domingo, 25 de enero de 2009

El elogio de los recuerdos

ELOGIO DEL RECUERDO...
¿Qué sucedería durante este tratamiento para el estrés postraumático, si un paciente revive otro recuerdo que no es el que se busca borrar -quizás un recuerdo querido-, pero que también se halla emocionalmente cargado?, el Dr. Pitman admitió que es posible que ese recuerdo se desvanezca entre los recuerdos ordinarios, aunque ese riesgo todavía no ha sido investigado. (La Nación)
Esta semana pasé el cáliz agridulce del cumpleaños. Del mío, claro. Todos los años me sucede lo mismo (ríase que es un chiste), pero bueno, no hay escapatoria.
Sólo Dios sabe lo mucho que detesto las tortuosas formalidades del festejo. Pongo cara de traste cada vez que alguien me canta el feliz cumpleaños.
De todas maneras, este año, ese día que tanto me irrita, alguien que quiero mucho me envió un mail extenso, con una lista interminable de cosas que a nuestra edad, (Nuestra edad = pasados los cuarenta), han quedado definitivamente en el recuerdo.
El mail era una larga lista de cosas que formaron parte de nuestra infancia y de nuestra adolescencia, y que hoy han sido desterradas por el tiempo, por la historia… o por la tecnología.
Y sí, yo también me di cuenta.
De una manera sutil y cariñosa… me dio a entender que me estaba poniendo viejo. Como si las canas y los huesos no me lo estuvieran avisando desde hace un tiempo.
Pero ojo, así como soy un ferviente militante que repudia los festejos de cumpleaños, nobleza obliga, debo reconocer también que soy un ferviente militante que lucha por la causa de los recuerdos.
Me gusta recordar. Me pierde la melancolía… puedo pasar horas y horas hablado con alguien, solamente para jugar el juego que más me gusta. Poder recordar cosas y momentos memorables, o que había olvidado, o que recordaba mal.
Podría llenar con gusto, miles de páginas con recuerdos.
Y en el tema de los recuerdos no hago distingos. Me gusta recordar los recuerdos buenos, pero también me gusta recordar los malos recuerdos.
Es curioso, muchas veces uno escucha que los buenos recuerdos son los que “nos hacen bien”. Y que los malos recuerdos son cosas que nos atormentan. Y como para confirmar mi vejez incipiente, lo diré con la letra de una vieja canción: “si fueron malos…mejor olvidar”. Eso no corre para mí.
Por eso me alarmé hace un año. Casi entro en pánico cuando leí la noticia: “Científicos descubren la manera de borrar los recuerdos”. Claro que si bien el experimento científico estaba orientado al tratamiento de las fobias y otros traumas por el estilo, a mí, leer semejante noticia me hizo correr un frío por la espalda.
Los malos recuerdos, afirman los científicos, se almacenan más profundamente en el cerebro. Por eso uno los recuerda más, y los recuerda mejor. Son como “hitos” en nuestra memoria.
En las muchas veces que evoco recuerdos, me he puesto a pensar si en verdad querría borrar de mi vida los malos recuerdos. Y sinceramente, creo que soportaría la enfermedad, la vejez, la miseria y hasta el destierro… pero no creo que pudiera soportar vivir sin todos mis recuerdos.
Claro que usted dirá, “pero si te eliminan los recuerdos, nunca vas a darte cuenta que te los han quitado”. Pues yo no estoy tan seguro de eso. No creo que la fórmula de eliminar recuerdos resulte tan sencilla y tan inocua.
