sábado, 10 de octubre de 2009

Víctimas del terrorismo - Acto 5 de octubre

El acto de homenaje a las Víctimas del terrorismo de Argentina, que desde hace 4 años se realiza en la Plaza San Martín de la ciudad de Buenos Aires, tuvo como consigna, una vez más, la CONCORDIA

Eva Daniela Donda, en su discurso de Plaza San Martín


Y para demostrar la sinceridad del deseo, las Víctimas del terrorismo de Argentina, invitaron a su acto a la joven Eva Daniela Donda.
Eva es hermana de la diputada Victoria Donda. Ambas, son hijas de oficiales Montoneros desaparecidos en la guerra de los 70 en Argentina.
Eva se crió con su tío, un marino que desde hace 7 años está detenido por aquella guerra. Victoria en cambio, nacida en la Esma, se crió con un miembro de la Prefectura de apellido Azic, y su esposa Norma Abrego.
Los Azic adoptaron dos hijas de desaparecidos. Una es Victoria, la diputada. El día que la justicia allanó su casa para hacerle por la fuerza el examen de ADN a su otra hija, que se negaba, él se pegó un tiro en la boca… sobrevivió.
Comento todo esto, sobre todo para que los jóvenes entiendan mejor la Argentina de ayer nomás. La Argentina de los dolores, que el gobierno de los Kirchner ha desempolvado, para hacerse un banquete, con el que agasaja a la discordia.
Desde que Eva Daniela Donda se subió al palco de las Víctimas del terrorismo de Argentina el pasado lunes 5 de octubre, y con sus palabras se sumó al pedido de concordia nacional, tanto su hermana Victoria, como las máximas autoridades que manejan la política de derechos humanos en Argentina, y que tienen grandes intereses en esto de la discordia, salieron al cruce descalificando… no solo el pedido de pacificación, sino la presencia de Eva Daniela Donda en el acto.
“Mi nombre es Eva Daniela Donda. Y soy víctima de la dictadura. Víctima del odio de los hombres. Víctima de una guerra. Perdí a mis padres y una de mis hermanas en 1.977. Mis padres son desaparecidos, y viví 32 años sin mi hermana. Pero también me crié en una familia que me dio amor y comprensión. Y ahora me encuentro en el doloroso momento de enfrentar un juicio de quien me crió como un padre y quien es un abuelo con mis hijos. Hace 7 años que mi tío está preso. También soy Víctima de esa situación… creo que llegó el momento de dejar de lado rencores, odios e intereses, y ponernos a trabajar todos juntos por este país. Los de derecha con los de izquierda, los del norte con los del sur. Los del este con los del oeste…. Vine hoy a pedir por concordia. A decir basta, a extender mi mano a los que piensen diferente, y dejarla extendida hasta que alguien la tome… sueño con una marcha como ésta, algún día, pero con todos aquellos que perdimos un ser querido….”
¡¡¡El perdón a pesar de los pesares!!!.
Estela Carlotto salió rápidamente a descalificar el pedido de concordia de Eva.
Les transcribo lo que dijo la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, quien cada año se hace postular para el Premio Nobel de la Paz, sobre el padre y el tío de Eva Donda: “… son esas cosas que la psicología tiene que investigar. Que siendo criados con los mismos padres, las mismas costumbres, haber jugado juntos cuando eran chicos, los dos hermanos terminen siendo tan distintos. Uno revolucionario, y el otro represor. Algo pasa en estos asesinos, genocidas, torturadores, que uno cree que son humanos y no lo son, aunque han nacido en una familia humana. No sé que explicación habrá…”
Da pena, mucha pena, escuchar que una dirigente argentina se exprese con tanto odio. Que alguien que tiene tan enorme responsabilidad dirigencial, pueda nadar con tanto gusto, en las aguas agrias del rencor.
Eva Daniela Donda, al igual que su hermana Victoria, son Víctimas. Y son Víctimas de una Argentina violentada precisamente por una generación que en lugar de hacerse cargo, mira hacia otro lado, o lo que es peor, intenta sacar rédito, como la señora de Carlotto. Por eso mismo, ninguna de las dos se merecen tan repugnante discurso.
