La situación económica: consenso entre los ministros más importantes
Analiza el Gobierno un plan contra la inflación
Incluye alza de tarifas y precios libres de los productos que consumen los sectores altos
El Gobierno, o un sector importante de él, parece convencido, por primera vez, de la existencia de la inflación y de la necesidad de tomar medidas que moderen el consumo de los sectores medios y altos. En los primeros bosquejos del paquete de medidas estarían de acuerdo el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, y el nuevo ministro de Economía, Carlos Fernández. La idea de combatir el alza de los precios, ahora arraigada en esos lugares de la administración, necesita todavía la aprobación de la última instancia política. Sucede que tanto Néstor como Cristina Kirchner se han mezclado en las últimas horas en el debate casi ideológico sobre si conviene enfriar o calentar la economía. Ambos han ratificado que no están dispuestos a enfriarla, porque significaría, dijeron, que los argentinos dejarían de consumir. Sin embargo, los ministros más relevantes se han decidido a impulsar medidas para retraer el consumo de los sectores sociales con más poder adquisitivo. Varias de las medidas que analizan son parecidas a las que propuso, en sus días agónicos, el ex ministro de Economía Martín Lousteau. “Pero el problema de Lousteau no fue su planteo de última hora, sino haber convertido a Guillermo Moreno en una obsesión de su gestión", dijo un funcionario que lo defendió hasta que se fue. En descargo de Lousteau, debe convenirse que es difícil manejar el Ministerio de Economía con Moreno dentro de la cartera y disputando la capacidad de decisión con el propio ministro. Sea como fuere, la batería de medidas que se prepara ahora consistiría en una liberación total (sin Moreno en el medio) de todos los productos de primer nivel; esto es, los más caros y los que más consumen aquellos sectores de la sociedad. A esa liberación absoluta de precios se agregarían fuertes aumentos en las tarifas de servicios públicos en los barrios donde viven las franjas medias y altas de la sociedad. El plan exceptuaría de cualquier suba de tarifas a los sectores sociales que se encuentran bajo la línea de la pobreza. Un programa parecido sobre los precios de los servicios públicos da vueltas por la administración desde los tiempos de Roberto Lavagna.
* * * Ese embrión del nuevo paquete económico persigue, por un lado, disminuir la capacidad de consumo de los sectores más consumistas de la sociedad. Mayores precios y tarifas más altas mermarían la capacidad de compra, dicen los ideólogos del proyecto. Uno de los problemas de la inflación es, precisamente, que la demanda está por encima de la oferta. El otro objetivo que se busca es aliviar al Tesoro de la carga de subsidios cruzados para financiar el consumo barato de servicios públicos, sobre todo en materia de energía. La novedad más importante de estos borradores es que el Gobierno parece notificarse por primera vez de que la inflación es alta. Estimada entre un 20 y un 25 por ciento anual por economistas privados, empinadas figuras del Gobierno aceptaron en las últimas horas que esa inflación podría rondar el 18 por ciento. Llegan a esa cifra haciendo un cálculo de almacenero, con el lápiz en la oreja, sobre la base de mediciones de Artemio López sobre el costo de la canasta básica, que es mucho más alto que la inflación estimada. La otra conclusión es que el Indec ya no es creíble ni siquiera para hacer esa clase de disquisiciones. Economistas oficiales estiman que la carencia de un organismo serio de estadísticas es el conflicto primordial de la inflación. "No se puede combatir algo cuyo tamaño se ignora. Cada argentino tiene su propia medición y cualquiera es tan certera como otra", dijeron. La inflación se ha convertido en el principal problema político de los Kirchner. De hecho, el encuestador Hugo Haime acaba de difundir una medición según la cual el 93 por ciento de los consultados percibe aumentos de precios. Para un 50 por ciento, la inflación le afecta la vida cotidiana. El 71 por ciento cree que la inflación de este año será mayor que la de 2007, que ya fue alta. La conclusión de Haime es que "continúa deteriorándose la percepción de cómo están las cosas en el país y en el hogar". También son malas las "expectativas sociales para los próximos tres meses". Forman parte de la nueva percepción oficial las agitadas reuniones de horas recientes del jefe de Gabinete con las cuatro entidades rurales en estado de asamblea. La dirigencia agropecuaria no quiere volver al paro el próximo viernes, cuando vencerá el plazo de 30 días desde que suspendieron la protesta activa, porque saben cómo entrar pero no saben cómo podrían salir de otro enfrentamiento con el Gobierno. Las "palomas" de la administración también le temen a la convergencia entre la protesta rural y el mal humor social por la inflación.
* * * Los dirigentes del campo están reclamando sólo un par de cartas para jugar en las asambleas del viernes y poder, así, proponer una extensión de la tregua. Avanzaron con el Gobierno en el tratamiento de rubros como la carne y el trigo, pero los avances son sólo técnicos y no se han llevado aún a la práctica. No son palpables para el productor raso. El Gobierno va y viene con el campo. Un día es conciliador y al día siguiente parece decidido a romper la negociación. Cristina Kirchner tuvo gestos amables con los líderes rurales, pero su esposo los somete al suplicio de los atriles que reparte ahora por todo el país. "Nos culpó hasta de la derrota de Boca", ironizó el vicepresidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati. La última pregunta sin respuesta consiste en saber si, en efecto, Néstor Kirchner está de acuerdo con esas posiciones. ¿Se convenció de que la inflación es más alta que la que le recita Moreno para conformar su ansiedad? ¿Dejó a un lado el proyecto político de empujar al campo hacia un nuevo paro para esperarlo, luego, vencido y suplicante? ¿Entró a dudar sobre otro final posible para ese eventual duelo con el campo? ¿Abandonó, en fin, su natural predisposición a jugar todo su capital a suerte y verdad? Por
Joaquín Morales Solá