sábado, 26 de julio de 2008

¿YO?...Argentino

¿YO?…ARGENTINO

“Nunca hubiera pensado que alguna vez podía llegar a estar de acuerdo con el hijo de puta del ex general Luciano Benjamín Menéndez. Y sin embargo, ayer”
(Martín Caparrós).

Dos hechos me hicieron reflexionar sobre una manía muy nuestra. Muy de nosotros los “argentinos y argentinas”, que cuando la realidad nos pone frente a la incomodidad de nuestra conciencia colectiva, que es en definitiva la semisuma de nuestras conciencias individuales… solemos hacernos los “pelotudos”. “¿Yo?...argentino”, se decía antes.
Esta semana culminó el circo oral e impúdico que condenó, obviamente (ésa era la idea y su principal “atracción”), entre otros, al General Luciano Benjamín Menéndez.
Y entonces uno mira la formalidad y la pompa que se impone la justicia como para mostrarse, sino creíble, al menos seria. Y la observa juzgando treinta años después, actos de una guerra absurda, sí. Justa…también. Y siente entonces un poco esa dualidad extraña de querer creer en la justicia y despreciarla a la vez, porque sabe que los allí juzgados, están condenados de antemano. Uno se da cuenta por la impostura de los jueces, por los invitados “estelares” que atestan los palcos preferenciales del circo. Por la increíble seriedad con que se toman los testimonios que solo hablan de “lo que escuchó que le dijeron”. Chismes. Y entonces intuye que el trasfondo es otro. Y es mucho más serio y tremebundo. Porque más allá de los delitos y de los “abusos” que obviamente se dan en todas las guerras, y que nadie en su sano juicio puede aceptar, estos circos orales e impúdicos armados “ad hoc”, tienen poco que ver con el hecho de juzgar esos abusos en los actos de guerra. Si fuera así, todos estaríamos de acuerdo. Sino que tienen el claro fin de mentir la historia. Y como bien dice mi amigo y tocayo, Horacio Zaratiegui, “mientras el delito a juzgar sea haber combatido al terrorismo en Argentina, nunca voy a estar de acuerdo con los juicios”.
Yo creo que ahí está el punto. Cada uno de estos juicios, tiene el fin incomprensible de mentir nuestra historia. Y la historia sobre esa guerra es clara y contundente. Y en Gualeguay tenemos varios exponentes de esa historia que se pretende mentir. Y hablo de terroristas y hablo de políticos. Ellos lo pueden explicar mejor que yo. Pero no lo van a hacer, porque ellos también están en el ejercicio muy argentino de hacerse los pelotudos. En los 60-70 hubo una guerra. Y esa guerra está documentada. En los archivos del Congreso de la Nación. En los discursos presidenciales. En todos los diarios y revistas y libros de la época. En las crónicas de todos los canales de televisión. En los archivos radiales. En los miles y miles de muertos. En los desaparecidos. En los exiliados. Está en Julio César Strassera (fiscal en el juicio a las juntas), en Eugenio Zaffaroni y Elena Highton de Nolasco, en María Romilda Servini de Cubría (la Mansión Seré estaba a nombre de la familia de su marido), en Augusto Belluscio, en León Arslanian y Andrés D'Alessio, y en tantos otros jueces que desde 1976 a 1981 juraron por los Estatutos del Proceso de Reorganización Nacional. La historia está en la sociedad de entonces que gritó, pero también en el grito silencioso de los que se hicieron los boludos para que “los militares” terminaran con los “subversivos”. ¡Vayan y lean! Busquen a cada uno de los intendentes políticos de entonces. A los jueces de entonces. Había una guerra, y el pueblo tenía miedo. Por eso el Peronismo de Perón armó la Triple A, un grupo parapolicial con sicarios y sindicalistas que salieron a pelearle a lo Pirro al terrorismo que les mató a Vandor, Alonso, Rucci… Moyano nos lo podría explicar perfectamente. Isabel Perón también, pero ella está bajo el paraguas del silencio peronista. Y nadie se atreverá a atosigar a la viuda del General.