Es que al menos yo, necesito recordar para ir encadenando recuerdos. Mi ejercicio para recordar cosas perdidas en el tiempo, empieza con un primer recuerdo cercano. Cualquiera. Ese recuerdo es como la punta de un ovillo infinito. Y una vez subido a ese recuerdo, voy saltando hacia los otros hasta perderme en el intricado laberinto.
RECORDAR
Pero muchas veces resulta que para saltar hacia un recuerdo entrañable, debo saltar varias veces antes, sobre malos recuerdos.
Los malos recuerdos siempre están ahí, para ayudarme a dar ese otro salto a recuerdos mejores. Así que no estoy tan seguro de las “ventajas” de borrar los malos recuerdos.
Por ejemplo, para mí, los recuerdos de verano, siempre son la playa.
Durante muchos años pasé largos veranos en la playa. La noche nos encontraba jugando en la arena a orillas del mar. Y la mañana nos despabilaba con su brisa fresca, cuando acudíamos al rito inigualable de esperar el amanecer.
Para mí, los recuerdos del verano son familia y amigos.
Y siempre es el mar, y es la playa.
Y hasta hoy, 20 años después, lo juro, puedo sentarme en el sillón de casa, cerrar los ojos, y sentir el aire fresco, húmedo y salado en mi cara.
Puedo escuchar al vendedor del pirulines, que vestido de payaso recorría kilómetros y kilómetros sobre la arena caliente… “lloren chicos lloren”, gritaba “corbatita” con su marketing agresivo de venta.
Cierro los ojos y me veo agachado marcando en la arena mojada con el mango de la paleta, una inmensa cancha de tenis.
Lo veo a mi viejo durmiendo la siesta adentro de la carpa del balneario.
La veo a mamá conversando con amigas.
A mis hermanas jugando en la arena, y a mis hermanos esperando partido junto a la cancha de voley.
Lo veo a mi viejo haciéndonos posar dos horas para la foto. Hoy la era digital cambió las cosas para bien de las paciencias quisquillosas.
Pero claro, hasta aquí solo enumeré buenos recuerdos. A lo que iba, es que el verano que más recuerdo, es el verano del 89. Ese, es el verano del que mejores recuerdos tengo.
Y curiosamente, al recuerdo de ese verano siempre llega desde dos recuerdos trágicos.
Desde la mañana del 23 enero, cuando papá nos despertó a todos a las siete de la mañana para que miráramos las noticias en la tele. Fue la mañana sangrienta del ataque al cuartel de La Tablada.
Y desde la tarde ardiente de un 30 de enero. Esa tarde, con varios amigos jugábamos a la paleta junto al mar. De pronto, los silbatos estridentes de los guardavidas anunciaban enloquecidos la tragedia. Tres de ellos pasaron corriendo a toda velocidad hacia el mar. Lo recuerdo exactamente. Junto a mí, el guardavida se sacó la remera en un segundo, se puso unas enormes patas de rana, cargó un salvavidas redondo, y de dos saltos se zambulló al mar. Toda la gente se agolpó en la orilla. La espera duró como media hora.
A la media hora, los tres guardavidas salieron desconsolados con una chiquita en brazos. A los gritos pedían que no nos agolpáramos. “Aire, aire, córranse por favor…”. La gente se fue abriendo…uno de los guardavidas intentaba la reanimación.
Cuando todos se corrieron, yo pude ver la cara de la chiquita… y a la madre desesperada que le tomaba la mano. Y me fui corriendo. Nunca quise que me contaran si la chica había muerto… pero durante mucho tiempo soñé con su cara.
Inevitablemente, debo siempre saltar sobre esos malos recuerdos, esos que dicen “que hacen mal”, para llegar a los recuerdos del mejor verano de todos.
El verano pleno de familia…y de cosas que un caballero sabe callar.


