lunes, 20 de octubre de 2008

Dante Gullo: No supimos, no quisimos, no pudimos...bla bla y bla

ENTREVISTA DE CLAUDIO CARRAUD A DANTE GULLO
SEMANARIO GUALEGUAY AL DIA, DE AYER DOMINGO

http://www.gualeguayaldia.com.ar/?showarticle=201224495919


Entrevista al ex líder montonero Dante Gullo
“No entendimos los mensajes que Perón nos iba marcando”
Juan Carlos Dante Gullo es licenciado en Sociología y Diputado Nacional por el Frente para la Victoria. Nació el 8 de junio de 1947 y es padre de cuatro hijos: Juan Ernesto, Emiliano, Carlos y Salvador. Militante político desde que tenía quince años, cuando comenzó trabajando en grupos de solidaridad en villas y barrios obreros llegó a ser uno de los máximos dirigentes de la Juventud Peronista ( JP) en los años ’70.
“El Canca”, sobrenombre que lleva desde la época de militancia en la organización Montoneros fue uno de los responsables de la campaña “Luche y Vuelve” que culminó con el retorno al país de Juan Domingo Perón el 17 de noviembre de 1972, después de casi 18 años de exilio.
En abril de 1975 es detenido y permanece preso por más de 8 años, hasta el advenimiento de la democracia en 1983. Al poco tiempo de estar preso, su madre, Ángela Aieta de Gullo es detenida y desaparecida junto a uno de los hermanos de Dante, Salvador.
Por estos días, a partir de la aparición del libro Operación Traviata del periodista Ceferino Reato sobre el asesinato del líder sindical José Ignacio Rucci, su nombre y sus declaraciones han circulado por los medios, ya que el “Canca” Gullo ha sido uno de los protagonistas de esos años turbulentos en nuestro país.Sobre el libro Operación Traviata, Gullo sostiene: “ojala que haya muchas plumas y muchos libros que signifiquen no solo revisar nuestro pasado reciente, sino además hacer de la historia un estudio, una reflexión y obviamente un aprendizaje constante. En este caso, tanto la familia de José Ignacio Rucci como muchos dirigentes gremiales, tienen todas las prerrogativas y las posibilidades no solo de ir a la justicia sino de reivindicar la figura de José Ignacio Rucci.
Hay dos palabras, verdad y justicia que son un patrimonio de toda la sociedad”- En esta época existe una revisión de los años ’70, ¿lo ve positivo?
- Sí, yo creo que todo lo que sea apertura hacia lo que es revisar no solo los ’70, todo el peronismo y no solo el peronismo, todo el marco de problemática con tradiciones políticas, sociales y económicas de nuestra sociedad es positivo.
- ¿Cómo fue ese 25 de septiembre de 1973, el día del asesinato de Rucci?
- Ese día yo iba a reunirme nada más ni nada menos que con el general Juan Domingo Perón, después de dos días de un triunfo tan determinante como el que habíamos vivido el domingo, era un martes. Estoy en un jardín de invierno que era una casa detrás de lo que era la originaria de Gaspar Campos, (en Vicente López, provincia de Buenos Aires) estoy con Isabel y en un momento determinado aparece el jefe de la custodia Juan Esquer y anuncia que algo había pasado. Isabel se conmovió, se levantó, un pocillo se cae, grita ¿qué pasó?... el general (pensando que le había sucedido algo a Perón) Esquer dice: no… hubo un atentado, todavía no sabemos nada, pero parece que es una situación grave. Bueno, cuando yo salgo de Gaspar Campos ahí intercambio algunas palabras con el General y yo me voy con la convicción y el análisis de que el atentado había sido de la CIA, que era una provocación. Decir esto en esos momentos no era una cosa estúpida porque además veníamos de una semana donde se había generado y provocado el golpe de Chile y obviamente el asesinato de Salvador Allende, estábamos todos además muy hipersensibilizados con esto.
- Muchos dirigentes montoneros sostienen, hoy día, que fue una gran equivocación el asesinato de Rucci. ¿Hubo dirigentes que pensaron lo mismo, inmediatamente después del atentado?
- No, porque el contexto post atentado a Rucci era que, primero la organización no se hizo nunca cargo, después había versiones de distinto tipo y se vivió toda una suerte de convulsión donde nadie sabía quién era quién o quién había sido, no era vox populi.
- Después de la muerte de Perón, usted y otros dirigentes montoneros se reunieron con Ricardo Balbín, ¿cómo sucedió?
- La búsqueda de mantener un gran espacio que le de sustento -en ese momento- a la democracia era una búsqueda permanente, nosotros lo hacíamos. Yo incluso, muerto Perón hice declaraciones que decían: “ante la grave situación que nos encontramos yo creo que Balbín tendría que ser una suerte de Primer Ministro”. Digo una suerte porque la figura de Primer Ministro no estaba reflejada en nuestras normas constitucionales. El día 3 de julio yo provoco que se reúnan (Mario) Firmenich y el doctor Balbín. Yo no estoy en la reunión, porque Balbín me dijo “vení, quedate” y le digo “no doctor, porque yo con usted hablo, hablen ustedes”.
- ¿Cómo evalúa la participación de Firmenich, dentro de la organización Montoneros, en esos momentos tan convulsionados de la década del ’70?
- Yo creo que tanto la organización Montoneros y la conducción, como otros actores importantes, en esos momentos, estaban sobrepasados y ya estábamos en tiempo de descuento. Había que edificar una democracia sustentada, con capacidad de generar un amplio frente, con capacidad de darle posibilidad a canales de participación y protagonismo del pueblo, pero no era una tarea fácil. Porque además el mundo cambiaba, sobre todo el contexto latinoamericano, se estaba aplicando la doctrina de seguridad nacional, esto yo lo había hablado con Perón antes de su muerte, el mundo cambiaba. Perón veía que más allá de que Mao decía que “el Imperialismo era un tigre de papel” y más allá de lo que era la guerra en Vietnam, acá se estaba provocando una nueva situación económica en el mundo producto de los petrodólares, que iba a generar un nuevo ciclo de dominación basado en el poder económico-financiero y de los grandes centros mundiales.
- Viéndolo a la distancia tantos años después, ¿cómo evalúa la actuación de Montoneros?
- Yo creo que nosotros no entendimos los mensajes que Perón iba marcando. Perón en un determinado momento post 11 de marzo (de 1973, día que gana las elecciones presidenciales Héctor Cámpora) lanza que había llegado el momento de transmutar la fuerza generadora de violencia en fuerza generadora de reconstrucción, trabajo y paz. Y nos tendríamos que haber abocado todos a eso.
Claudio Carraud
ccarraud@hotmail.com