Hace cuatro años, en la misma Plaza, otra Víctima, iniciando el reclamo, llamó a la reconciliación y a la concordia. Fue el 5 de octubre de 2006. Quien habló entonces fue el Dr. José María Sacheri. José María es hijo del Profesor de filosofía Carlos Alberto Sacheri, a quien los terroristas del Erp 22 de agosto acribillaron a la salida de misa. Fue en 1975. Imaginemos la situación. Imaginemos esa Argentina.
Adentro del auto van los seis hijos del profesor Sacheri, y tres amiguitos de ellos. Un Peugeot 504 celeste se detiene a su lado, y el conductor, un hombre de unos 50 años, le vacía el cargador en la cabeza. Así me lo contó José María Sacheri llorando a mares: "Escucho explosiones. Veo a papá con la cabeza inclinada, sangrando, y todos adentro del auto bañados en sangre. Miré hacia la derecha y vi la cara del tipo que había disparado. Hasta hoy, cierro los ojos y la tengo perfectamente grabada en mi mente… faltaban unos días para navidad, y los terroristas se mofaron de haber esperado que papá tomara la comunión para asesinarlo en nombre la “causa popular”.
Así de violenta era aquella Argentina en la que hoy se regodean los que viven de lucrar con el resentimiento. Así de inútil era aquella Argentina, con la que hoy lucran miles y miles de Organizaciones de Derechos Humanos. Así de absurda era aquella Argentina que llora lágrimas de sangre hasta nuestros días.
Curiosamente, al hijo de Carlos Sacheri lo conocí en las mismas circunstancias en que este lunes conocí a Eva Daniela Donda: En una plaza atestada de Víctimas doloridas, pero que no obstante se reúnen cada año para reclamar reconciliación.
En aquella plaza de 2006, José María Sacheri dijo: "levantar las bases del progreso en paz, sin violencias, sin rencores ni odios ni revanchas. Todos somos víctimas. Las víctimas fuimos ajenas al horror de lo que hicieron los gobiernos de jure o de facto. No somos culpables de nada y a la vez soportamos el dolor de esta guerra. No venimos a pedir revancha, sino a pedir concordia y exclusión de la violencia… el gobierno que afirme la concordia será un gobierno civilizador. Las Víctimas del terrorismo de Argentina, ofrecemos nuestra mano abierta, se la ofrecemos incluso, a aquellos que asesinaron a nuestros padres.”
Eva Daniela Donda, Victoria Donda, José María Sacheri… son víctimas de una Argentina que cada vez tiene menos espacio para el dolor. Ellos lo saben mejor que nadie, porque ellos han sufrido como nadie.
Por eso Eva Daniela Donda dice que está cansada de las diferencias inútiles y deja su mano tendida para la reconciliación. Por eso José María Sacheri, también ofrece su mano abierta y perdona incluso a quienes aquella navidad acribillaron a su padre delante de toda la familia… y por eso Victoria Donda llega cada día al Hospital Naval. Allí está internada la “mamá” que la crió. Norma Abrego de Azic está en la fase terminal de una enfermedad cruel. Y en derredor a su lecho, Victoria se abraza con el hombre que la crió, y que hoy está detenido. Yo paso rápido junto a ella por el largo pasillo del hospital. Apenas puedo espiarle los ojos… intuyo que, a pesar de sus palabras encendidas para el público, ella quiere a sus padres de crianza con todo el corazón. Me quedo más tranquilo, pues ahora que la he visto, sé que ella también ha perdonado. Lástima que todavía no puede desprenderse de los que lucran con sus dolores.
Horacio R. Palma

Perfil. com

VIOLENCIA POLITICA
Basta de odios
El 28 de junio la mayoría del pueblo argentino, con su voto, le dijo basta a un proyecto político que ha llevado a nuestra Nación a una situación de crisis tal que hace necesario avanzar con urgencia en pos de la concordia nacional.