Horacio R. Palma
Escribidor contumaz...

20 años de penas y olvidos

Penas y olvidos…

Durante las últimas semanas, y a raíz del aniversario número 20 del copamiento al cuartel de La Tablada por parte de un grupo terrorista, tuve la oportunidad de conversar con protagonistas, con víctimas, con testigos, y pude recorrer las instalaciones abandonadas de aquél campo de batalla.
Ahora, un poco más tranquilo… con esa perspectiva que da el día después, intento estas palabras como una reflexión.
Hay hechos inobjetables. Un grupo terrorista de argentinos y extranjeros, entró a matar o morir a un cuartel. Fue en 1.989, en las postrimerías del gobierno democrático del Dr. Alfonsín. Para entrar al cuartel, los terroristas fusilaron a los soldados conscriptos. Para cubrirse en la batalla, los terroristas se parapetaron tras soldados, vivos o muertos. El doctor Alfonsín estuvo en el campo de batalla, inmediatamente después de culminados los combates. La justicia de la democracia actuó inmediatamente con el Fiscal Pleé. Una veintena de terroristas fueron capturados, detenidos, enjuiciados y condenados. Todos los vecinos recuerdan vívidamente el horror. Todos los soldados conscriptos quedaron con secuelas. Todas las víctimas del terrorismo de la tablada, fueron abandonadas por el ejército… y por el estado. Todos los terroristas condenados, fueron indultados tras 10 años de detención. A 20 años del ataque terrorista la justicia, por orden del Ejecutivo, decide reabrir la causa, pero para investigar a los soldados y los policías que repelieron el atentado. El doctor Alfonsín nunca asistió a ningún acto recordatorio de quienes cayeron defendiendo la democracia durante su gobierno. Ningún partido político ha publicado una línea de recuerdo.
Hasta aquí, varios datos objetivos, inobjetables, sobre la realidad del atentado terrorista al cuartel de La Tablada.
Ahora un par de apreciaciones personales. Estuve este 20 de enero recorriendo el cuartel y las inmediaciones. El cuartel, que no ha sido demolido solo porque los españoles que compraron el predio no se animan a demoler un lugar histórico, está en total estado de abandono. La gente del barrio tiene el recuerdo de la tragedia en carne viva. Basta una sola palabra, un mínimo comentario, para que el recuerdo de ellos aflore a borbotones. Los empleados de la empresa de seguridad que custodian el cuartel abandonado y los supermercados linderos, cuentan que durante todo el año llegan víctimas o familiares de víctimas a pedir entrar al cuartel. Necesitan volver. Estar en el mismo lugar donde entonces los sorprendió la demencial violencia asesina de los terroristas.
“Acá mi tío perdió las piernas”. “Acá mataron a mi compañero y me hirieron a mí”. Acá murió mi papá cuando yo tenía 10 años…”. Es así todo el año, comentan vigiladotes y vecinos.
La plazoleta que recuerda a los caídos, está en total estado de abandono. Se han robado las placas, y no hay placas ni homenajes desde el año 2.000. De nadie.
Todo un gran manto de silencio oficial. Sospechoso.
Sólo el trabajo de un pequeño grupo de Víctimas, ha conseguido la monumental cobertura de los medios de prensa de todo el país, en este 20 aniversario.
Sospechosamente, ni los cabecillas del grupo terrorista, ni la cúpula del partido Radical de entonces, ni las actuales autoridades del Ejército, ni de la policía de la provincia de Buenos Aires, han querido recordar el hecho. Y es más, muchos intentaron boicotear el recuerdo y los homenajes.
Un estado tímido que calla. Un ejército timorato que se esconde. Una policía culposa que olvida. Un grupo terrorista impresentable, en libertad, que se llama a silencio por conveniencia. Un montón de Víctimas libradas a su suerte que intenta gritar… y 11 héroes que esperan no haber muerto en vano.
A 20 años del atentado, los terroristas están libres. Los que se defendieron, investigados. Las Víctimas, desamparadas. Y los héroes…olvidados.
Nos guste o no… es el país que estuvimos haciendo.
O peor, es el país que estuvimos dejando hacer.


Horacio R. Palma

Imagen: Celtyv


Héroes de La Tablada
My. Horacio Fernández Cutiellos
Tte. Ricardo Alberto Rolón
Sarg. Ayte. Ricardo Raúl Esquivel
Crio. Insp. Emilio García García PPBA
Sarg. José Manuel Soria PPBA
Cabo 1º José Gustavo Albornoz
Sarg. Ramón Wladimiro Orué
Soldado Héctor Cardozo
Soldado Leonardo Martín Díaz
Soldado Julio Domingo Grillo
Soldado Roberto Tadeo Taddía

¡¡Presentes!!!.... ahora, ¡¡Y SIEMPRE!!

