¡¡OCUPADOOOO!!

“Yo me voy a casar, aunque sea una unión civil, y esa palabra a muchos no les guste” (Roberto Piazza)
Estaban divinos. No me diga que no.
Y hablaron de todo, sin “pelos en la lengua” como decía mi abuelita. No, Bibita no, mi otra abuelita, la que me legó todos esos apellidos que quedaron sumergidos tras el orgulloso Palma. ¡Uy!, que me perdone el Inadi, el Instituto nacional ése que vela por las minorías argentinas y las malas costumbres nacionales… pero bueno, qué le voy a hacer si yo soy de la época en que era normal tener dos abuelitas mujeres y dos abuelitos varones. Ojo, no estoy discriminando, solo estoy contando un hecho cierto de la realidad que me tocó vivir. ¡Ay!, ya estoy hablando como heterosexual traumado.
Pero me fui de tema, decía que ellos estaban divinos. Que hablaron de todo, sino pelos en la lengua, y que mostraron todo, hasta los pelos del… no, hasta acá llego. Más no.
¿Cómo que quiénes?, a ver, le doy una ayudita.
Uno es una “loca suelta”. El otro es un famoso diseñador de ropa, que prefiere que le digan puto. Bueno bueno (como decía el gran Cornelio, que era Albornoz), cálmese estimado lector, no se incomode ante la palabra puto, es que al tipo no le gustan los eufemismos, y como yo no soy eufemístico...
Y los dos se casaron… ¡Perdón!...se unieron en unión civil. Dieron el sí. Diéronse mutuamente el sí.
Uno es Walter Vázquez, y la masividad argentina recién se enteró de su existencia en estas semanas. El otro es más conocido que los Village People, es entrerriano y se llama Roberto Piazza. Ambos son pareja desde hace 9 años.
“Ningún puto vivió nada feliz”, repite hasta el cansancio Roberto, que es Piazza, mientras da su nota número un millón. Es que hace varias semanas que están en la picota, en el candelero, en boca de todos, pues son la pareja elegida por el Inadi para renovar la incansable “batalla social” hacia el acostumbramiento del cambalache nacional…ya está, ya nos arrearon hacia ese “mismo lodo…todos manoseados”
Es una estrategia. Discutible o no, pero estrategia al fin.
María José Lubertino, titular del Inadi y una de las madrinas de esta promocionada unión civil de fastuosidad obscena, (No, Mariquita Valenzuela no fue. O no se les ocurrió) convenció a Roberto Piazza para que pasara por el Registro Civil y se uniera en unión civil con su pareja de siempre. El Inadi necesitaba una especie de “renunciamiento histórico” de Roberto, el mismo que mil veces había jurado que no pasaría jamás por el Registro Civil, y renovar así la alicaída campaña nacional contra la pacatería social mayoritaria. Esa pacatería “dinosáurica” que recela de la militancia gay, y prefiere la desacreditada ortodoxia de la heterosexualidad silenciosa. Los raros que aún creen en esa institución demodé llamada Matrimonio. Aclaro para los distraídos, o para los adoctrinados por el sistema, que cuando digo Matrimonio, me refiero estrictamente a lo que lo que significa: la unión entre un Hombre y una Mujer (perdón por el anacronismo).
La idea de incentivar el relajo salió bastante bien. Si hasta se consiguieron para la unión civil un tipo disfrazado de ¡!cura!!, que empezó la semana diciendo que era un cura católico, y terminó dando confusas explicaciones de que aún su “iglesia” no está registrada en el registro de Culto...no importa, al cura trucho lo llamaron a silencio, pero su “truchada” no es nada que el Inadi y una presidenta cholula y populista no puedan remediar a decretazo limpio.
Y como corresponde, la pareja Piazza – Vázquez se compenetró en la militancia de la propaganda. Repitieron hasta el hartazgo la palabra casamiento. Y hasta el hartazgo la palabra matrimonio. Y aclararon que esto era un primer paso en la lucha.
