sábado, 2 de agosto de 2008

Más, sobre las "Putativas" de los Kirchner...y van

Acusan a las "Madres" de "patotear" e incumplir promesas

Noticias Yahoo
La partida otorgada para que se construyan 500 viviendas en dicho barrio porteño es de 2 millones de pesos. Y, pese a la oposición del jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, para que dicha suma sea otorgada a la Fundación Madres de Plaza de Mayo, el proyecto recayó en manos de esa entidad de derechos humanos.

Sin embargo, Margarita Barrientos, la fundadora del conocido y emblemático comedor Los Piletones, denunció que las obras "están todas a medio hacer" y que "hace dos semanas que está paralizada" la construcción de las casas. También, según consigna el diario Ámbito Financiero, "todo comenzó a construirse sobre cimientos muy inestables", por lo que se están produciendo roturas en las viviendas". También remarcó que que todo está rodeado por basurales que comenzaron a ser parte del paisaje cotidiano del lugar.

Según un convenio que se encuentra debidamente rubricado entre la Nación y la Ciudad, las viviendas deberían haberse terminado a principios de año. "Nada de lo que dijeron, lo cumplieron", sintetizó Barrientos.

Asimismo, la líder barrial apuntó contra Sergio Schoclender y se refirió a los activistas de Madres de Plaza de Mayo que realizaron cortes el martes pasado en General Paz y Riccheri describiendo que "todos los que estaban allí habían sido ordenados por la Fundación para hacer lío". También deslizó que patotearon a los habitantes del lugar que interrogan sobre el avance de las obras.

"A veces, si uno pide las cosas de buena manera, puede hasta conseguir muchísimo más que lo que quizás prevé en un principio. No hace falta la intimidación para conseguir las cosas", disparó Barrientos en un tiro por elevación a Bonafini.

30 AÑOS SIN JUSTICIA

















PAULA LAM
BRUSCHINI : 15 AÑOS
ASESINADA EL 1 DE AGOSTO DE 1978 POR MONTONEROS
A 30 AÑOS
¡ PROHIBIDO OLVIDAR !
ARGENTINOS POR LA MEMORIA COMPLETA
www.memoriacompleta.com.ar


"Han pasado treinta años de la muerte de mi hermana Paula, y no puedo olvidarla. ¡Cuánto la extraño! "Treinta años de dolor, treinta años sin justicia, treinta años sin memoria. "Hoy son pocos los que se acuerdan de ella.
"Fue una víctima inocente, olvidada en el tiempo e incapaz de hacerse oír."
Ana Lambruschini de Pintos

