domingo, 21 de diciembre de 2008

¿Sabés quién se murió?



Cuando chico, suponía que había cosas que sólo sucedían en mi pueblo. Pero alguien me dijo un día que el pueblo de uno, es todos los pueblos del mundo… y desde entonces, cuando escribo sobre mi pueblo, supongo que escribo sobre todos los pueblos del mundo.
En mi infancia, solía amonestar a mi vieja: ¿Otra vez hablando de muertos, mamá?
Luego me di cuenta que hablar de los muertos era cosa central en mi pueblo.
Aunque en Gualeguay, se habla de los muertos de una manera especial.
Siempre los muertos han sido noticia trascendente. Y en mi pueblo, hablar de los muertos es algo central en las charlas de todos los días.
Tal vez porque mi pueblo es como una familia grande, donde todos nos conocemos invariablemente. Y aunque uno no tenga familiaridad con todos, como tampoco la tienen las familias grandes, en Gualeguay, uno acaba por conocer las caras de todas las personas, aunque sea de pasada; tal vez por eso, decía, es que tanto importa la noticia del que ha muerto.
Y ese tipo de charlas me irritaba cuando chico.
Sonaba el teléfono en el medio de la mañana. Y cuando el teléfono sonaba a la mañana en casa, siempre sucedía lo mismo. Se cortaba abruptamente el ruido atronador de la aspiradora Yelmo… se escuchaban unos pasos apurados por el pasillo de baldosones brillantes de granito gris… y el melodioso holaaaaa de mi vieja con esa “a” estirada, que denotaba amabilidad.
En las casas de mi pueblo, y mi casa no era la excepción… uno ya sabía quién llamaba, tan sólo por la hora en que llamaba.
En casa, a la mañana siempre llamaban las amigas de mi vieja. Cerca del mediodía llamaba papá desde el estudio. A la siesta nuestros amigos de la escuela… y para qué!!, los gritos de papá desde su siesta interrumpida llenaban de furia el enorme pasillo de la casona de calle Sarmiento.
Luego el teléfono no sonaba nunca hasta después de las seis de la tarde, cuando llamaban otras amigas de mi vieja, o algún proveedor para ratificar un pedido o disculpar una entrega. Y casi sobre la cena, o en la mismísima cena, si sonaba el teléfono eran los parientes.
Por supuesto que no era como es hoy. El teléfono era “medido”, que traducido al idioma de ahora… era como decir: Carísimo. Además, si uno tenía familiares en otros pueblos o en otras ciudades, había que llamar vía operadora. La operadora era una señora muy amable que, desde la telefónica, intermediaba entre las distancias y las personas.
Sonrío. Pues les cuento esto hoy a mis hijos, y ponen cara como si les hablara del período jurásico. El trámite era más o menos así: Uno llamaba a la telefónica, allí atendía una operadora. Uno le daba el teléfono y la ciudad a la que quería comunicarse y luego nuestro número del teléfono.
La operadora podía decir: “Hay una demora de 20 minutos”. Eso era la gloria, pues eran tiempos donde 20 minutos era un instante, no como ahora que 20 minutos es una eternidad imposible de soportar.
Pero por lo general, la operadora decía: “las líneas están condicionales, ¿quiere la llamada de todos modos?”. Que traducido al idioma de ahora, suponía un: “Solo con un milagro podré comunicarlo”.
Y uno, que en definitiva es hombre y necesita confiar y necesita la esperanza, decía que sí. Pasaban horas… hasta que el sentido común nos convencía a desistir.
Así era la cosa. ¡Ah!, cuando el teléfono sonaba a horas extrañas, sólo podían ser malas noticias.
Pero me fui por las ramas, les estaba contando de cómo se hablaba de los muertos en mi pueblo. Ya dije que hablar de los muertos era un tema central y se lo hablaba con naturalidad. Por teléfono, en la cola de la panadería o del banco, en la calle, en los negocios donde uno se encuentra siempre con amigos o conocidos, en las reuniones familiares… siempre en mi pueblo, en algún momento de la charla se hablaba de los muertos.
Y ese momento era un aparte. Nunca se lo hablaba a la ligera. Todo lo contrario, hasta con detalles escabrosos. Y por alguna razón que nunca nadie me supo explicar, el anuncio de una muerte, reciente o no, se hacía como una adivinanza. ¡Siempre!.
No me pregunte porqué, pero en mi pueblo la muerte se anuncia así: “¿Sabés quién se murió?”. Cuando era chico odiaba esa frase, y cuando escuchaba a mamá, con el teléfono en la oreja decir, ¿sabés quién se murió?, yo susurraba… “sonamos, ahí viene el parte diario”.
Y no es que odiara la frase por la muerte en sí, pues por entonces yo merodeaba los 10 años, y uno a los 10 años piensa en la muerte como algo que le pasa a los demás. No, yo odiaba la forma del anuncio fúnebre que tenían por costumbre todos los de mi pueblo.
Esa especie de adivinanza cruel y morbosa con que se daba la noticia. Y sí, digo noticia y no digo chisme. Porque en mi pueblo, que vaya si gusta del chisme, las muertes se anunciaban como noticia y no como chisme. Que es algo muy distinto.
El chisme corre en la etapa anterior a la muerte. En la enfermedad, por ejemplo. Esas cosas sí se anuncian como chisme. “¿Che, sabés quién está jodido?”. Si bien el anuncio suena parecido a la adivinanza morbosa de la muerte, de ninguna manera se dice igual. El que se enferma en el pueblo, anda en boca de todos, pero como chisme. Ahora, cuando alguien se muere, la noticia se anuncia con esa morbosa adivinanza: “¿Sabés quién se murió?… Ah, sí, pero estaba re jodido pobre.
Y hasta el día de hoy, la cosa es igual.
Y hasta el día de hoy me molesta esa adivinanza morbosa con que se anuncia la muerte.
Y hasta el día de hoy, reconozco a mi Gualeguay y su gente, cada vez que me encuentro con alguien y me hace la morbosa adivinanza: ¿Che, sabés quién se murió?