Erpianos y Montoneros...los terroristas argentinos a la defensiva

POR PRIMERA VEZ, LOS DEFENSORES DEL TERRORISMO EN ARGENTINA SE PONEN A LA DEFENSIVA....¡¡¡¡¡POR ALGO SERÁ!!!
Hoy, en diario Clarín, un ex monto utiliza su pluma para llorar cobardemente su cantinela...como canta la tribuna: de a poquito de a poquito de a poquito....je je
DEBATE
Ni genocidio ni crimen de lesa humanidad

El terrorismo de Estado y los asesinatos cometidos por la guerrilla merecen un tratamiento diferenciado y una condena que incluya la autocrítica.
Por:
Diego Guelar

La Argentina vivió terribles "años de plomo" entre 1970 y 1983. La violencia política, las dictaduras militares, las proscripciones políticas y sindicales, la represión social y cultural eran la regla de juego desde 1955. Los intentos de normalización de la vida política practicados por Frondizi e Illia -pese al incumplimiento de pactos con el peronismo o su lisa y llana proscripción- habían terminado en rotundos fracasos. El inicio de la guerrilla urbana marcó un punto de inflexión no por su existencia misma, sino por el proceso de reclutamiento masivo en organizaciones de superficie que adherían a la lucha armada desde la izquierda, el peronismo y el cristianismo terecermundista. La sociedad se fracturó y el peronismo -actor central de la vida política- se polarizó entre dos proyectos graficados por las consignas "La patria peronista" vis a vis "La patria socialista".La muerte de Perón -después de haber expulsado a la izquierda-, desencadenó el "primer terrorismo de Estado" -la Triple A- y la polarización entre extrema izquierda y derecha. Las Fuerzas Armadas utilizaron el argumento de "la debilidad y corrupción de las fuerzas políticas para combatir la subversión" para alzarse con el poder y cometer las mayores atrocidades de nuestra historia. La guerrilla -antes y después del golpe- consideró "operaciones militares" el asesinato individual de oficiales de fuerzas armadas y de seguridad y/o dirigentes sindicales y políticos a quienes consideraba autores y/o cómplices de la represión popular. Reivindicó también el secuestro extorsivo como forma de financiar sus actividades.Todos sabemos el saldo trágico de tales acontecimientos. Los asesinatos de Pedro Eugenio Aramburu y José Ignacio Rucci, de una parte, y el centro de detención y muerte instalado en la ESMA, fueron los símbolos máximos del drama producido utilizando el "desencuentro de los argentinos".Los que participamos en ambos bandos y los que consintieron por acción u omisión los crímenes cometidos debemos hacer una profunda autocrítica para que la sociedad toda pueda exorcizar los monstruos que nosotros mismos parimos y criamos. El terrorismo de Estado es un fenómeno único e incomparable con cualquier otro procedimiento criminal individual o grupal privado. El uso sistemático de la tortura, decenas de miles de asesinatos y el secuestro de centenas de niños robándoles su identidad, constituyen con claridad delitos de lesa humanidad. Pero no de genocidio. Comparar el régimen militar argentino con el holocausto judío, el exterminio armenio, Ruanda-Burundí o la "limpieza étnica" en Bosnia, Croacia y Kosovo es un despropósito histórico. Los crímenes cometidos por la guerrilla -ERP o montoneros- no fueron delitos de lesa humanidad. Y esto no es por atribuir sólo a los Estados la posibilidad de tales excesos, sino porque es absurdo acusar a cualquiera de las dos organizaciones de cometer actos indiscriminados de terrorismo contra la población civil. Los grupos armados que practican sistemáticamente actos de terrorismo en medios de transporte, centros comerciales, mercados, cines, teatros o iglesias cometen actos de lesa humanidad que deben ser condenados como tales y, en ese carácter, ser declarados imprescriptibles. Con la verdad y la memoria no deben hacerse concesiones. Lo que no debemos hacer es lavarnos las manos respecto de la responsabilidad colectiva en el ejercicio de las pasiones. La reflexión hacia el futuro debería apuntar a canalizar las mismas para la creatividad pacífica y la generación de bienes espirituales y materiales que mejoren la calidad de vida colectiva. Ya hemos producido muchos exiliados, quebrados anímicos, escépticos, cínicos , muertos y deudos inconsolables en una historia contemporánea que deja poco espacio para el orgullo y mucho para la vergüenza y el arrepentimiento.