domingo, 2 de agosto de 2009

Eramos pocos... y resucitaron los "Montos"


FIRMENICH Y PERDIA COMO COLUMNISTAS ESTRELLAS

Montoneros se reagrupan y vuelven con una revista


Ahora los (¿ex?) montoneros creen que es momento de “proyectar” sus “experiencias”, adquiridas en los grises años de plomo, “hacia la realidad del país y del mundo”. Así lo manifiestan un grupo de ex líderes de la organización guerrillera que acaba de lanzar al mercado editorial la revista Repensar.

El montonero Carlos Suárez es el editor responsable de la flamante revista que ya se encuentra en los kioscos. Entre las firmas reclutadas para el proyecto se encuentran diferentes ex integrantes de la organización que aportó al fondo sonoro de finales de los años 70 y principios de los 80. Los principales columnistas son ni más ni menos que Mario Firmenich, ex jefe de Montoneros, y Roberto Cirilo Perdía, el número dos de la agrupación armada.

“No hay una razón específica”, asegura Suárez cuando PERFIL le pregunta sobre el reencuentro de los principales cuadros de Montoneros en una revista. Entre otras explicaciones, el editor de Repensar dijo que “había un vacío en cuanto a dar respuesta a una serie de hechos. Salimos para dar nuestra visión sobre los grandes temas estratégicos”.

Repensar es la antítesis de la revista B1 (Vitamina para la Memoria de la Guerra de los 70), capitaneada por el ex mayor Pedro Rafael Mercado, marido de Cecilia Pando, una publicación mensual que reivindica la última dictadura militar que dejó miles de muertos y desaparecidos. Ambas publicaciones son el resultado de la “onda setentista” que imprimió la gestión kirchnerista.

Suárez cree que en el país y en la región “hay un reflujo del neoliberalismo con formas democráticas” y en ese contexto “hay un marco de efervescencia”, pero aclaró que desde este grupo no se pretende “crear una nueva organización o retomarla”. Aunque, con cierta ironía, dijo: “Por ahí, la historia tiene sus vueltas, y de acá a seis meses hay 100 mil tipos que reclaman que volvamos a la organización”.

“A 39 años del surgimiento de la Organización Montoneros, cuyos orígenes están enraizados con la gesta de las montoneras federales y el Movimiento Peronista, un conjunto de militantes que participan de las luchas populares desde 1970 a la actualidad, han coincidido en la oportunidad de dar a conocer la revista Repensar – Visión y proyección de la experiencia montonera”, se lee en el primer párrafo del editorial del primer número de la revista.

El Consejo Editorial coincidió en explicar que la publicación “se funda tanto en la necesidad de revalorar y defender un patrimonio histórico de combates por la liberación nacional y social de Argentina, así como también de proyectar los ideales de los 70 hacia la realidad del país y el mundo”.

También aclaran que “no existen por nuestra parte intenciones de recrear ninguna organización o tendencia, sino de expresar sin exclusiones ni sectarismos a muchos compañeros que aspiran al rescate de los valores y sacrificios de una generación heroica”.

La editorial finaliza con un tono chavista: “Allí está entonces la raíz y razón de ser de Repensar, publicación abierta desde hoy al aporte de todos los compatriotas que compartan el objetivo de una Patria Liberada en el marco de la Unidad Latinoamericana”.

Fuente: Perfil.com

Aclaración. La Revista B1, no "reivindica la última dictadura militar..." como mal informa Perfil, sino que cuenta la otra parte de la historia de los 70 que el Estado argentino ha tergiversado hasta el cansancio.
Parece que la revista B1 "que no lee nadie", según la izquierda rococó argentina, ha metido el dedo en la llaga... un aplauso para los editores, que con tanto esfuerzo la publican desde hace tanto. Horacio R. Palma

Quiero creer... pero no me dejan!!

Soy optimista por naturaleza. Tal vez sea mi contumaz optimismo, una coraza mental para sobrevivir sin antidepresivos en estos tiempos, y en estos pagos tan lindos del hemisferio sur. Pero lo que tengo de optimista lo tengo de desconfiado. Ah sí, también es la desconfianza, supongo, una coraza necesaria para sobrevivir en estos tiempos y en estos pagos.

Nuca es sonsa la desconfianza, decía mi abuelo, que pagó grandes penas por ser muy confiado.

Si bien los bandos de optimistas y pesimistas están parejos, el escepticismo es general por estos lares. Y sabemos perfectamente quiénes lo han sembrado por años. Acertó: Los políticos han sembrado ente nosotros el escepticismo general.

Es que cuando un político nos anuncia vida color de rosa con excesos de promesas, el argentino sabe que debe cubrirse rápidamente con ese escepticismo que tantas veces lo salvó de la profunda desazón.

“Res, non verba”. Hechos, no palabras, rezamos los argentinos ante cada promesa electoral.Ver para creer… eso, los argentinos queremos ver. Necesitamos tocar las obras, para creer las promesas.

No es que seamos malos tipos, es que como dicen en el campo… “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”. Porque en otro lado del mundo, cuando un político dice “vamos a hacer”… no hay dudas. Pero por estos pagos, cuando un político promete un “vamos a hacer”, lo más factible es que no se haga nunca.