Si el delito que se juzga fue el de combatir al terrorismo, toda aquella Argentina tendría que ser juzgada. Pero no, ahí lo veo al cínico de Antonio Cafiero cuchichiar en la primera fila de Casa de Gobierno con Estela de Carlotto. ¡Glup!.
Interesante la nota del ex Montonero Martín Caparrós esta semana. Leed: “Ayer, en su alegato final, el ex general Menéndez... Dijo, en síntesis, que las fuerzas armadas argentinas pelearon y ganaron para "evitar el asalto de la subversión marxista". Y yo también lo creo. Con algunos matices. La subversión marxista –o más o menos marxista, de la que yo también formaba parte– quería, sin duda, asaltar el poder en la Argentina para cambiar radicalmente el orden social. No queríamos un país capitalista y democrático: queríamos una sociedad socialista, sin economía de mercado, sin desigualdades, sin explotadores ni explotados, y sin muchas precisiones acerca de la forma política que eso adoptaría –pero que, sin duda, no sería la "democracia burguesa" que condenábamos cada vez que podíamos. Por eso estoy de acuerdo con el hijo de mil putas cuando dice que "los guerrilleros no pueden decir que actuaban en defensa de la democracia". Tan de acuerdo que lo escribí por primera vez en 1993, cuando vi a Firmenich diciendo por televisión que los Montoneros peleábamos por la democracia: mentira cochina. Entonces escribí que creíamos muy sinceramente que la lucha armada era la única forma de llegar al poder, que incluso lo cantábamos: "Con las urnas al gobierno / con las armas al poder", y que falsear la historia era lo peor que se les podía hacer a sus protagonistas: una forma de volver a desaparecer a los desaparecidos… Es curioso cómo se reescribió aquella historia. Hoy la mayoría de los argentinos tiende a olvidar que estaba en contra de la violencia revolucionaria, que prefería el capitalismo y que estuvo muy satisfecha cuando los militares salieron a poner orden… La indignación siempre fue más fácil que el pensamiento. Supongo que es mejor que muchos, para sentirse probos, prefieran condenar a los militares antes que seguir apoyándolos como entonces…” ¿Interesante no?
Dijo Menéndez en su alegato: "Ostentamos el dudoso mérito en ser el primer país en el mundo que juzga a sus soldados victoriosos, que lucharon y vencieron por orden de y para sus compatriotas"…y tiene razón. Aunque muchos ahora se hagan los pelotudos.
ESCUPIR AL CIELO
Esta semana, La División Delitos contra Menores de la Superintendencia de Investigaciones de la Policía Federal, realizó una serie de allanamientos en los que detuvo a tres hombres, entre ellos, el psicólogo (sería el líder de la organización) Jorge Corsi, licenciado en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y titular de la Carrera de Especialización en Violencia Familiar desde 1989.
Jorge Corsi era columnista asiduo del Diario Clarín. Allí opinaba sobre abuso sexual infantil, malos tratos en los consultorios psicológicos y violencia de género, su tema favorito. Jorge Corsi, el acusado de ser el Jefe de la Banda que corrompía menores, compartió con Estela de Carlotto un debate en una Jornada Interdisciplinaria sobre niñez, adolescencia, y la protección de sus derechos humanos. Fue en Santiago del Estero en Octubre de 2007. Allí, Jorge Corsi habló en la Mesa II sobre: Protección especial de derechos frente a las distintas formas de violencia contra niñas, niños y adolescentes junto a la presidenta del Comité de Seguimiento de los Derechos del Niño, Estela Barnes de Carlotto.
En su momento, cuando tres chicos acusaron endeblemente de abuso al padre Julio César Grassi, titular y fundador de la Fundación “Felices los Niños”, todos ellos aprovecharon para denigrar a la Iglesia Católica, y para gritar fuerte “¡CON LOS CHICOS NO!”. Espero que ante este caso, que los toca muy de cerca… no se hayan quedado mudos.