Liliana Raffo de Fernández Cutiellos - Diario Perfil de Ho

A 20 años de La Tablada...

http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0333/articulo.php?art=12365&ed=0333

Liliana Raffo, viuda del 2º Jefe del Regimiento
“Los días previos hubo reuniones de los que tomaron el cuartel con el gobierno radical”
Es la esposa del teniente coronel (post mórtem) Horacio Fernández Cutiellos, quien fue el segundo jefe y murió acribillado por los militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) que tomaron a fuego y sangre la unidad militar. Acusa al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, de ser uno de los miembros fundadores del MTP. Dice que su esposo murió como a él le hubiese gustado. “Siempre decía que la mejor forma de morir para un soldado era defendiendo a la Patria”, recuerda hoy. Sola crió a sus cuatro hijos y uno de ellos, el mayor, siguió la carrera militar.
Por Fernando Oz



El 21 de enero de 1989 Liliana Inés Raffo de Fernández Cutiellos cumplía 34 años. Dos días después se quedó sola con cuatro hijos de nueve, siete, cuatro y dos años. A su marido lo habían acribillado, el primer tiro que recibió fue por la espalda. El mayor Horacio Fernández Cutiellos era el segundo jefe del Regimiento de Infantería Mecanizada 3 de La Tablada (RIMec 3) cuando casi medio centenar de militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) tomaron el cuartel. Murió cuando intentó salvarle la vida a un soldado; lo remataron con un balazo en la garganta.
“Murió como siempre quiso morir. Siempre decía que la mejor forma de morir para un soldado era defendiendo a la Patria. Morir luchando”, dice Liliana mientras traga saliva para evitar llorar. Pasaron 20 años y sus hijos ya están grandes, pero para la viuda del teniente coronel post mórtem asegura que las cicatrices no están cerradas y pide que la Justicia investigue las conexiones políticas del copamiento del regimiento en donde murieron nueve militares, de los cuales cuatro eran conscriptos, dos policías y 28 guerrilleros.
Según Liliana, la toma del RIMec 3 “fue una operación montada en el exterior del país y con apoyo interno. Acá estuvieron juntos Enrique ‘Coti’ Nosiglia, Jorge Baños, Roberto Felicetti. Días previos, hubo reuniones de algunos que tomaron el cuartel con el gobierno radical, hay informes de la SIDE que dicen eso. Nadie quiere investigar eso”.
En aquel momento, Nosiglia era el ministro del Interior del gobierno de Raúl Alfonsín; el abogado Baños fue uno de los guerrilleros que murió durante la toma, y Felicetti fue otro de los integrantes del MTP. “Por algún motivo, nadie quiere que se investigue qué fue lo que realmente pasó. Felicetti es parte de este gobierno y tenía cadena perpetua. Además, Duhalde (Eduardo Luis, actual secretario de Derechos Humanos) cofundó el MTP junto con (Enrique) Gorriarán Merlo, y fue parte del incidente. Atacaron a la República en plena democracia”, disparó.
En octubre último, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmó el Decreto 1578, que relevó del secreto a organismos y agentes de inteligencia e instruyó para que la Justicia tuviera “acceso irrestricto” a documentos relacionados con la causa. “¿Qué es lo que quieren investigar?”, se pregunta Liliana.
Para ella, el decreto de CFK “parece una venganza, o tal vez hacen esto para que no se investigue lo que verdaderamente sucedió afuera. Es falaz que haya habido desaparición de terroristas en esos momentos, algunos murieron en el combate, otros se escaparon”.
Lo que se busca saber es si hubo fusilamientos...
—Hubo un combate, se vio en la televisión y en las fotos. Qué quieren demostrar: que fue un ataque carapintada, como habían panfleteado. No fueron carapintadas, tampoco es cierto que se quería dar un golpe. La Justicia tiene que investigar las conexiones políticas, lo que pasó en torno a la toma del cuartel”.
—¿Cómo creen que ven desde el Ejército esa decisión que tomó la Presidenta?
—No sé. El Ejército hoy no existe, no tiene capacidad de combate, y su moral está destrozada. Cada vez son más los chicos que se van, no hay incentivo, no hay economía para el Ejército, los sueldos dan vergüenza. Mi marido murió defendiendo un cuartel en plena democracia y nadie le hizo ningún reconocimiento, a mí nadie me indemnizó, a ellos sí los indemnizan.
—¿Alguno de sus hijos quiso seguir la carrera de su padre?
—Sí, mi hijo mayor quiso seguir. Pero yo le hice comprender que este Ejército no es el de su padre ni el de sus abuelos. Lo hice desistir.
Ahora es un Ejército manoseado y yo no quería que él sufra penurias económicas ni morales, además este Ejército se ha portado muy mal con nosotros.



