"En el mejor de los mundos posibles, la naturaleza no da saltos y nada sucede de golpe" (Gottfried Leibniz)
Muchas veces me han preguntado: ¿por qué?
Y otras tantas me las he preguntado yo: ¿Por qué?
Es que en un mundo dónde a la mayoría de las personas que luchan por algo, las mueve un interés económico, la pregunta cae de cajón: ¿Por qué?
Tal vez, y digo solo tal vez, en un primer momento yo hubiera respondido a esa pregunta espasmódicamente, como si tosiera…por decirlo de algún modo: “Porque sí”.
Pero claro, a los pocos meses de haber cruzado las pesadas puertas de mi querida Escuela de Comercio Celestino Marcó, hace 25 años, cuando aún la escuela era una casa vieja que habitaba los arrabales de la Plaza Constitución de Gualeguay, ya nunca más me animé a contestar con un “Porque sí”.
Me bastaron las dos primeras hojas del libro “Los Principios de la Filosofía” del profesor Adolfo Carpio, para que desde entonces me mordiera la lengua cada vez que mis entrañas insinuaban un “porque sí”. Nada es porque sí, o el principio de la razón suficiente, recuerdo que leí en el primer andar de aquél libro, y desde entonces quedé prendado de una especie de racionalismo mágico.
Es jueves, y casi está muriendo una semana trascendente. Suena mi teléfono celular, que esta semana ha sonado más que nunca. Tanto, que hasta he pensado seriamente un par de veces en tirarlo por la ventana, como un acto de cobarde liberación que se me antoja comparar con el suicidio.
Pero no esta vez, pues reconozco el número de dónde me llaman. Al otro lado, una voz ronca y apacible…. “Palma, tiene que pasar por mi casa”.
Quien me llama es “coco” Fernández, mi viejo y querido profesor de Lógica, una de las primeras materias que cursé en la facu. Fue él quién hace 25 años me obligó a leer el libro de Carpio. Y por esas cosas de la vida, que los racionalistas saben bien que nunca suceden porque sí, este año a don “coco” lo he reencontrado por cuestiones laborales.
Y ante su estoica insistencia, ese mismo jueves pasé por el coqueto departamento de “coco”, una planta baja señorial en la esquina de Mendoza y Vuelta de Obligado.
Y entonces la sorpresa, sabiendo de mi vieja hipnosis racionalista de juventud, Fernández me hacía ir a su casa para regalarme el libro de Carpio.
25 años después, volví a reencontrarme con sus hojas.
Usted sabe, estimado lector, que desde hace muchos pero muchos años estoy abocado a la lucha, por momentos ingrata, de hacer conocer esa parte de la historia Argentina que durante tantos años, la Historia Oficial, sospechosa y tercamente ha intentado silenciar. “La otra parte de la verdad”, como bien la llamó el amigo Nicolás Márquez, en un libro que recomiendo.
Memoria, Verdad y Justicia. Con esta tríada de ideas, la resaca terrorista que desde los años 60 tibiamente, pero con singular saña asesina en los 70, enlutaron a nuestro país y combatieron la democracia asesinando gente, llevan adelante la venganza cultural y judicial de su estrepitosa derrota militar. Durante más de 20 años, están abocados en ocultar la historia, y encubrir a sus asesinatos.
Muchos funcionaros de hoy, tienen sus manos manchadas con sangre de argentinos.
Y en esa lucha por hacer conocer la parte oculta de la violencia terrorista en Argentina, tuve la suerte de conocer a tres personas cuyas historias me conmovieron las entrañas. José María Sacheri, Gonzalo Fernández Cutiellos, y Silvia Ibarzábal.
Los tres, son Víctimas argentinas de un terrorismo que la historia oficial ha querido silenciar. Y sus historias, hasta hace poco tiempo, no eran conocidas por nadie.
A José María Sacheri, el grupo terrorista argentino “ERP” le asesinó a su padre un 22 de diciembre de 1.974. Le vaciaron el cargador de una pistola en la cabeza, cuando el profesor Sacheri volvía de misa con su esposa y 7, de sus 10 hijos.
