
Hoy, las noticias lo dan irreversiblemente enfermo.
Tal vez muera pronto… pero cuidado, pues también pronto intentarán elevarlo a la categoría de mito.
La propaganda esconderá bajo la alfombra sus muchas muertes, pasará por alto sus fusilamientos, y a su tiranía de más de 50 años, nos la pintarán con colores falsos de épica.
Pero nosotros los argentinos no nos podemos dejar engañar. Porque Fidel Castro es el directo responsable de mucha sangre de argentinos.
Fue él, sí… él, el cerebro y el bolsillo que financió la violencia de la muerte en Argentina desde los 60, y durante todos los setenta.
El, desde su sillón de dictador y con su revolución absurda, exportó la violencia.
Un 15 de enero de 1.966, ocurría en La Habana, el acto de cierre de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, la Tricontinental.
En esas jornadas participaron por Argentina, muchos de los futuros guerrilleros que en los 70 inundaron de sangre la Argentina.
Aquél 15 de enero de 1966, Fidel tomó la palabra en el acto de cierre, y lanzó una poderosa declaración de guerra. Dijo: “En muchas naciones de América se dan las condiciones plenas para la lucha armada revolucionaria… En América Latina no debe quedar ni uno, ni dos, ni tres pueblos luchando solos…Nosotros creemos que en este continente, en todos o en casi todos los pueblos, la lucha asumirá las formas más violentas. Y cuando se sabe eso, lo único correcto es prepararse para cuando esa lucha llegue. ¡Prepárense!”
Tal vez muera pronto… pero cuidado, pues también pronto intentarán elevarlo a la categoría de mito.
La propaganda esconderá bajo la alfombra sus muchas muertes, pasará por alto sus fusilamientos, y a su tiranía de más de 50 años, nos la pintarán con colores falsos de épica.
Pero nosotros los argentinos no nos podemos dejar engañar. Porque Fidel Castro es el directo responsable de mucha sangre de argentinos.
Fue él, sí… él, el cerebro y el bolsillo que financió la violencia de la muerte en Argentina desde los 60, y durante todos los setenta.
El, desde su sillón de dictador y con su revolución absurda, exportó la violencia.
Un 15 de enero de 1.966, ocurría en La Habana, el acto de cierre de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, la Tricontinental.
En esas jornadas participaron por Argentina, muchos de los futuros guerrilleros que en los 70 inundaron de sangre la Argentina.
Aquél 15 de enero de 1966, Fidel tomó la palabra en el acto de cierre, y lanzó una poderosa declaración de guerra. Dijo: “En muchas naciones de América se dan las condiciones plenas para la lucha armada revolucionaria… En América Latina no debe quedar ni uno, ni dos, ni tres pueblos luchando solos…Nosotros creemos que en este continente, en todos o en casi todos los pueblos, la lucha asumirá las formas más violentas. Y cuando se sabe eso, lo único correcto es prepararse para cuando esa lucha llegue. ¡Prepárense!”

En Argentina, dos años antes, en 1.964, la Gendarmería Nacional se había topado con un grupo guerrillero en Salta. El grupo se denominaba Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Al mando de los guerrilleros, uno de los lugartenientes del Che Guevara, el comandante cubano Hermes Peña, abatido por la Gendarmería.
En esos combates en la selva salteña, Fidel se cobró el primer muerto por el terrorismo que él se esmeró en exportar: El cabo post mortem Juan Adolfo Romero.
En esos combates en la selva salteña, Fidel se cobró el primer muerto por el terrorismo que él se esmeró en exportar: El cabo post mortem Juan Adolfo Romero.

En esos combates, el cubano Hermes Peña fusiló por la espalda a Pascual Bailón Vázquez, el primer civil argentino que mata el terrorismo exportado por Fidel en el monte.
Hoy Fidel Castro se está muriendo…está próximo a rendir cuentas, y aunque la propaganda intente luego rápida y desesperadamente imponernos su mito, los argentinos nunca debemos olvidar que ha sido el gran responsable de mucha muerte, de mucha sangre argentina derramada en los 70.
Hoy Fidel Castro se está muriendo…está próximo a rendir cuentas, y aunque la propaganda intente luego rápida y desesperadamente imponernos su mito, los argentinos nunca debemos olvidar que ha sido el gran responsable de mucha muerte, de mucha sangre argentina derramada en los 70.