¿Cuántos pares son tres botas?

Como supongo de dónde provienen y el porqué, publico esta linda nota de un blog al que acudo todos los días a refrescarme el alma...
Domingo 21 de diciembre de 2008

Rumores
Difamar. (Del lat. diffamāre).Desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama.
El Pbro. Marcos Kemerer fue párroco de la Parroquia San Antonio de Gualeguay, durante muchos años.Descendiente de alemanes del Volga, le gustaba la música clásica, la fotografía, leía incansablemente, en particular, los periódicos.
De enorme estatura, llevaba sotana, aún en verano. Quienes lo conocieron pueden dar cuenta de su personalidad controvertida. Extremadamente franco y preciso, poco diplomático.Vienen a mi mente muchas anécdotas en este sentido, sólo una: Una vez al mes, venía a casa a administrar el sacramento de la comunión a mi abuela; en una oportunidad, mi madre le expresó, preocupada: “Padre, Silvina tiene casi 30 años y no se ha casado todavía”. Él le respondió: “¿Qué quiere? ¿Que se la devuelvan en tres meses?" (aclaración: sigo soltera).
Nos teníamos muchísimo afecto.
Yo discrepaba en varios puntos de su pensamiento (nunca se lo manifesté), no obstante, el inmenso respeto y cariño que le profesaba no mermaba por esa razón.
Al recibir hoy un mail, recordé uno de sus sermones, decía más o menos así:Esparcir rumores, difamar, es como desplumar una gallina… y querer volver a poner las plumas en su lugar.
No se pueden remediar la mentira y el daño producido, porque sería como pretender recoger las plumas arrancadas y colocárselas de nuevo.
La difamación produce perjuicio y sufrimiento en aquel ser humano que es víctima de ella, y en las personas que lo rodean y que padecen con él.
Para pensar.

Los terroristas argentinos se pasan facturas...

Por favor...leer entre líneas

OPINIÓN
El lugar inadecuado
Con Martín Gras, el subsecretario de Derechos Humanos, nos separan el menemismo, sus políticas, su corrupción y, sobre todo, sus indultos.

Susana Viau
Crítica Digital

Con sumo interés seguí la conferencia de prensa en la que el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, anunció la presentación de un recurso extraordinario ante la Corte para apelar la libertad de 20 asesinos de la Armada. El secretario de Derechos Humanos aseguró, además, que pedirá al Consejo de la Magistratura el juicio político para los miembros de casación que dispusieron las excarcelaciones, un humor que comparte con el consejero Carlos Kunkel, el mismo que teje y desteje componendas electorales con Aldo Rico. Duhalde habló de su indignación y de la indignación que la medida había provocado en la Presidenta. En verdad, conozco a Eduardo Duhalde desde hace 40 años y sé que estas cuestiones lo preocupan incluso desde antes. No me ocurre lo mismo con Cristina Fernández –ni con su marido, Néstor Kirchner–, de cuya resistencia a los crímenes de la dictadura no tengo noticia alguna. Claro que eso no indica nada: el mundo es ancho y ellos estaban muy lejos, en el Sur, abocados a la imperiosa necesidad de ganarse la vida, aunque fuera al amparo de la l.050.Pero no fueron Eduardo Luis Duhalde ni sus menciones al sublevado ánimo presidencial los que me sorprendieron, sino que quien lo flanqueara fuera el subsecretario del área, Martín Gras. También conozco a Martín Gras, de Madrid, del exilio y de la relación con su familia, a la que siempre recuerdo con emoción. Gras es un sobreviviente de la ESMA y fuimos amigos, pese a (o quizás por) la sinceridad descarnada con que abordamos lo ocurrido en esos tiempos tremendos. Fue al regresar que dejamos de ser amigos. Nos separaron el menemismo, sus políticas, su corrupción y, por sobre todo, sus indultos. Martín fue funcionario del gobierno “neoliberal” que los dictó. “Yo soy peronista y el peronismo tiene jefes. Menem es el jefe hoy y yo soy un soldado”, dijo más o menos en la entrevista periodística que le hizo Viviana Gorbato. Una declaración desagradable y franca. Punto y final. Ni siquiera lo discutimos, sencillamente, no hablamos nunca más. Y ésa es la razón de estas líneas que no hubiera querido escribir, que hubiera preferido que escribiera otro: Martín no es franco ahora. No ignora que las decisiones que tomó entonces respecto del perdón de los genocidas tienen un precio; lo inhabilitan para tirar hoy la primera piedra sobre los jueces que firmaron las excarcelaciones. Martín sabe que no estaba ayer en el lugar adecuado. Y Eduardo Duhalde lo sabe también.

La agrupación H.I.J.O.S admite que los juicios a los militares no buscan justicia, sino venganza

COMUNICADO NÚMERO.... UN MILLÓN
A pocos meses de comenzar el juicio a los genocidas en nuestra provincia, la Cámara de Casación Penal de la Nación garantizando una vez más los derechos de los delincuentes, asesinos, violadores, torturadores, apropiadores de niños/as, ladrones, terroristas, apátridas que quieren desestabilizar la nación, en el más escandaloso acto de complicidad, resolvió dejar en libertad a quienes, luego de 32 años de lucha, todos los argentinos habíamos logrado encarcelar.

Los camaristas Mitchell, Yacobucci y Luis García entienden que este grupo de genocidas de las causas Brusa, Esma y de Córdoba, a diferencia de los miles y cientos de detenidos comunes conocidos como “ladrones de gallina” que pueblan las cárceles de nuestro país, necesitan garantías constitucionales.

32 años de impunidad no han sido suficiente. Preguntamos ¿32 años sin justicia no es inconstitucional?

Y seguimos preguntando: ¿quién se va a hacer responsable cuando los genocidas procesados se fuguen? ¿quién va a rendir cuentas cuando el desaparecido Jorge Julio López se multiplique en este país?
¿A qué Cámara iremos a apelar? ¿qué juez pondrá la firma?

¿Quién es la Cámara de Casación Penal? La misma que se tomó un año para resolver un recurso de nulidad en el juicio por terrorismo de estado seguido en Bahía Blanca. La misma que se tomó ocho meses en resolver un recurso de prejuzgamiento contra el Juez Rodríguez en la causa Brusa. La misma que desde febrero de este no resuelve los recursos de la defensa de los imputados.

Los jueces de esta Cámara, al no resolver a tiempo los recursos, son los responsables de las demoras de las causas y son los mismos que, se horrorizan por el tiempo que están presos sin condena, demorando paradójicamente las condenas a los genocidas.

Ya lo vivimos con las leyes de obediencia debida y de punto final, ya lo vivimos con los indultos. Siempre encuentran cómplices para evadir la justicia, siempre encuentran un atajo, un camino que los mantenga en la impunidad.

No habrá leyes, no habrá cámaras, no habrá jueces cómplices, no habrá amigos del poder, no habrá amenazas que nos detengan.

Mas temprano que tarde volverán a la cárcel. Más temprano que tarde la justicia será.

JUICIO POLITICO A LA CAMARA DE CASACION
LOS JUZGA UN TRIBUNAL LOS CONDENAMOS TODOS

COMO A LOS NAZIS LES VA A PASAR,
ADONDE VAYAN LOS IREMOS A BUSCAR
Y HASTA LA CARCEL LOS VAMOS A LLEVAR

JUICIO Y CASTIGO A TODOS LOS GENOCIDAS
CARCEL COMUN, PEPETUA Y EFECTIVA

NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS

H.I.J.O.S. Regional Santa Fe

Pérez Esquivel admite que la persecusión a los militares detenidos es política

Reportaje a Pérez Esquivel en La Nación de hoy

Cómo evalúa la reciente decisión de la Cámara de Casación?
-No me gustó la sentencia. Fue legal, pero no ética. No pueden tratar como si fuesen delincuentes comunes a quienes son responsables de crímenes de lesa humanidad. También me pregunto cómo puede ser que los juicios se hayan demorado tanto.
-¿Y cómo lo explica?
-Es un grave error de Poder Ejecutivo, también de la Justicia, que va demorando. Estos casos de figuras emblemáticas acusadas de violaciones de los derechos humanos deberían estar resueltos desde hace rato.