viernes, 13 de febrero de 2009

"Me hierve la sangre cuando se ve tanta avaricia" (Cristina Fernández de K)

El discurso sin vergüenza de la presidentA...
“Cuando escucho reclamos acerca de exenciones impositivas y veía Tartagal pensaba que muchos hombres y mujeres deberían ver esos rincones de la patria para seguir construyendo este modelo, más solidario e inclusivo. Debemos entender que necesitamos un país más justo. Es hora de que los sectores más favorecidos entiendan la necesidad de contribuir para lograr justicia para todos. Me hierve la sangre cuando se ve tanto egoísmo, tanta avaricia y tanta pobreza” dijo Cristina ayer en Olivos, rodeade de una cohorte de acomodados que viven del Estado.

"Es la tragedia de la pobreza", dijo nuestra presidentA en medio del barro en Tartagal.

Hasta allí llegó en uno de los helicópteros más modernos que hay en Argentina, el de la gobernación de Salta. Urtubey, como antes Romero, lo usa hasta para ir al baño. Yo estuve quince días de vacaciones en una casa cerca de la casa del gobernador, y el moderno helicóptero se la pasó yendo y viniendo. A veces, salía a las dos de la mañana.

Dos cosas sobresalen en la foto de Tartagal. La cara del ministro Randazzo, como imaginando las tapas de los diarios. La presidentA con las patas en el barro. "je, esto va a ser genial". Y también se observa en la foto, que la presi llevó su Rólex Oyster Perpetual de 20 mil dólares, indispensable en la muñeca de todo nuevo rico.

A Cristina le hierve la sangre ante la pobreza, promete redistribución y dice no comprender tanta avaricia. De todas maneras, en cada apararición pública luce más de 50 mil dólares en joyas.

No se a ustedes, pero a mí también me hierve la sangre, cuando los políticos pretenden tomarnos por idiotas.

El Fausto... humilde liberalidad literaria para argentinos y argentinas

Había una vez una mujer que se decía mujer.
Andaba los caminos gritando libertad.
Andaba las palabras reclamando justicia.
Andaba la memoria contando su tragedia. Y la de otros.
Andaba la historia cargando holocáusticas penas. Ajenas.
Un día, por alguna razón que el mundo desconoce, pero no tanto, decidió vender su alma al demonio. También el mundo sabe infinito sobre estas claudicaciones.
Ahora ya son uno.
Ella. El demonio. El demonio…y nunca más ella.
El huevo, ya está dentro de la serpiente.
El círculo, al fin, se ha cerrado, je.

Abrazo

Horacio R. Palma

"Nos quitan la memoria...nos silencian..."

“Las ideas no se matan, bárbaros!!!”

Si me propuse a narrar esta historia es por que una vez mas nos han tocado la memoria. El pasado diez de febrero se llevo a cabo, en el pabellón Francia Anexo de la Universidad Nacional de Córdoba, diferentes conferencias sobre “Derechos Humanos”; en mi afán por conocer más sobre ello, me vi destinado, junto a tres colegas del “Movimiento por la Verdadera Historia”, concurrir al panel en el que Laura Valdemarca, Mauro Cabral y Agustín Minatti presentarían diferentes problemáticas referidas al tema. El ambiente se desenvolvió positivamente, el recinto se llenó, y tras un simple y premeditado retraso de cinco insignificantes minutos, la doctora Laura Valdemarca nos daba el saludo que desencadenaba una fugaz pero eficaz introducción sobre “Derechos Humanos”. A su culminación le prosiguieron las palabras del doctor Mauro Cabral, investigador y activista intersex que nos hablo sobre la violación de los derechos que sufre la población transexual; para culminar la significante charla, que hasta el momento había llenado mi cabeza con teorías que desconocía, dio su voz el Señor Agustín Minatti, miembro honorable del “Archivo de la Memoria”, quien nos explicó, con la misma brevedad que caracterizó a los anteriores, la función del Archivo y su relación con la sociedad. Habiendo finalizado, la presentadora nos pidió que formuláramos preguntas a los presentes profesionales. Al percibir la timidez de mis compañeros decidí saciarlos con una consulta, la cual fue formulada por mi persona de la siguiente manera:
“Para el señor Minatti… deseo saber si tiene conocimiento sobre Juan Barrios, Guillermina Cabrera Rojos, María Cristina Viola, Paula Lambruschini, Gladys Medina. Todos ellos fueron niños, asesinados en las décadas del ´60 y el ´70 por organizaciones armadas como E.R.P y Montoneros ¿Por qué las organizaciones de “Derechos Humanos” los ignoran? ¿Por que sus asesinos siguen impunes, y sus familias no reciben indemnización?”.
Su respuesta era evidente, o por lo menos la manera que utilizó para responder; se mordió los labios y, como esperando algo de mi, calló unos segundos… Al fin comenzó, con entreveradas palabras respondió lo que todos responden:
“La Jurisdicción argentina no lo considera crímenes de “Lesa Humanidad”.
Eso es lo que contesta un pretendido experto en la materia, que evidentemente desconoce que está declarado en el Estatuto de Roma, que crimen de lesa humanidad es aquel cometido como parte de un ataque sistemático y generalizado contra la población civil por el Estado o por una organización. Al oír esta aberración solo atiné a preguntar si estas victimas aparecen o aparecerán en su venerado “Archivo de la memoria”. Por lo cual el funcionario respondió:
“Esto es fruto de 30 años de Lucha, si esas organizaciones quieren que sus victimas aparezcan en el Archivo, pues entonces, construyan su propio Archivo de la Memoria”
Y aquí lo tienen señores!!... un servidor del pueblo considerando a un muerto mejor que otro, violando el principio de igualdad. He aquí a los representantes de nuestros derechos, aquellos que ignoran a cinco inocentes creaturas que al momento de ser asesinadas no conocían siquiera el significado de la palabra Revolución, y que después de muertos no entienden ni entenderán el manoseado significado de “Derechos Humanos”.
Puedo decir que después de esa respuesta mi indignación me llevó a quedarme callado, estaba resignado ya de encontrar en esa persona una manifestación clara de equidad. Las preguntas siguieron increíblemente sin retomar al setentismo, hasta recuerdo que Valdemarca nos hablaba de tolerancia:
“Debemos ser tolerante con los derechos humanos, aunque provengan de la minoría”.
La conferencia veía su fin y la última palabra fue concedida a un joven sentado en un extremo del auditorio, se toco la boca repetidas veces, parecía algo nervioso, miró a los panelistas desatando lo siguiente:
“Con respecto a la dictadura yo no soy tolerante, todos sabemos que los militares empezaron. Y no puedo concebir una ideología como la del compañero –señalándome-. Me gustaría que se retire”.
. Lo miré y con una simple sonrisa sardónica guarde silencio, pensé en retirarme, no les voy a mentir, pero luego reflexioné y llegué a la conclusión que lo haría si alguien con más cerebro manifestara un argumento con sentido para verme fuera del salón. Pero que alma deshonrosa corre a quien sólo se ha molestado en recordar a cinco niños brutalmente masacrados por terroristas. Por qué buscan callarme aquellos autoproclamados luchadores de la libertad. “LAS IDEAS NO SE MÁTAN, BÁRBAROS!”.
Gonzalo Pato Leconte
Para escuchar el relato del padre de Juan Barrios: