viernes, 19 de septiembre de 2008

Presentación del libro del Dr. Nicolás Márquez

EL VIETNAM ARGENTINO


PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE NICOLÁS MÁRQUEZ EL PASADO 17 DE SEPTIEMBRE DE 2.008 EN EL CENTRO NAVAL (CAP. FED.)
(ver video)


MÁS DE RUCCI...ahora por Pacho O´Donnell

De cómo el tiro...a los terroristas enquistados en los "Derechos Humanos" de Argentina...les saldrá por la culata



Rucci: un crimen impune
Por Pacho O´Donnell

Para LA NACION


El paradigma que ha dominado en la Argentina la interpretación de los luctuosos años 70 establece que todo lo que se opuso a la dictadura del Proceso es bueno y todo cuestionamiento a las organizaciones guerrilleras es malo. Así lo impone la "corrección política" imperante hasta el hartazgo.
De acuerdo con ella, los montoneros fueron mártires inmolados por el terrorismo de Estado. No se está lejos de la verdad, por cuanto muchos de ellos -también casi todos los autores del asesinato de José Rucci- murieron en acción, con muertes horribles a manos de torturadores y asesinos. Pero también es cierto que los montoneros asesinaron, secuestraron e incendiaron. Ello obliga a pensar que si fueran dignos de admiración lo serían también por ello. La memoria no puede mutilar lo que ellos sostuvieron con su vida, pero también con las de los demás.
Esto tiene que ver con el modelo con el que los guerrilleros se identificaron, el Che Guevara, quien debe ser considerado en su verdadera perspectiva histórica y política. No fue solamente alguien que murió por sus ideales: también mató por ellos. Fue él quien apoyó su revólver en la sien del campesino Eutimio Guerra, como él mismo lo cuenta en su diario, y disparó por sospechar que era un traidor. También fue Guevara quien presidió los juicios populares en la fortaleza de La Cabaña, donde se fusiló a un millar de personeros de Batista.
El asesinato de Rucci a manos de los montoneros significó un error de tales dimensiones que fue clave en su derrota y además abrió el camino al endurecimiento de la salvaje represión estatal, primero a cargo de la Triple A y luego de la ominosa dictadura cívico-militar presidida por Videla.
El libro de reciente publicación Operación Traviata , de Ceferino Reato, despeja todas las incógnitas: ahora sabemos quiénes tomaron la decisión, por qué lo hicieron, cómo averiguaron el domicilio del sindicalista, el nombre de los integrantes del comando a cargo de la operación, cuál fue la estrategia, quién disparó la bala letal, desde dónde lo hizo, qué arma utilizó, cómo escaparon, qué señal dejaron para que no hubiera dudas de que habían sido los "montos", etc. Es una meticulosa y atrapante reconstrucción, aderezada con confesiones e infidencias inéditas de protagonistas y testigos del crimen, algunos de ellos nunca entrevistados hasta hoy.
El hecho de que hayamos tenido que esperar tantos años para saberlo es una clara evidencia del vigoroso funcionamiento del paradigma al que nos referimos antes. Ese paradigma ha sido fogoneado por el actual gobierno, integrado en altos niveles por ex integrantes de la guerrilla peronista. Eso mismo explica que los asesinos hayan sido hasta hoy protegidos por la impunidad, ya que nunca se encaró una investigación sobre aquellos hechos.
El asesinato de Rucci fue consecuencia del conflicto de Perón con los montoneros. Para éstos, el triunfo electoral del peronismo que llevó a Cámpora a la presidencia, del que se sentían principales responsables, era sólo un capítulo dentro de su estrategia de captura del poder, para llevar a la Argentina hacia el confuso socialismo autoritario que pregonaban. Era éste una mezcla del catolicismo nacionalista del que provenían con un marxismo aprendido a las apuradas.
Sus militantes cantaban "Perón, Evita, la patria socialista" y se sentían provocados cuando escuchaban "Perón, Evita, la patria peronista", estribillo que entonaba la ortodoxia justicialista, especialmente el poderoso gremialismo, que consideraba que la lucha debía terminar con el regreso del peronismo al gobierno: recordaban lo bien que les había ido en los primeros gobiernos del general.
La insaciabilidad de las "formaciones especiales", que Perón había alentado durante su exilio, hizo que no se conformaran con el poder que, con su anuencia, les había sido concedido en el gobierno camporista: integrantes o simpatizantes suyos estaban al frente de los ministerios del Interior, de Relaciones Exteriores, de Educación, de Justicia y de otras muchas secretarías, subsecretarías y direcciones del Estado. Controlaban casi todas las universidades nacionales, entre ellas la de Buenos Aires. Seis provincias les respondían, entre ellas Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. El jefe y la cúpula del Ejército sostenían una empática relación que los llevó a emprender acciones conjuntas. Como si fuera poco, el hijo del Presidente no disimulaba su simpatía por los montoneros.
Sin embargo, consideraron que Perón los había traicionado y que era demasiado sensible a las presiones de la "derecha", como ellos llamaban a la ortodoxia peronista. Especialmente ofuscados por los sucesos de Ezeiza, cuando el General regresó a la Argentina, jornada en la que, como metáfora, sus enemigos ocuparon el palco y dominaron la concentración, decidieron dar un golpe para demostrarle a Perón que ellos también tenían fuerza y que era riesgoso no tenerlos en cuenta.
Fue para ello que decidieron asesinar a alguien a quien Perón apreciaba especialmente por su lealtad, alguien por el que sentía un afecto personal: el secretario general de la CGT, José Rucci. Y decidieron hacerlo en una fecha especial: apenas dos días después del triunfo de Perón en las elecciones presidenciales.
Las consecuencias del atentado fueron en dirección contraria a lo que esperaban sus autores: Perón estalló de rabia y poco tiempo después los agravió y los echó de la Plaza de Mayo; los apostrofó como "infiltrados". Tampoco fue casual que dos meses después de lo de Rucci hiciera su sangriento debut la Triple A de López Rega, cuyo propósito manifiesto era exterminarlos. Los montoneros perdieron, una a una, sus posiciones de privilegio en el Estado, en las provincias, en las universidades.
Tratándose de un crimen de lesa humanidad, su investigación, esclarecimiento y condena no puede seguir demorándose, en bien de nuestra justicia democrática e imparcial. Y que paguen los deban que pagar, aunque tengan protección política