“El que avisa no traiciona” decía mi abuelo. Y ahora no me pregunten cuál de mis abuelos lo decía. Y ellos avisaron que en poco tiempo (es el Inadi quien impone la agenda de estas batallas), los tortrolitos, perdón, perdón, quise escribir los tortolitos (esta palabra no la decían mis abuelos, sino que siempre la dice mi vieja, que es mujer), los tortolitos irán por la lucha de adoptar un bebé. Es la batalla que se viene. Y calculo que querrán adoptar un bebé gay. Digo, como ellos afirman que gay se nace, supongo que podrán elegir. Después de todo estamos en un país libre, aunque los jueces reunidos en Córdoba hayan dicho lo contrario. ¡Estos jueces también!
Eufórica, a la salida del Registro Civil, la Lubertino consideró "muy importante que dos personas conocidas conviertan esto (su unión) en un acto político también".
¡La puta!...la ¡pucha! como decía mi tío, que no era gay pero los miraba con cariño.
Hace unos años…y cuando digo “unos años” digo como 20, ser transgresor era decir dos malas palabras por la tele. Pinti, Gasalla, Perciavalle, o el primer Pergollini, se plantaban frente a la cámara diciendo caca, culo o teta, y con eso gastaban su cuota de trasgresión. Comenzaba por entonces la “batalla de acostumbramiento”.
Despacito, como sin darnos cuenta, 20 años después, el relajo nos ganó la batalla.
A ver, obviamente no estoy escribiendo aquí desde ningún púlpito sacrosanto. ¿Clarito?
Tampoco escribo desde la postura imbécil del que señala hipócritamente al otro. Sí escribo haciendo uso de mi libertad y mi derecho de opinar.
Y me hago cargo lo que opino.
“Señora, si no le gusta cambie de canal”, aconseja Piazza, el “dios” argentino de la semana, mientras se mata a besos de lengua en cámara con su flamante… ¿esposo?, ¿marida?, le dejo mejor el honor de ponerle el nombre que corresponda a María José Lubertino, la actual gerente general del lobby nacional a favor del relajo.
No, no y no. Y mil veces no. Yo creo que así no es la cosa. Y no lo debe ser ni para los Piazza ni para los Tinelli.
Ni el relajo de Piaza se puede disculpar en una lucha contra una discriminación, que de hecho, en Argentina ya no existe más que en la cabeza de algunos homosexuales traumados. Ni el relajo de Tinnelli se puede disculpar en el rating ni en “los tiempos que corren”. Pero ahora es tarde, claro. El relajo ya está servido.
Una mina o un tipo, desnudos, refregándose contra un caño, lamentablemente, es hoy una imagen corriente en la televisión argentina, y la reproducen hasta el hartazgo desde la mañana hasta la noche. Y se nos mete sin pedir permiso en living de casa.
Dos putos a los besos en la cama, es la imagen que inundó la tele y las revistas en estos días de la tan promocionada unión civil de Piazza y Vázquez…y se nos metió sin pedir permiso en cada una de nuestras casas. Es lo que hay. El relajo en tiempo real.
Y la excusa no puede ser… “señora, si no le gusta, cambie de canal”. Porque la realidad no es así. Con esa excusa berreta, entonces, podemos permitirlo todo. Esta excusa berreta es la excusa perfecta para lo que viene: el relajo total.
Mientras cenábamos esta semana en familia, un Tinelli cada vez más verde, apareció oliendo el traste de una mina y se nos sentó a la mesa sin permiso. Y un Piazza impúdico, posando con su mentón en el traste desnudo del “hombre de sus sueños” se nos sentó también sin permiso en la mesa familiar…
¡Puf!, desde mi entrañable pacatería, yo añoré con fuerza aquellos “oscuros” viejos tiempos, en que la gente cerraba la puerta del baño cuando se sentaba a cagar.