miércoles, 16 de septiembre de 2009

Néstor y Cristina... diferencias sutiles

“Ahora vamos por el cambio”.

Una pequeña historia, para comprender mejor los matices entre Néstor y Cristina. Que parecen iguales…pero no lo son.


El demonio, se sabe, tiene ojo clínico para con aquellos que le son afines. El tipo huele en seguida a los seres malignos.

Su sexto sentido, más las muchas noticias sobre tantas alabanzas a su reino, el infierno, de aquél famoso matrimonio argentino, hicieron que el diablo decidiera visitarlos. Casi no lo atienden, pues no había pedido entrevista.

Y cuenta la historia que entonces el diablo subió a la Tierra y se apersonó en su extremo sur. Y le propuso a Néstor: 'Te daré fortuna; te daré poder. Serás el hombre más rico y poderoso de la Argentina'.

Y preguntó Néstor: 'Y ¿qué tendré yo que darte a cambio?'.

Respondió el demonio: 'Tu alma".

Y dijo Néstor: "¿Nada más?'

Del mismo modo después de pactar con Néstor, el diablo se dirigió hacia Cristina, esposa de Néstor y le dijo: 'A ti te daré belleza, y te daré ropa y accesorios lujosos. Serás la mujer más fastuosa de Argentina, la mejor vestida y adornada. Y todas las mujeres pobres sentirán envidia al verte'.

Preguntó entonces Cristina al demonio: 'Y ¿qué tendré yo que darte a cambio?'. Respondió el demonio: 'Tu alma'.

Y dijo Cristina: "¿Alma, qué es eso?"


El Inadi y la Armada prohìben gritar LARRABURE PRESENTE!!

Cartas de lectores

Publicado en edición impresa

Discriminación

Señor Director:

"He recibido la resolución del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi), firmada por su vicepresidente, Mouratian, sobre una denuncia por discriminación efectuada contra el almirante Olmedo, en razón de haber éste sancionado a mi esposo «por no controlar a su esposa» en el acto de graduación de nuestro hijo, por haber gritado el apellido de una víctima del terrorismo (Larrabure) durante el discurso de la Presidenta. El Inadi avaló la postura de la directora de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa, Ileana Arduino, quien consideró que no hay discriminación, puesto que, como falsamente afirmaba el denunciado almirante, «La sanción impuesta por la Armada Argentina halló sus razones en el deber que posee el personal militar, en función de su estado, de velar por la conducta de quienes lo acompañen a un evento militar». Agrega que el hostigamiento laboral posterior ejercido sobre mi esposo no tiene «relación con estas circunstancias» y basa esta afirmación en la explicación ad hoc que también ofrecía el propio almirante Olmedo.

"En cuanto a la discriminación ideológica, adhiere a la teoría de que se trata de una mera «conjetura». Al avalar estas distorsionadas proposiciones se está discriminando a los militares, sus familias, sus amistades y sus ocasionales acompañantes. Procede entonces un cambio jurídico: que aquellos ciudadanos y militares que el poder y sus laderos de turno decidan, queden fuera del sistema de garantías constitucionales y puedan legalmente ser víctimas de actos de discriminación e imposiciones arbitrarias."

Mónica C. Liberatori de Toulemonde

DNI 14.951.432

LOS PRIMEROS DESAPARECIDOS DE ARGENTINA

ESE ROJO EN CIERTAS BANDERAS

“En el anexo de este informe se incluyen listas de personas desaparecidas…es, inevitablemente, una lista abierta…Hasta último momento se efectuó el control de las mismas por sistema computarizado. Sin perjuicio de ello, pueden existir errores; tal el caso de alguna persona – descartamos que se trate de un número significativo – que hubiera omitido oportunamente comunicar a los respectivos organismos el cese de su desaparición…”
(Nunca Más- Capítulo II – Víctimas – Advertencia)


