
“Uno vuelve siempre, a esos viejos sitios, dónde amó la vida…”. Y uno vuelve como al seno de su madre.

sas.Y para mí, volver a Gualeguay es un poco eso. Aunque uno vuelva siempre. Aunque uno nunca se haya ido. Aunque uno siempre esté de regreso.
Viajé este fin de semana con la ilusión a cuestas.
Me encontré con el aprecio sincero de los que no simulan.
Es sábado y alguien me invita a cenar junto al río Gualeguay. En una mesa apartada hablamos de bueyes perdidos y arreglamos mil veces el mundo hasta la dos de la mañana. El buen vino siempre predispone la charla.
Y me encontré de pronto, sin quererlo, con el reconocimiento desinhibido hacia con eso que uno hace con tanta pasión. Y me encontré mil veces diciendo gracias
Y allí está uno entre los suyos. Y allí está uno volviendo emocionado a esos viejos sitios donde amó la vida…y allí están los afectos que nunca mueren porque son sinceros.

Y están los aromas.
Este fin de semana me decreté feliz. Porque en este fin de semana lo tuve todo. La sonrisa de un hijo. La mirada de mi veja. El abrazo tibio de los recuerdos imborrables, a los que encontré agazapados en cada rincón. La compañía cómplice del mate. Una imagen simple que nos revela un mundo a través de la ventana.

Mi hijo feliz con mi vieja. Su abu. Y un tata, mi suegro, feliz con su nieto.

Uno vuelve siempre a esos viejos sitios dónde amó la vida… y allí está en penumbras el cuarto de la primera juventud con sus tesoros intactos, esos que la vieja cuidó durante años para nosotros.
Un puñado de fotos que susurran tiempos tan lejanos que parecen ajenos…pero ajenos no son. Poco a poco las caras se hacen familiares y se vuelven recuerdos dulces. Y amargos.

Algunos que ya no están…
Y el fin de semana largo que va muriendo con desgano.
Yo vuelvo por la ruta masticando recuerdos. Detrás dejo mi tierra. Poco a poco se va haciendo chiquitita contra el horizonte…junto a mí los recuerdos se agigantan.
Me decreté feliz este fin de semana.
Lo fui completamente durante estos días.
Y con eso poco me basta.
Tal vez esté allí el secreto, ¿no?. Quién sabe.
Horacio R. Palma