Así y todo, cuando la promesa es linda… cuando la promesa nos agrada… y sobre todo, cuando la promesa que se anuncia, nos sirve… guardamos en algún rincón del corazón la esperanza de que sea cierta. De que se concrete. Los genes nos empujan a no creer, pero el corazón grita: ojalá sea cierto!!.

Así me pasó hace un año y medio. Lo confieso. Fue allá por enero del 2.008. Recuerdo que fue enero porque fue unos días antes de mi cumpleaños.

Ella… trajecito entallado con estampado de verano, collar de perlas enormes, varios anillos de brillantes, su Rolex Oyster perpetual todito de oro, exclusivos aros de Suárez, la joyería española que tanto adora… y sus ínfulas intactas, se paró con aires de estadista y lanzó el anuncio con rimbombante discurso populista. Y bueno… se sabe que aunque a la mona la vistan de seda…después de todo, la doña no es importada. Parece nomás. No es sólo una obra pública con altísima tecnología, es un salto a una Argentina diferente"… dijo con tono grave y estudiado gesto. A eso voy, cuando los argentinos recibimos de nuestros políticos las promesas de vida color de rosa, con este tipo de sobreactuada grandilocuencia, no nos queda otra que sospechar. Fruncimos la nariz, y con la boca cerrada emitimos un sonido que suena como un “mmmmmmm….”. Pero ya dije que soy optimista al fin y al cabo. Y cuando ella anunció el proyecto del tren bala de Buenos Aires a Córdoba, pasando por Rosario… mi corazón me pedía por favor que le creyera. Además, el anuncio contaba con un marco de oropeles tal, que era difícil no creerlo cierto. El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, el de Buenos Aires, Daniel Scioli, el secretario de Transportes de Francia, Dominique Bussereau, el embajador francés, Fréderic Baleine du Laurens, representantes del Grupo Veloxia que se encargará de llevar adelante la millonaria construcción ferroviaria, el ministro de Planificación Julio De Vido, y el multiprocesado secretario de Transportes, Ricardo “avioncito” Jaime. Todos de punta en blanco, sonrientes y en primera fila, le daban al despampanante anuncio oficial, un prestigio de credibilidad casi indiscutida, y lo coronaron con un aplauso cerrado, para lo que se pusieron de pie.

Sólo los genes curtidos y alertas del argentino medio, podían sospechar ante semejante buen anuncio: 1.300 millones de dólares de inversión. 5.000 puestos de trabajo directos, y 20.000 indirectos. Y un tren de última generación surcando la quietud de nuestras llanuras a 300 Km por hora, prometiendo llevarnos de Retiro hasta la docta, o viceversa, en un par de horas y sin despeinarnos. ¡Genial!... ¡perfecto!!

Seré justo con la historia. Hubo en el preciso momento del anuncio, una periodista que dudó. Y bueno, para eso estudió. La periodista esbozó su duda ante la emperifollada presidente. La periodista objetó. Y la emperifollada presidente se puso seria. Clavó su mirada en un punto incierto… y agarró la guitarra. Se quejó del eterno pesimismo argentino, y le puso nombre: “Efecto tango”. “Argentinos y argentinas, a ver, esto significa un paso diferente, porque muchas veces los argentinos tenemos de nosotros mismos una visión de que muchas cosas no se pueden realizar, porque nos miramos con cierto grado de pesimismo, es lo que yo llamo efecto tango. Por eso convoco a todos los argentinos a bailar una chacarera, ya que es una música más positiva. Por suerte, además de Tango, en Argentina tenemos la chacarera y folklore, propongámonos los argentinos bailar una chacarera, porque además de esa nostalgia del efecto tango, tenemos tener fe en que nos va a ir bien”.

Y acá andamos los argentinos y argentinas. No ha pasado nada parecido a una eternidad desde aquél anuncio. Ni siquiera ha pasado una vida. Apenas un año… y medio más. Las joyas de la doña están intactas. Eso sí. Aunque sus ínfulas, algo averiadas.

Binner acude al diálogo, aunque no estoy muy seguro que vuelva a acudir a un anuncio semejante por mucho tiempo. Schiaretti se ha vuelto enemigo de la presidente. Si la ha visto… ya no se acuerda. Y don Jaime está entre las cuerdas, una veintena de causas judiciales lo golpean arriba y abajo. Los franceses se fueron a lo francés, silbando bajito. De Vido sigue firme, pero es un Alí Babá que cuando mira hacia atrás, ya se le han esfumado la mitad de los 40. Daniel Scioli… en fin. La periodista debe estar diciendo… me lo imaginaba!!.

La pucha con esta mochila de los argentinos. Políticos que anuncian como faraones, y luego terminan huyendo… como ratas. Y yo, divagando y protestando. Navegando en ese mar incómodo de nuestra eterna dualidad. Entre la necesidad de conservar el optimismo, y la triste experiencia argentina de convivir con la decepción.

Ella, envuelta en oropeles nos pide una chacarera. Justo a nosotros!!, que desde hace años nos han sembrado la queja lastimera del tango. Y entre medio…como siempre en la política Argentina… otra cosa más que no huele ni a chacarera ni a tango, sino que huele a gato encerrado.

Yo quiero creer, que conste. Pero no me dejan.