miércoles, 3 de septiembre de 2008

Dos fotos...y un abismo




Entre estas dos fotos hay un mundo.
Hay muchas vidas.
Hay demasiadas muertes.
Hay toda una historia de mentiras contadas como verdades.
Hay un abismo enorme que separa a los corajudos, de los cagones.

En las dos fotos hay un policía de la provincia de Buenos Aires.
En la foto vieja, que es de los años 70, un policía descosido a balazos cuelga de un gancho de carnicería. Los terroristas de entonces lo colgaron del cogote para que se desangre.

La otra foto es reciente. Apenas tiene 7 días. En ella un policía de la ciudad de Azul mira impávido, cómo una turba arremete contra un viejo militar, detenido por haber luchado en la guerra de los 70, de cuando los terroristas descosían argentinos a balazos.

A quien me diga que en los 70 no hubo una guerra en Argentina, lo invito a que mire nuevamente esa foto del policía descosido a balazos, que los terroristas colgaron de la nuca en el gancho de una carnicería para que desangrara.

Observen ahora la cara de pánico del policía que, testigo de la agresión de los grupos de las organizaciones de derechos humanos en la ciudad de Azul, no atina más que a una mueca: Está cagado de miedo. Y se le nota.
Y eso que, seguramente, jamás vio la foto de cuando en los 70, a sus camaradas, estos mismos que ahora presionan a los jueces y tiran huevazos a tipos de 80 años que caminan esposados, los descosían a balazos, y los colgaban de la nuca, en un gancho de la carnicería para que se desangraran despacito.

Entre estas dos fotos hay un mundo.
Hay muchas vidas.
Hay demasiadas muertes.
Hay toda una historia de mentiras contadas como verdades.
Y hay un abismo enorme que separa a los corajudos, de los cagones
"Y pensar que estos milicos asesinos llegan a su casa y juegan con sus nietitos..." grita alguien desde la impunidad de la turba.
Yo vuelvo a mirar la foto del policía descosido a balazos que los terroristas colgaron del cogote en un gacho de la carnicería, para que se desangre bien...y pienso que el que hizo eso, sea tal vez hoy... uno de los tantos "testigos compungidos", en algunos de los muchos "juicios por la verdad"...que son mentira.
La guerra de los 70 la ganó la Patria, gracias a los corajudos.
La de hoy la estamos perdiendo…por culpa de los cobardes que miran… y callan.

Sólo ellos son "Derechos"...y solo ellos "Humanos"

“Solo con la justicia se cierran las heridas”.

Ahora el cuentito de las organizaciones de derechos humanos de Argentina, es éste.
¿No es lindo escuchar a las “abuelitas” contarnos este cuentito?
¿No es ejemplar escuchar al Secretario de Derechos Humanos de Argentina, Dr. Luis E. Duhalde, contarnos este cuentito?
Claro que el mandamás de los derechos de algunos humanos de esta Argentina de instituciones copadas por los terroristas de ayer, y las mamás y abuelas de los terroristas argentinos que durante una década mataron si miramientos a más de 1.500 personas, han mutado el discurso según los vientos.
En la inauguración del Espacio de la Memoria imbécil, en el viejo aeropuerto de Trelew, Duhalde dijo acerca de los terroristas detenidos y enjuiciados en los 70: “…Mientras tanto, las cárceles se poblaron de centenares de presos políticos. Los penales de Villa Devoto, Rawson, Resistencia, Villa Urquiza en Tucumán y la Penitenciaria de Córdoba, fueron los principales centros de detención, donde llegaban previa tortura, para esperar la parodia de juicio ante un tribunal ilegal: el llamado Camarón…”
¡Oia!, ¿no es que solo con la justicia se cierran heridas?

¿Quién los entiende?, resulta que cuando el gobierno militar utilizó la justicia para detener y enjuiciar a los miembros de las bandas terroristas, el entonces defensor de los terroristas detenidos, y ahora Secretario de Estado, lo critica.

Duhalde en su discurso llama “Camarón”, despectivamente, a la Cámara Federal en lo Penal de la Nación, que comenzó a actuar en julio de 1971, y lo hizo hasta mayo de 1973. Dicha Cámara dictó, en tres años, unas 600 sentencias condenatorias, y otras tantas absolutorias. Y al momento de su disolución, había 500 detenidos esperando su resolución.
El Dr. Dalla Fontana comentó en una nota reciente que “ninguna de las sentencias de aquella Cámara, fue revisada ni siquiera fue anulada ni revocada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y fue reconocido su accionar y eficacia, hasta por el Tribunal que juzgó a los Comandantes de las Fuerzas Armadas”

Pero llegó entonces el gobierno de Cámpora. El gobierno de los Abal Medina, de los Righi, de los Dante Gullo, del mismísimo Luis Duhalde…y en menos de 24hs. el gobierno sancionó la Ley Nº 20.508, que amnistió a todos los condenados por delitos de terrorismo. Y por delitos comunes también. Un lindo combo…total.
Las crónicas de entonces dicen que en realidad, para cuando salió la ley, los terroristas y los presos comunes ya habían sido liberados.