Gonzalo Fernández Cutiellos, es hermano de Horacio Fernández Cutiellos, quien en enero de 1.989 era el segundo jefe del Cuartel de La Tablada. El 23 de enero de aquél año de luto para la democracia argentina, un grupo terrorista denominado “Todos por la Patria”, atacó y copó el cuartel. Para entrar, fusilaron a los soldados de la guardia. La acción terrorista fue comandada por Enrique Gorriarán Merlo, quien en los años 70 había sido uno de los principales miembros del ERP.
Silvia Ibarzábal es hija Jorge Ibarzábal, quien fue secuestrado por un grupo de terroristas el 19 de enero de 1.974, al intentar copar el regimiento de Azul. Ibarzábal fue secuestrado durante 9 meses, y lo tuvieron escondido en distintos pozos a los que los terroristas llamaban «cárceles del pueblo». El 19 de noviembre de 1.974, cuando el teniente coronel Ibarzábal era trasladado dentro de un armario, en la caja de una furgoneta, los terroristas fueron detenidos por un control caminero. Se asustaron, se bajaron de la camioneta, y antes de intentar la fuga a los tiros, asesinaron a balazos a Ibarzábal, que iba drogado, atado, y amordazado adentro de un armario.
Unos años después conocí a Arturo Larrabure, hijo de Argentino del Valle Larrabure, a quien un grupo terrorista conformado por 120 personas, secuestró en la Fábrica Militar de Villa María, en Córdoba. Fue un 11 de agosto de 1.974, durante el gobierno de Isabel Perón. 372 días después, un 23 de agosto de 1.975, Larrabure apareció tirado en una zanja de la ciudad de Rosario. Tenía 47 kilos menos, y evidentes signos de haber sido torturado. A Larrabure lo asesinaron, lo congelaron, y luego lo tiraron en una zanja de la ciudad de Rosario. Sus carceleros y asesinos, todos, están “homenajeados” hoy en el Parque de la Memoria, levantado en la Costanera de la Ciudad de Buenos Aires.
Larrabure, murió pidiendo a su familia que nunca odiaran a sus asesinos.
Comento esto, pues con todos ellos, y con otros muchos familiares Víctimas del Terrorismo de Argentina, compartimos esta semana el acto de homenaje que, como todos los años, se realiza en la Plaza San Martín de la ciudad de Buenos Aires.
Son la Víctimas olvidadas de la Argentina. Olvidadas por la historia, y olvidadas por la justicia. De todas maneras, y a pesar de los pesares, ellos desde hace muchos años luchan por sus causas. Arturo Larrabure es quién ha hecho punta en la batalla judicial. Logró reabrir la causa de su padre asesinado, y luchó hasta que el fiscal de Rosario, Dr. Palacín, y el juez Bailaque, atiendan y entiendan que el asesinato de su padre es un delito de Lesa Humanidad, y por lo tanto…imprescriptible.
Si bien el caso Rucci es hoy el más mediático, el de Larrabure es el que ha llegado más lejos en la dolorosa batalla judicial, en las que Esteban Righi, Procurador General de la Nación, y virtual jefe de los fiscales, milita para que los terroristas del Erp, Montoneros, Far y Fap, queden impunes. Tendrá Righi sus razones…
Pero José María, Gonzalo, Silvia y Arturo siguen adelante. Estoy convencido que ellos, serán los artífices responsables de cambiar la historia de mentiras que desde hace más de 20 años se cuenta en Argentina. Los conozco, y sé que serán capaces de transformar positivamente su dolor, en recuperar la parte de la historia que nos han querido ocultar.
¿Por qué renegás tanto por contar esas historias, Horacio?... me preguntan una y mil veces. Es que yo también quiero Memoria, Verdad y Justicia. Pero una Memoria que sea completa. Una Verdad seria, aunque duela. Y una Justicia que sea igual para todos.
Una razón suficiente…