Por Victoria Villarruoel
Un 1° de agosto, durante la noche y mientras la gente dormía, una poderosa bomba explotó en el corazón de Barrio Norte. Dos edificios fueron el centro de la locura terrorista, que ese día eligió una zona densamente poblada para infligir el mayor daño posible a una familia y a todos aquellos que vivieran cerca.
El atentado quedó en la memoria de la sociedad con nombre propio, ya que se lo conoce como el atentado a Paula Lambruschini, por ser ella, una adolescente de 15 años, la primera víctima fatal.
Esa madrugada Paula dormía. Se había acostado pensando en el colegio y en las tareas que debía entregar durante la mañana. Margarita, una vecina de 82 años, también estaba descansando. Ricardo otro vecino, dormía. El barrio estaba en silencio. Los tres no despertaron jamás. Una bomba depositada por la organización Montoneros terminó con sus vidas, sus aspiraciones y aplastó sus derechos humanos.
Los vecinos despertaron entre escombros, con vidrios rotos en sus camas. Los gritos desgarradores y el llanto se apoderaron de esa cuadra, que supo ser tranquila y que se había convertido en un escenario de la guerra. Pacheco de Melo entre Ayacucho y Junín se llenó de humo, sangre, escombros y automóviles destruidos. Dos edificios resultaron estructuralmente inestables y debieron ser demolidos.
Hace treinta años, Paula Lambruschini dejó de ser una adolescente llena de promesas para convertirse en una víctima del terrorismo. En ese mismo instante, la acompañaron Margarita Obarrio de Vila y Ricardo Alvarez, ciudadanos inocentes como todos los que fueron agredidos por las organizaciones terroristas responsables de más de 21.600 atentados.
Ese 1° de agosto comenzó el digno y silencioso dolor de varias familias que perdieron a sus seres queridos, que sufrieron heridas o perdieron sus bienes. Esperaron que el Estado les reconociera sus derechos humanos pero, lamentablemente, a más de 30 años de estos terribles sucesos, el Estado está empeñado en mostrar sólo una porción de la historia, ignorando a quienes como Paula, Margarita, Ricardo y tantos miles más, no optaron por el camino de las armas para obtener el poder. Sin embargo, la obligación primigenia del Estado de proteger a sus ciudadanos miembros de la población civil y no combatiente, se encontraría guiada por intereses e ideologías que impiden la Justicia en la Argentina para aquellos que fueron víctimas del accionar terrorista.
En los últimos lustros, el movimiento de los derechos humanos ha evitado deliberadamente asistir y proteger a las víctimas del terrorismo. En estos años, el Estado ha dictado varias leyes de reparación y diversos beneficios para los ex combatientes de las organizaciones armadas y sus familiares. Pero lo más lamentable es que se ha reescrito la historia reciente de los argentinos y en ella no existen Paula, Margarita o Ricardo. Es un relato donde los victimarios devienen en víctimas y, como tales, gozan de la impunidad que otorga el silenciamiento obligatorio al que están destinados estos miles de argentinos y extranjeros. Parecería que la sociedad aún no reparó detenidamente en el hecho de que los terroristas, antes de ser damnificados, fueron verdugos de la sociedad civil, pues ser ex terrorista no es lo mismo que ser víctima del terrorismo, aunque les asistan los correspondientes derechos humanos para aquellos que quebrantan el orden público.
Es una historia que, ante la reapertura de una causa judicial, como la Causa Larrabure, da origen a la resolución 158/07, por la cual se ordenó a los fiscales excluir de la categoría de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra a los asesinatos, secuestros y torturas realizados por la guerrilla. Su autor fue el procurador general de la Nación y ex ministro del Interior durante el gobierno de Cámpora, Esteban Righi, un funcionario que al menos debería haberse excusado por su participación en la firma de la generosa amnistía a los terroristas en 1973. O el fallo de la jueza Servini de Cubría sobre un dictamen del fiscal Berlanda, que sobreseyó a reconocidos combatientes montoneros, acusados de integrar la célula que puso la bomba en el comedor de la Policía Federal, donde perdieron la vida 24 argentinos y más de 60 resultaron heridos, bajo la excusa de que no fue un delito de lesa humanidad y, por ende, estaba prescripto.
Todas estas acciones de los tres poderes del Estado parecen apuntar al otorgamiento de impunidad para los culpables de aberraciones como las que se cometieron contra Paula Lambruschini, Margarita Obarrio de Vila y Ricardo Alvarez, negando lo que el Estatuto de Roma, ratificado por la Argentina, establece respecto de los delitos de lesa humanidad.
Las víctimas del terrorismo no reclaman venganza, no cortan calles ni hacen escraches, no ocupan cargos públicos, no pontifican. Sólo quieren verdad, justicia, reparación y paz, para poder vivir en un país donde la impunidad no se muestre por televisión, donde el rostro del terror no sea vocero interesado de los derechos humanos, donde quienes tienen sus manos manchadas de sangre respondan ante la sociedad por los crímenes cometidos.
A treinta años del asesinato de estos tres inocentes, la Argentina no es defensora de los derechos humanos, ni está a la vanguardia del respeto de los mismos; sólo ha trucado las armas por la acción política y judicial, que siguen impidiendo a las víctimas del terrorismo el goce de sus derechos.
La autora es abogada, presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas(CELTYV).
Fuente La Nación