El 5 de octubre de 2.006, el Dr. José María Sacheri extendió su mano abierta a los asesinos de su padre. Fue en un acto realizado en Plaza San Martín, en memoria de las Víctimas del Terrorismo de Argentina.
Un día después, el Secretario de Derechos Humanos, don Luis Eduardo Duhalde, quién sino, contestó: “rechazo por trasnochado e inviable legalmente, todo reclamo de amnistía para los genocidas, porque repugna a la ética y porque jurídicamente los crímenes de lesa humanidad, por su gravedad y naturaleza imprescriptibles, no pueden ser indultados ni amnistiados".
Quien por entonces ofrecía su mano tendida, no era cualquier persona.
Quién lo hizo con virtud Cristiana fue José María, hijo del profesor Carlos Sacheri, asesinado por los terroristas argentinos del Erp.
José María era el mayor de sus hijos, tenía entonces 14 años.
Y él mismo relató lo que vivió aquél día: "Fué un domingo a la mañana temprano. Ni madre pasó a buscarnos a mi padre y a mis siete hermanos a la salida de misa (en la Catedral de San Isidro) y nos dirigimos hacia casa, vivíamos en la avenida del Libertador. Tuvo que detenerse para esperar a unos autos que venían contramano. Yo estaba distraído. Escuche un estampido muy fuerte y pensé en décima de segundo, que había estallado un petardo, ya que era el 22 de diciembre; faltaban dos días para Navidad. Miré hacia la derecha y vi la cara de un hombre - el asesino- que hoy, pese a que ha pasado más de 20 años, la tengo perfectamente grabada en mi mente. Iba en un Peugeot 504 celeste. Cuando de pronto escucho el grito de mi madre y veo a mi padre con la cabeza inclinada, sangrando y todos en derredor bañados en sangre. En el asiento de adelante íbamos mi madre con mi padre y Clara, la más pequeña de todos, que tenía entonces 2 años, en su falda y yo del lado de la puerta. En el asiento trasero venían mis otros hermanos con unos amigos. Enseguida llevaron a mi padre al Hospital de San Isidro y allí estuvo unas horas en terapia intensiva, al cabo de las cuales murió"

Los asesinos de Sacheri habían sido amnistiados años antes, por una ley fogoneada por el mismísimo Duhalde, que hoy, casualmente… descree en las Amnistías. Y los asesinos de Rucci, y los de Mor Roig, y los de Sallustro, y los de…

Curiosa visión de Derechos Humanos tiene nuestro Secretario. Para él, este tipo de asesinatos a civiles, por la espalda, a sangre fía, y en pleno gobierno Constitucional, y por reos que, habiendo estado detenidos y a disposición de la justicia, fueron beneficiados por una ley de Amnistía que se promulgó en 24hs., digo, para este señor, y para todos los organismos vernáculos de derechos humanos, estos crímenes no lesionan a la Humanidad. La Humanidad argentina es distinta. Es solo de ellos.

La Ley que amnistió a miles de terroristas detenidos en los 70, decía en su artículo 1º que quedaban amnistiados por dicha norma los hechos ejecutados hasta el 25/05/1973, a saber: los perpetrados por móviles políticos, sociales gremiales o estudiantiles, cualquiera sea el bien jurídico lesionado, el modo de comisión y la valoración que merezca la finalidad perseguida mediante la realización del hecho (inc. a); la participación en asociaciones ilícitas con fines políticos, gremiales, sociales o estudiantiles y los hechos cometidos como tales; los realizados durantes movilizaciones, actos de protesta, toma de fábricas, paro, u otra medida de fuerza o para servir a estas .
En el mismo acto, quedó disuelta la Cámara Federal en lo Penal de la Nación y sus jueces fueron cesados en sus cargos.

“Nosotros perseguimos justicia y no venganza”, gritan ahora los terroristas de ayer. Pero veamos qué sucedió con aquellos jueces cesanteados: En el año 1974, más precisamente el 28 de abril, fue asesinado el Dr. Jorge Vicente Quiroga. El Dr. Munilla Lacasa sufrió un atentado pero salvó su vida de milagro cuando iba a ser ultimado a balazos y el Dr. Bianco – Secretario General de la Cámara – fue secuestrado durante un mes y medio. Al Dr. Bianco lo secuestró el Erp 22 de agosto (el mismo que asesinó a Sacherí), para sacarle información bajo tortura sobre el juez Quiroga. No, estos delitos tampoco lesionan a la Humanidad.
Otro de los jueces de aquella Cámara fue el Dr. Jaime Smart, hoy enjuiciado por la runfla terrorista. El dr. Jaime Smart cuenta: “…Cuando fracasa el atentado al Dr. Munilla Lacasa, la mayoría nos vamos del país. Yo me fui a Venezuela con el Dr. Munilla Lacasa, el Dr. Malbrán se fue a Perú, Ure y Díaz Reynolds a Uruguay, Fassi (fiscal) a México”.

Así las cosas, y haciendo un breve repaso de la historia, uno encuentra lo que es obvio. Que el discurso que esgrimen hoy los terroristas de ayer, es totalmente falso.
Ellos no creen en la justicia, sino que se sirven de ella.
No defienden los Derechos Humanos, sino que con esa bandera buscan la impunidad de miles de asesinos.

Ellos han movido inteligentemente sus fichas… ¿qué tal jugaremos nosotros?.