretinismo, como si el otro fuera una bestia a dominar o un enemigo a demoler. Existe una muy estudiada y publicitada voluntad de compartir las riquezas; la equidad debe llegar a todos los argentinos. Es cierto, todos debemos ser canales de distribución, también el estado y sus autoridades, pero los percibimos como aspiradora insaciable que abulta bolsillos del poder y de los amigos. Si no hay coherencia, verdad y respeto, la paz será una utopía y la violencia el puñetazo que acompaña nuestra diaria convivencia, el pan amargo de nuestras relaciones sociales, políticas y hasta familiares.

HACIA UN FUTURO VENTUROSO
Estamos casi en vísperas del bicentenario 1810. Tiempo propicio para hacer un proyecto de país; oportunidad para sentarse en grupo amplio y pluralista de intelectuales, políticos, productores, sindicalistas, artistas, exportadores, etc. y de trazar líneas de acción de la Argentina del futuro.
Esbozar un proyecto de Estado a corto, una presidencia, mediano, tres presidencias y largo plazo seis presidencias. Un proyecto claro, incisivo abarcativo, que obligue a quien ejerza el poder a seguirlo y cumplirlo, más allá de las ideas políticas que le hicieron triunfar. Un proyecto que nos interpele: ¿qué queremos?; ¿cuáles son los ejes del futuro progreso?; ¿cuáles las debilidades que nos tienen postrados?; ¿con qué recursos contamos?; ¿qué principios éticos y filosóficos serán la base de nuestro ser nacional?; ¿con quién nos aliaremos?; ¿cómo perfilaremos la educación de calidad, creadora de la mejor industria, la de la inteligencia? ; ¿cómo asumir la globalidad, la mundialización?; ¿qué lugar ocuparán las FF.AA. y las industrias a ellas vinculadas?; etc.
Un proyecto de Nación que impulse a la Argentina hacia un porvenir venturoso, equitativo, profundamente democrático; un proyecto que cierre el camino a la diaria involución que nos empobrece y nos fragmenta.
No hace falta filosofar mucho para ver cuál es el camino correcto. Miremos a nuestros vecinos que tuvieron tragedias como la nuestra o peores. Se animaron a cerrar las puertas al odio y a la venganza y abrir caminos hacia el futuro desde la unidad, el perdón y la justicia para todos. Hoy los vemos firmes, avanzando por los senderos del progreso y del bienestar, que producen el trabajo de calidad y la investigación; y las exportaciones que acreditan a un país como productor y le permite pasar de ser deudor a acreedor.

Admiramos la estabilidad de estas naciones. Envidiamos que gobernantes de importantes estados los visiten y los inviten a consensuar proyectos de política internacional y de desarrollo. Es hora de despertar del letargo. Argentina, con lo que es, con su inmenso potencial y con su ubicación en el planisferio, no puede quedar a espaldas del mundo libre y progresista. Buenos Aires seduce a muchos turistas y a pocos gobernantes, excepto a cuatro caudillos trasnochados, anclados en el tiempo.
En estos días políticos de importantes naciones visitan países limítrofes, pero no bajan en Ezeiza y no es por el humo.
El mundo sigue progresando y nosotros petrificados en el pasado. Hay que hacer memoria del pasado; éste nos será beneficioso en la medida que por igual rechacemos la violencia sembrada por la guerrilla subversiva y por los gobiernos de facto. Miremos el futuro, interpelemos el por qué de nuestros fracasos y depongamos nuestros egoísmos. Hagámoslo por los hijos, por los jóvenes.
Argentina es tan rica que no puede fracasar. Fracasaremos los argentinos. En un mundo globalizado, con crecimiento sostenido de la población, con acrecientamiento del poder adquisitivo, Argentina debe aspirar a reinar y no a vegetar. En momentos en que las tierras cultivables, la producción de alimentos, el agua dulce se convierten en bienes preciosísimos y escasos, debemos tomar la iniciativa y salir a conquistar el mundo. Los próceres que gestaron el 25 de mayo y el 9 de julio soñaron una Patria Grande, pletórica de proyectos y encardinada en el corazón de la humanidad.
Las mezquindades que hoy nos aíslan y empobrecen no condicen con el Grito de Libertad, ni con la Epopeya Emancipadora de la Naciente Patria.
Argentina, como el cóndor de nuestras montañas, anímate a mirar el mundo desde arriba y a volar decidida por los caminos de la esperanza
Hermano Eugenio Magdaleno
Director General del Colegio Champagnat
Carta enviada a los padres de los alumnos