Por Silvia Ibarzábal 09.10.2009 22:59
Perfil.com
El 28 de junio la mayoría del pueblo argentino, con su voto, le dijo basta a un proyecto político que ha llevado a nuestra Nación a una situación de crisis tal que hace necesario avanzar con urgencia en pos de la concordia nacional.
Los cultores del odio como herramienta política han sido derrotados por decisión del pueblo. Las víctimas del terrorismo no les hablamos a ellos: no saben escuchar. Es necesario que la clase dirigente que los suceda tome nota de que buena parte del hartazgo de la sociedad hacia los Kirchner se funda en su exaltación constante de la confrontación. Para contrarrestar tanta división incitada y para que volvamos a tener una esperanza de paz y trabajo, es necesario llamar desde hoy a la concordia entre los argentinos.
La historia debe ocupar el lugar que hoy le han dado a la “memoria”. En la Argentina de los 70, enfervorizados por el avance del marxismo a nivel mundial, y antes del desplome de los “socialismos reales”, varias organizaciones “político-militares”, integradas por argentinos y con el manifiesto apoyo y financiamiento de la Cuba de Fidel Castro, pretendieron llevarnos a sangre y fuego, y terror, hacia la “dictadura del proletariado”. No fuimos la excepción en el continente, ni aun en el mundo. A ellos nada les importó que los gobiernos que enfrentaban fueran constitucionales o de facto. Eran gobiernos “burgueses” a reemplazar por las elites “esclarecidas” que ellos decían ser.
El único argentino que fue electo tres veces presidente de la Nación y el único que obtuvo, en la última de esas elecciones que ganó, un porcentaje abrumador de votos (el 62% de los sufragios) fue el general Juan Perón, fundador del movimiento al que los Kirchner dicen pertenecer. Creemos necesario que los argentinos jóvenes conozcan (y los de mayor edad recuerden) cuál era el pensamiento de Perón sobre las dos más significativas de estas organizaciones que lo desafiaron, y junto a él al pueblo, con las armas: el Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros.
Respecto de los primeros, en enero de 1974, en oportunidad del intento de copamiento de la guarnición militar de Azul, en donde entre otros crímenes secuestraron a mi padre, el teniente coronel Jorge Ibarzábal (quien permanecería secuestrado durante 300 días y finalmente sería asesinado), Perón afirmó: “Teniendo en nuestras manos las grandes banderas o causas que hasta el 25 de mayo de 1973 pudieron esgrimir, la decisión soberana de las grandes mayorías nacionales de protagonizar una revolución en paz y el repudio unánime de la ciudadanía hará que el reducido número de psicópatas que van quedando sean exterminados, uno a uno, para el bien de la República” (carta a los integrantes de la guarnición militar Azul, enero de 1974).
A los montoneros, que se decían y se dicen peronistas, cuando los echó de la Plaza de Mayo y del movimiento que lideraba, el 1° de mayo del mismo año, los calificó para siempre como “infiltrados, traidores y mercenarios”, al anunciar desde el balcón de la Casa Rosada que “vendrán para el pueblo argentino días de liberación… no solamente del colonialismo que viene azotando a la República hace tantos años, sino también de estos infiltrados que trabajan adentro, y que traidoramente son más peligrosos que los que trabajan desde afuera, sin contar que la mayoría de ellos son mercenarios al servicio del dinero extranjero”.
Las víctimas de los “psicópatas” y de los “mercenarios” no estamos alimentados por el odio. Creemos que la violencia política de los 70 es un hecho trágico del pasado que no debe seguir deteniendo el presente y el futuro de los argentinos. Hacemos un llamado a pensar un futuro que no repita los enfrentamientos entre compatriotas. Llamamos a los dirigentes del post kirchnerismo a terminar con los odios y a construir la concordia desde hoy. Pero si ello no se concreta, seremos los primeros, con la fuerza de nuestro dolor, en reclamar que la verdad completa conduzca a la justicia para todos.

*Presidenta Asociación de Familiares y Amigos de las Víctimas del Terrorismo en Argentina (Afavita)