MARIPOSAS DE FUEGO
“…No, no puede ser. Algo tan pequeño. No puede ser. ¡No!
Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta...” (El ruido de un trueno - R. Bradbury)
Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta...” (El ruido de un trueno - R. Bradbury)

A ver, es sábado. Y hace casi 20 días que mi barrio está envuelto en humo.
Yo sé que mi barrio no es el mundo. Pero el hombre tiende a sobreactuar eso.
Y entonces su barrio, es su mundo. Y su tragedia es la gran tragedia.
Un día la nube de humo es apenas. Otro día es asfixiante. Sea como sea, la nube de humo espeso lleva 20 días sobre nosotros. En nosotros. Porque como todo el mundo sabe, la nube está empecinada en la Ciudad de Buenos Aires.
Es increíble recorrer 30 kilómetros en auto, y seguir envuelto en la nube de humo. Más increíble es saber que toda esta catástrofe ambiental, la más grande catástrofe ambiental que se recuerde en Buenos Aires, comenzó con un pequeño foco de incendio, en un campo bajo, en las entrañas de una isla perdida en medio del río Paraná.
Alguien encendió la pequeña chispa sin soñar la gran catástrofe. Pero la provocó.
Muchos de mis vecinos andan por las calles con barbijos. Al principio me pareció ridículo. Ahora se me acostumbró la vista. Es decir, la vista se me acostumbró a los barbijos de la gente por la calle. Porque al humo no se me acostumbró nunca. Los ojos se me irritan. Y me lloran, y me arden.
En el principio fue el humo. Y nada. Luego un puñado de muertos en la ruta. Y nada. Humo persistente en Capital Federal y todos sus accesos. Nada otra vez.
Casi 20 días después de humo persistente, y de muchos muertos inmolados en la desidia de un país, apareció la reacción tibia del Estado. No voy a hacer aquí ninguna elucubración sobre los culpables. Ni quiero hablar sobre las quemas controladas de pastos. Ni muchos menos adentrarme en la figura del estrago doloso. De todo eso, conforme han ido pasando los días, ya hablaron todos.
No, lo que a mí me ha dado vueltas en la cabeza todos estos días, es pensar cómo, un pequeño suceso en principio intrascendente. Se vuelve gran catástrofe con el tiempo.
EL RUIDO DE UN TRUENO
Hace muchos años leí un cuento fabuloso de ese escritor genial que es Ray Bradbury. El nombre del cuento me quedó siempre en la memoria: El ruido de un trueno.
Lo leí en mi infancia, cuando todavía creía que podía cambiar muchas cosas de mi vida.
Son esas épocas de nuestras vidas que nos marcan a fuego. El dolor, el amor, un cuento. Cada una de esas cosas, cuando somos niños, nos marcan para siempre.
En el cuento de Bradbury, unos cazadores contratan un safari hacia la prehistoria. Quieren cazar al gran Tiranosaurius Rex. Los cazadores contratan el safari, y viajan en el tiempo hasta llegar a la prehistoria. Todo el tiempo les advierten que sólo podían cazar los animales que tenían la marca roja. Y todo el tiempo les advierten a los cazadores, que por ningún motivo pisaran fuera del sendero, pues cualquier cambio en la prehistoria, por más pequeño que fuera, podría provocar un caos, miles de años después. De hecho, uno de los cazadores mata sin querer una pequeña mariposa con su bota. Y cuando regresan del safari a su mundo, a su tiempo. Todo ha cambiado. Esa pequeña muerte sin intención, ha cambiado la historia del mundo para siempre. Y hasta al cazador que provocó la “catástrofe”, pisando sin querer a la mariposa, lo matan de un escopetazo.
Bradbury trataba en el cuento (esto lo supe mucho tiempo después), un concepto que lleva por título “el efecto mariposa”. Que tiene su origen en un antiguo proverbio chino: "el aleteo de las alas de una mariposa, se puede sentir al otro lado del mundo".
Hay toda una teoría que afirma que el más pequeño cambio en alguna variable inicial de un sistema, puede provocar que el sistema evolucione en formas totalmente diferentes. El famoso “¿qué hubiera ocurrido si…?” Hasta la cultura popular afirma este tipo de teorías sin saberlo. Una señora del campo, dice muy seriamente que todos los cambios climáticos, y todos los fenómenos extraños que ella ha visto en su campo, se dieron luego de que el hombre llegara a la luna. María, la señora del campo en cuestión, no tiene razón…pero la tiene.
EFECTO MARIPOSA
Fue el meteorólogo Edgard Lorenz el primero en analizar este concepto en un trabajo que publicó en 1963. Lo hizo para la Academia de Ciencias de Nueva York.
Lorenz nació en Estados Unidos el 23 de mayo de 1.917. Estudió matemáticas en Harvard. Y durante la Segunda Guerra Mundial, fue pronosticador del tiempo para la Fuerza Aérea estadounidense. Después de volver de la guerra, decidió estudiar meteorología, en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
Lorenz construyó un modelo matemático que intentaba capturar el comportamiento de la convección en la atmósfera. Estudió las soluciones de su modelo y se dio cuenta que alteraciones mínimas en los valores de las variables iniciales, resultaban en soluciones ampliamente divergentes. Y esa sensible dependencia de las condiciones iniciales fue conocida después como el “Efecto Mariposa”.
De todas maneras, Lorenz, a través de fórmulas matemáticas que relacionaban variables como tiempo y humedad, lograba predecir la meteorología del día siguiente. El famoso meteorólogo publicó sus conclusiones en un trabajo titulado Flujo determinístico no periódico en el que describió un sistema relativamente simple de ecuaciones que dieron lugar a un patrón de la complejidad infinita, llamado “atractor de Lorenz”.
