miércoles, 5 de agosto de 2009

Nota ante los tribunales especiales de Argentina...

A LA CAMARA

EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL FEDERAL

CON PEDIDO DE QUE SEA AGREGADA A LA CAUSA:

"Al asumir V.E. la tramitación de este proceso expresé públicamente que la Cámara Federal carecía de jurisdicción y competencia para juzgarme; que al constituirse en comisión especial había vulnerado la garantía del juez natural; que el Presidente de la Nación había ejercido atribuciones prohibidas por el art. 95 de la Constitución Nacional al condenarme antes de iniciarse esta causa mediante el Decreto 158/83; que se pretendía aplicar retroactivamente normas penales sancionadas por el actual Congreso; que todos los integrantes de ese Tribunal fueron designados con posterioridad al decreto 158/83; y que, en definitiva, el móvil político de quienes implementaron el deplorable espectáculo desarrollado ante los estrados de V.E. era castigarme por haber desempeñado el Comando en Jefe de un Ejército que obtuvo victorias relevantes frente al enemigo de la Nación.

Todo esto se ha cumplido.

Para llegar a ese objetivo, se han cometido graves irregularidades constitucionales, penales y procesales que públicamente he denunciado en mis anteriores manifestaciones.

Pero estas transgresiones no son lo más importante. Lo grave, lo irreparable es que el gobierno nacional y los ejecutores de sus designios han sembrado la discordia entre los argentinos, posibilitando el advenimiento de horas sombrías para la República.

Se procura borrar de la conciencia pública que la defensa frente a la agresión subversiva fue legítima y que el triunfo estuvo signado por la Justicia.

Se ha pretendido transformar la dura guerra afrontada por las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales en una empresa delictiva.

Se ha intentado malversar la sangre de nuestros héroes y mártires.

Se ha dejado al país inerme frente a cualquier embestida terrorista.

Se ha hecho uso y abuso de los medios oficiales de comunicación social para inculcar sentimientos adversos a las instituciones militares, proyectar una imagen parcial de la terrible guerra vivida por la República, y sepultar en el olvido a quienes ofrendaron sus vidas en defensa de la Nación.

Se ha procurado, finalmente, esfumar la responsabilidad histórica de quienes ayer amnistiaron y liberaron a los asesinos del Teniente General Aramburu, Sallustro, Klosterman y muchos otros, disolviendo y derogando los instrumentos civilizados que existían para combatir al terrorismo, y hoy pretenden erigirse en acusadores de las Fuerzas Armadas que a partir del Operativo Independencia empeñaron todo su poder bélico para frenar la escalada subversiva.

Quienes favorecieron el auge de un terrorismo salvaje que inmoló a innumerables civiles y militares carecen de autoridad moral para arrojar la primera piedra y pretender infamar a quienes tuvimos el honor de comandar las fuerzas legales que derrotaron al enemigo de la Patria.

Como cristiano, cualquiera sea la entidad de los agravios recibidos, estoy obligado a perdonar. Temo, empero, que mi disposición personal no alcance para neutralizar el odio y el resentimiento que ha arraigado en amplios sectores de la población.

Se ha declamado el propósito de consolidar la paz interior. Pero no se ha cumplido.

Al contrario, se ha incrementado en rencor y se han alentado los sentimientos de venganza. Todo esto es grave y lamentable. Y conlleva grandes responsabilidades para quienes, no obstante no estar exentos de culpabilidad por lo ocurrido en los últimos quince años, han promovido desde distintos niveles de gobierno el enjuiciamiento de las instituciones militares y de quienes tuvimos la honra de comandarlas.

No he convalidado, de manera alguna lo actuado ante V.E.

No he designado defensor, no he ofrecido prueba, no he formulado alegatos.

Reclamo, no obstante, que la condena arbitraria que me ha impuesto el Poder Ejecutivo, y que V.E. ha homologado, no se haga extensiva a quienes fueron mis subordinados.

Reitero que lamento los horrores de una guerra provocada por extremistas que, a lo largo de un decenio ejecutaron 21.800 actos vandálicos.

Rechazo nuevamente la pretensión de igualar a las Fuerzas Armadas con las organizaciones subversivas.