Liliana pensaba estar un año más en Río Gallegos, pero el 28 de diciembre de 1989 le ordenan a su marido que tiene que trasladarse a Buenos Aires para asumir su cargo en La Tablada. El traslado fue catastrófico. Sin una casa donde vivir, Fernández Cutiellos, su esposa y sus cuatro hijos se alojaron en el Círculo Militar. Estuvieron allí hasta el 4 de enero. Comer afuera era muy costoso y dormir en ese lugar no era gratis. El oficial decidió enviar a su familia a Córdoba, allí estaban los padres de Liliana, y estar allá era de alguna manera más barato. El decidió que, hasta que tuviera una casa, el mejor lugar para dormir era el regimiento.
Cuando Liliana escuchó en la radio lo que estaba pasando en el cuartel donde estaba durmiendo su marido, un golpe de angustia la inundó. A las cinco de la tarde llama su suegra desde Buenos Aires.
—Pasame con tu papá.
—¿Qué sabés de Horacio? ¿Qué le pasó?
—Pasame con tu papá.
—No te voy a pasar hasta que me digas qué pasó.
—Nada, Horacio está herido. Ahora pasame.
Liliana le pasó el teléfono al padre y se puso a armar el bolso para viajar. La comunicación del padre duró segundos, colgó, se sentó y se puso a llorar antes de tomar aire y decirle a su hija: “Horacio está muerto”.

Lo que dejó el caso
El 23 de enero de 1989 unos cincuenta militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) tomaron por la fuerza el Regimiento de Infantería Mecanizada 3 de La Tablada. Minutos después de las 6 de la mañana, con un camión de reparto de Coca-Cola, los guerrilleros derribaron el portón de acceso al cuartel. Allí muere el soldado Tadeo Taddía.
La carnicería comenzó dentro de la unidad, hasta que la misma fue totalmente tomada. Los guerrilleros tenían a militares como rehenes. La recuperación del cuartel fue peor.
El ideólogo de la toma fue Enrique Gorriarán Merlo, ex guerrillero del ERP. El MTP venía alertando a sectores del gobierno de que los carapintadas tenían intenciones de dar un golpe de Estado.
El presidente Raúl Alfonsín ordenó al Ejército que recuperara por la fuerza el regimiento. El jefe de la Fuerza era el general Francisco Gassino. El operativo para sacar a los guerrilleros estuvo a cargo del general Alfredo Arrillaga.
Cuando la situación estaba controlada, Alfonsín recorrió la unidad con custodia de las Compañía Comando, que también había participado de la recuperación. El saldo fue de nueve militares (cuatro eran conscriptos), dos policías y 28 guerrilleros muertos.
El juez federal de Morón Germán Castelli investiga si hubo fusilados, torturados y desaparecidos. Un informe de 1997 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) afirmó que se cometieron vejámenes y reclamó “una investigación independiente, completa e imparcial”.
Fuente: Diario Perfil