Padres terroristas, Madres ausentes: HIJOS violentos


ELLOS "NUNCA" EJERCEN LA VIOLENCIA
ELLOS SON "TOLERANTES"
ELLOS SON "DEMOCRÁTICOS"
ELLOS "ACEPTAN AL QUE PIENSA DISTINTO"


ESO SÍ, CADA VEZ QUE PUEDEN...LE ROMPEN LA CABEZA A ALGUNO

LA HISTORIA VIOLENTA DE LOS HIJOS DE LA VIOLENCIA, AYER LE TOCÓ EL TURNO AL EX GOBERNADOR FELIPE SOLÁ
"Felipe Solá fue agredido ayer en Neuquén, mientas daba una charla en al Universidad del Comahue. Militantes de agrupación HIJOS lo insultaron, le pegaron y escupieron reclamándole la aparición de Julio López.
Cerca de las siete de la tarde estaba por comenzar la conferencia sobre economía internacional por la facultad de Economía cuando manifestantes de Derechos Humanos coparon el aula a los gritos e insultos, el ex gobernador de Buenos Aires recibió empujones y palazos. Los agravios siguieron hasta el estacionamiento de la institución y Solá pudo salir del lugar en un auto
de un profesor. Mientras se marchaba, de una pedrada le rompieron la luneta y arrojaron una potente bomba de estruendo . Algunos jóvenes corrieron al rodado y ensayaron patadas voladoras contra las puertas: "Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar", le cantaron. Según publicó el diario Río Negro. La protesta fue encabezada por la agrupación HIJOS, a dos años de la desaparición del albañil Jorge Julio López"