Y advierto que esa equiparación injuriosa ha producido una herida profunda que tardará mucho en cicatrizar.

Declaro, finalmente, como en todas mis manifestaciones públicas, que siento el mayor respeto por el dolor de los que lloran a muertos, heridos y mutilados, caídos en defensa de la Patria, o de ideales equivocados.

A pesar de los esfuerzos desplegados en sentido contrario por las autoridades nacionales, sigo creyendo que sólo la paz y la concordia podrán servir algún día de sustento a una genuina reconciliación nacional.

Ratifico por último, que estoy dispuesto a soportar la injusta condena que en definitiva quede firme. La asumiré como un acto de servicio que, con Fe en Dios Nuestro Señor, ofreceré a mi Patria, al Ejército y a todo el pueblo argentino.

Por el mérito de lo expuesto, REQUIERO a V.E. agregue esta manifestación al expediente Nº 1330 para que la tengan presente quienes mañana escriban la historia de este obscuro y parcial enjuiciamiento".


J. R. V.


Nota: La Cámara no admitió el escrito del ex PRESIDENTE

No estaban muertos... estaban de parranda!!

GRACIELA FERNÁNDEZ... MEIJIDE, NEGÓ LOS 30.000 DESAPARECIDOS.
Así que vayan demoliendo las tres cuartas partes del muro para la memoria de la Costanera de Buenos Aires... parece que lo hicieron grande al cuete...

Laura Capriata
LA NACION

Graciela Fernández Meijide volvió a la exposición pública con un libro bajo el brazo, pero, sobre todo, con una fuerte polémica a sus espaldas.

Todo empezó cuando, al hablar de su libro, que presentará mañana, La historia íntima de los derechos humanos en la Argentina , puso en duda que hayan existido 30.000 desaparecidos, y pidió referirse estrictamente a los 9000 casos documentados por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que ella integró.

"¿Con qué derecho [se habla de 30.000 desaparecidos] cuando había un conteo de 9000? ¿Porque es un símbolo? Están los mitos, pero quien hace historia tiene responsabilidad política. Debe decir la verdad", había dicho Fernández Meijide a Clarín , criticando los cambios al prólogo del informe de la Conadep que hizo el gobierno de Néstor Kirchner.

Su afirmación mereció ayer una dura réplica del secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde (la acusó de intentar publicitar su libro), y provocó malestar en los organismos de derechos humanos, que también cuestionaron su propuesta de reducir las condenas a militares acusados, a cambio de obtener información sobre desaparecidos.

En diálogo con LA NACION, ayer Fernández Meijide reivindicó ese proyecto, pero intentó aplacar la polémica por la cifra de los desaparecidos. "No voy a entrar en ninguna controversia porque mi ánimo no era ése", dijo, entre sorprendida y contrariada por el rumbo que tomó la discusión. En su casa de Belgrano los teléfonos no paraban de sonar. "El número de 30.000 desaparecidos puede ser simbólico o puede ser cierto, yo no digo que no, pero por respeto a los desaparecidos hay que manejarse con la cifra documentada", pidió la ex ministra de la Alianza, que ha militado en organismos de derechos humanos a partir de la desaparición de su hijo Pablo.

Sobre su propuesta de disminución de penas, Fernández Meijide dijo que "hasta ahora los militares no han entregado un solo dato que permita avanzar". Por eso consideró que si aportan material importante para identificar desaparecidos o niños apropiados, podría considerarse la reducción de penas, "como hizo Nelson Mandela en Sudáfrica, lo que no significa impunidad", aclaró.

En su carta, Duhalde había dicho que "todos los días se avanza en los centenares de causas judiciales en trámite" contra represores, contradiciendo a la fundadora del Frepaso.

En tres carillas, también enumeró las causas que a su criterio impidieron documentar la totalidad de las desapariciones, como el breve funcionamiento de la Conadep, las leyes del perdón que la sucedieron, los gobiernos autoritarios que se mantuvieron en varias provincias y la falta de familiares que pudieron reclamar resarcimiento.

"Es triste comprobar que usted pretenda ignorar todas estas circunstancias, aunque seguramente sus afirmaciones le asegurarán un buen éxito editorial para el libro que ha escrito", concluye la carta de Duhalde.