sábado, 14 de noviembre de 2009

Peras con Manzanas...


Yo era chico. Con mi guardapolvo blanco blanquísimo, llegaba cada mañana ansioso.
Las mañanas de entonces en mi pueblo olían a leña haciéndose brasa en los hornos de las panaderías. Los inviernos de mi pueblo olían siempre a chimeneas encendidas.
Chico de ojos asombrados. Un chico de otra Argentina. De una Argentina de hace 30 años. En esa Argentina, un chico solía tener problemas y asombros de chicos. Hoy es distinto. Dramáticamente distinto.
Y a pesar de los años, nunca se me olvida la frase de mi maestra de matemáticas.
Ella, con esa paciencia infinita de la vocación por lo imposible, se esmeraba en querer hacernos familiar esa cosa tan odiosa de entreverar números.
De muchas cosas de entonces me he olvidado. Hasta del nombre de varios de mis compañeros… pero nunca olvidé la frase de mí maestra de matemáticas cuando nosotros insistíamos en sumar cosas imposibles.
“No se pueden sumar peras con manzanas”.
Con el tiempo me di cuenta que las peras con las manzanas no se pueden sumar ni en matemáticas, ni en la vida. Desde entonces ando con la frutametáfora a cuestas.
Digo, me gusta cuando las minorías se unen y reclaman por sus derechos. Pero me pongo en guardia cuando las minorías se unen para, escudándose en los derechos, pelear una batalla ideológica.
Que es lo que sucede desde hace varios años con el lobby gay en Argentina.
Tras su lucha por los derechos, que obviamente les corresponde, ellos han elegido dar la batalla ideológica. Intentan por todos los medios, que todos nos aboquemos a la inútil tarea de sumar peras con manzanas.
Y esa batalla ideológica se ve muy clara en el tema de los casamientos. Ya en la ciudad de Buenos Aires existe la unión civil, que soluciona legalmente los reclamos sobre los derechos de las parejas del mismo sexo. Pero claro, esa no es la lucha de los orgullosos militantes homosexuales. La verdadera lucha ideológica de este minúsculo sector de la sociedad, es la de traspasar las instituciones para vaciarlas de contenido.
No nos confundamos, la de estos personajes no es la lucha por los derechos. Y conste que aquí no confundo el grupo minúsculo de militantes gay, con la gran comunidad homosexual que tiene la Argentina.
Observando cada año la grotesca marcha del orgullo gay que organizan los militantes del lobby homosexual, su lucha parece más bien una lucha por la legalización del reviente. ¿Hace falta pasear la promiscuidad en un acoplado por la Avenida de Mayo?
La palabra matrimonio como denominación de la institución social y jurídica, deriva de la práctica, y del Derecho Romano. El origen etimológico del término es la expresión "matri-monium", es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo contrae, para poder ser madre dentro de la legalidad. La concepción romana tiene su fundamento en la idea de que la posibilidad que la naturaleza da a la mujer de ser madre, quedaba subordinada a la exigencia de un marido al que ella quedaría sujeta al salir de la tutela de su padre y de que sus hijos tendrían así un padre legítimo al que estarían sometidos hasta su plena capacidad legal: es la figura del pater familias.
Así las cosas, el tema es simple. Los homosexuales tienen el derecho de escoger la vida que desean llevar dentro de los límites de la legalidad; pueden unirse como se les de la gana, y a esa unión pueden llamarla como mejor les plazca. Pero nunca pueden llamarla Matrimonio. Y no porque yo sea malo, duro de entender, cerrado, facho o todos esos prejuicios con que carga la comunidad homosexual combativa, sino por la sencilla razón de que ¡¡No lo es!! .
Ya lo decía mi maestra de matemáticas: No se pueden comparar peras, con manzanas.
El matrimonio es una unión legítima entre un varón y una mujer en un Registro Público.
No obstante eso, la jueza Gabriela Seijas, a cargo del Juzgado de Instrucción Nº 15 en lo Contencioso Administrativo de la Ciudad de Buenos Aires, acaba de declarar la inconstitucionalidad de los artículos 172 y 188 del Código Civil.
A ver si se entiende. Para la jueza, es inconstitucional que el Código Civil diga que Matrimonio es la unión entre un varón y una mujer. Para ella, es inconstitucional decir: “los declaro marido y mujer”. Con este fallo, la jueza declara inconstitucional al Derecho Romano, y hasta pareciera que pretende derogar el diccionario!
No nos engañemos. Este fuerte lobby homosexual no lucha por derechos, sino por imponer una ideología.
Hoy es el Matrimonio. Mañana irán por más.
La idea es minar las instituciones para vaciarlas de contenido. Imponer la cultura del reviente. Obligarnos a todos, a sumar peras… con manzanas.
Conmigo no cuenten.