El Che Guevara, supuesto médico, ahora galán de motocicleta e ícono de la mercadotecnia capitalista, estaba cegado por la idea de tener su propia revolución victoriosa. Eligió el norte de Argentina, y comandó las primeras incursiones desde Bolivia. Utilizó al capitán del ejército cubano, Hermes Peña Torres quien, a pesar de sus 29 años, tenía una gran experiencia militar. Y el gatillo fácil tenía el cubano éste.
A Hermes Peña lo secundaba Jorge Ricardo Masetti, un periodista argentino que se embobó con las barbas de Fidel en una entrevista, y fundador luego en Cuba (con Rodolfo Walsh y Gabriel García Márquez) de la agencia de noticias Prensa Latina.
Pero a Masetti, como al Ché, todas las revoluciones les quedaron grandes.
Durante poco más de medio año, el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) sobrevivió a las extremas dificultades, y a la rudeza del monte salteño. Fue un grupo heterogéneo de guerrilleros reclutados en distintos puntos del país, rápidamente infiltrado por la gendarmería y la policía, y que tuvo el triste honor de ser conejillo de indias de los primeros militares cubanos que, con el Ché a la cabeza, intentaron crear un foco de guerrilla rural en Argentina. Nunca llegaron a realizar operativos de consideración, pero fueron los encargados de cargarse los dos primeros muertos, de los miles que dejó la subversión en nuestro país. El primer muerto que cargaron, fue el del heroico Cabo (post mortem) de la Gendarmería Nacional, Juan Adolfo Romero. Hoy, la escuela de suboficiales de la Gendarmería lleva su nombre, por ahora, pues con Nilda Garré y su séquito de ex terroristas, nunca se sabe. El segundo muerto, y primer civil de los muchos que mató la guerrilla en Argentina, murió a manos del cubano Hermes Peña Torres. Fue el capataz y hachero Juan Bailón Vázquez, que murió a mano de ese asqueroso oficial cubano, quien le dio un tiro en la nuca para utilizarlo de escudo. Seguramente, Juan Bailón Vázquez nunca alcanzó a entender, porqué el destino se ensañó con su vida aquella tarde en el monte salteño.
Otro de los integrantes de aquél grupo del EGP, fue Héctor Jouvé. Y es Héctor Jouvé quien cuenta que, a principios de los sesenta, la revolución cubana fue como aire fresco para los furores juveniles de quienes querían cambiar el mundo a cualquier precio. Dice Jouvé: “…Cuba, Argelia, Indochina, Mozambique, Angola…miraba el mapa y me decía pucha, voy a pintar de rojo los países que ya están. Y claro, la mancha roja se había extendido mucho…y bueno, eso nos llevó a algunos a comenzar a pensar en otra cosa”.
Jouvé y otros cordobeses partieron en tren al norte, llegaron a Orán, ahí esperaron hasta el día siguiente para conseguir un colectivo que cruzaba la frontera por un lugar que se llama Aguas Blancas. Durmieron esa noche en Bermejo y al otro día siguieron viaje en camión. Había otros tres chicos que iban ya con sus atuendos de guerrilleros: pantalón con bolsillos grandes tipo ranger y borceguíes. Llegaron a Tarija, esperaron 3 o 4 días, hasta que una tarde apareció Hermes Peña, jefe de escoltas del Che Guevara en Cuba, y Federico Méndez, un chaqueño…allí comenzó la pesadilla de la violencia.
Y entre ellos estaba “pupi”. Pupi era Adolfo Rotblat, un joven de 19 años que estuvo en el grupo desde los primeros momentos, pero al que el monte comenzó a desmoronarle la salud y el ánimo. Según consta en el diario personal de Hermes Peña: “El 5 de noviembre de 1.963, pupi fue fusilado por mandarse la parte durante las marchas, sufrir crisis de nervios y angustias, pasando de la euforia al llanto cosa que dificulta las operaciones…” Según cuenta Jouvé, a pupi lo enjuiciaron en un juicio sumario: “Cuando llegamos, Masetti, que era el jefe, nos comunica que lo iban a fusilar. Yo le pregunto ¿por qué?, y me dice cosas como que el pupi no andaba, que en cualquier momento nos iba a traicionar, que andaba haciendo ruido con la olla, que andaba desquiciado. Yo pienso que estaba muy mal, que se había quebrado, pero no vi que representara un peligro. Entonces Masetti me dice bueno, entonces vas a ser vos el que le de un tiro en la frente. Yo les digo que no le voy a dar un tiro en la frente a nadie, y mi hermano me dice que me calle la boca. Y la cosa quedó ahí, y al rato se hizo la ejecución, yo no estaba, porque salí con el grupo nuevo, que no sabía de esto, y los llevé a caminar por la sierra. Cuando llegué, las cosas ya habían pasado, todo seguía. Creo que algunas caras habían cambiado…”.
Todo el armamento y el apoyo financiero de aquella demencial empresa, estaba financiado por Cuba y movilizado por el mismísimo Che, que mandó a la Argentina a la misma gente con la que quería estar luego en Bolivia, lo mandó a Hermes Peña, a Castellanos, que era su chofer, y a Papi Martínez Tamayo.
Otra víctima del demencial ideario de la revolución popular que decía encarnar el Ché, fue un empleado bancario del Banco Israelita. Sus compañeros del Ejército Guerrillero del Pueblo, cuentan que no entendían cómo podía ese hombre soportar el monte. Su nombre era Bernardo Groswald, pero todos le decían “nardo”. Y como era de esperar, también nardo tuvo su juicio sumario. Y también nardo fue ejecutado en plena selva salteña. Ocurrió el 19 de febrero de 1.964. A nardo se lo acusó por insubordinación, pérdida de la moral revolucionaria y descuido de las armas y del material de guerra. Hermes Peña presidió el tribunal que durante tres horas simuló un juicio. El tribunal parecía indeciso, pero fue Masetti quien inclinó la decisión de condenarlo a muerte. Groswald, de solo 19 años, al escuchar la sentencia pidió ser fusilado con su ropa de guerrillero: su boina negra, sus botines bulldog, y los anteojos opacos de vidrios verdes. Se secó el sudor de la frente con un pañuelo que estrenaba, y les dijo a sus compañeros que moriría dignamente. Tres guerrilleros lo fusilaron, y el capitán cubano Hermes Peña, le dio el tiro de gracia. Cuenta Jouvé: “…Estuvimos todos cuando se lo fusiló. Realmente me pareció una cosa increíble. Yo creo que fue un crimen, porque estaba destruido, era como un paciente psiquiátrico. Creo que de algún modo somos todos responsables, porque todos estábamos en eso, en hacer la revolución…”.
A los pocos días comenzó el desbande del EGP, y en la huída cayó un guerrillero por un barranco. Jouvé lo cuenta así: “…vuelvo, y lo encuentro a Antonio moribundo, y él me dijo…bueno, de todas maneras, de acá o salimos ganando o salimos con los pies para adelante, así que no te hagás problema, de todas manera vamos a ganar. Le faltaban vértebras…Antonio agonizó durante cuatro horas y yo, como ya no tenía morfina, le metí una caja de supositorios Dolex. Estuvo cuatro horas con crisis convulsivas, y estuvimos hablando hasta que murió”. Otra tumba, hería las tierras del monte.
Cada uno de los que se pasean orgullosos con remeras del ícono guerrillero de boina al bies, deberían inscribir a su lado los nombres de estos miembros del EGP, a quienes la locura del Ché y el monte salteño, se tragaron a mediados de los 60: Adolfo Rotblat y Bernardo Groswald, fusilados por Hermes Peña. César Carneval, Marcos Szlachter y Diego Magliano, muertos de hambre, y Antonio Paúl, muerto al caer de un barranco tras agonizar cuatro horas. Todos fueron enterrados en el monte, junto a Peña y Guille. Estos guerrilleros, son los primeros desaparecidos de Argentina…y al conocer sus historias, uno entiende un poco mejor, el porqué de tanto rojo en ciertas banderas…
Horacio Ricardo Palma