Bien, pareciera como que me fui de tema. Espero que no.
Quien haya observado el discurrir de este fenómeno del humo en la zona más densamente poblada de Argentina, se habrá dado cuenta de que en un primer momento, los datos del humo se confundieron con los datos meteorológicos. Los noticieros informaban del humo, como si estuvieran informando sobre un fenómeno más de la meteorología. Y si bien el humo no es un fenómeno meteorológico, el hecho de que persista por tanto tiempo, y de que converja hacia un mismo lugar y corra al ras de la tierra, etc. son fenómenos que sí ocurren por ciertos factores de la meteorología.
Efecto Mariposa. Un mínimo cambio irresponsable aquí, un desastre allá.
En esto días también, se conoció en Gualeguay la noticia horrenda de un caso de abuso de menores. En la misma edad en que yo me conmocioné con un cuento de Bradbury, estos chicos han sido marcados a fuego para siempre. Es esa edad primera en que las cosas se nos marcan a fuego. El dolor, el amor, un cuento. Cada una de esas cosas, cuando somos niños, nos marcan para siempre…es el aleteo inicial de la mariposa. Algún día…lamentaremos la catástrofe de ese pequeño aleteo.
Curiosamente, lejos del humo que persiste desde hace 20 días sobre Buenos Aires, y ajeno a la tragedia sexual impune, ocurrida a un puñado de chicos gualeyos, Edgard Lorenz acaba de morir en su ciudad natal. Se fue en silencio este 16 de abril de 2.008.
Pero no se fue, sin antes advertirnos.
Ahora, depende de nosotros.
Yo sé que mi barrio no es el mundo. Pero el hombre tiende a sobreactuar eso.
Y entonces su barrio, es su mundo. Y su tragedia es la gran tragedia.
Un día la nube de humo es apenas. Otro día es asfixiante. Sea como sea, la nube de humo espeso lleva 20 días sobre nosotros. En nosotros. Porque como todo el mundo sabe, la nube está empecinada en la Ciudad de Buenos Aires.
Es increíble recorrer 30 kilómetros en auto, y seguir envuelto en la nube de humo. Más increíble es saber que toda esta catástrofe ambiental, la más grande catástrofe ambiental que se recuerde en Buenos Aires, comenzó con un pequeño foco de incendio, en un campo bajo, en las entrañas de una isla perdida en medio del río Paraná.
Alguien encendió la pequeña chispa sin soñar la gran catástrofe. Pero la provocó.
Muchos de mis vecinos andan por las calles con barbijos. Al principio me pareció ridículo. Ahora se me acostumbró la vista. Es decir, la vista se me acostumbró a los barbijos de la gente por la calle. Porque al humo no se me acostumbró nunca. Los ojos se me irritan. Y me lloran, y me arden.
En el principio fue el humo. Y nada. Luego un puñado de muertos en la ruta. Y nada. Humo persistente en Capital Federal y todos sus accesos. Nada otra vez.
Casi 20 días después de humo persistente, y de muchos muertos inmolados en la desidia de un país, apareció la reacción tibia del Estado. No voy a hacer aquí ninguna elucubración sobre los culpables. Ni quiero hablar sobre las quemas controladas de pastos. Ni muchos menos adentrarme en la figura del estrago doloso. De todo eso, conforme han ido pasando los días, ya hablaron todos.
No, lo que a mí me ha dado vueltas en la cabeza todos estos días, es pensar cómo, un pequeño suceso en principio intrascendente. Se vuelve gran catástrofe con el tiempo.
EL RUIDO DE UN TRUENO
Hace muchos años leí un cuento fabuloso de ese escritor genial que es Ray Bradbury. El nombre del cuento me quedó siempre en la memoria: El ruido de un trueno.
Lo leí en mi infancia, cuando todavía creía que podía cambiar muchas cosas de mi vida.
Son esas épocas de nuestras vidas que nos marcan a fuego. El dolor, el amor, un cuento. Cada una de esas cosas, cuando somos niños, nos marcan para siempre.En el cuento de Bradbury, unos cazadores contratan un safari hacia la prehistoria. Quieren cazar al gran Tiranosaurius Rex. Los cazadores contratan el safari, y viajan en el tiempo hasta llegar a la prehistoria. Todo el tiempo les advierten que sólo podían cazar los animales que tenían la marca roja. Y todo el tiempo les advierten a los cazadores, que por ningún motivo pisaran fuera del sendero, pues cualquier cambio en la prehistoria, por más pequeño que fuera, podría provocar un caos, miles de años después. De hecho, uno de los cazadores mata sin querer una pequeña mariposa con su bota. Y cuando regresan del safari a su mundo, a su tiempo. Todo ha cambiado. Esa pequeña muerte sin intención, ha cambiado la historia del mundo para siempre. Y hasta al cazador que provocó la “catástrofe”, pisando sin querer a la mariposa, lo matan de un escopetazo.
Bradbury trataba en el cuento (esto lo supe mucho tiempo después), un concepto que lleva por título “el efecto mariposa”. Que tiene su origen en un antiguo proverbio chino: "el aleteo de las alas de una mariposa, se puede sentir al otro lado del mundo".
Hay toda una teoría que afirma que el más pequeño cambio en alguna variable inicial de un sistema, puede provocar que el sistema evolucione en formas totalmente diferentes. El famoso “¿qué hubiera ocurrido si…?” Hasta la cultura popular afirma este tipo de teorías sin saberlo. Una señora del campo, dice muy seriamente que todos los cambios climáticos, y todos los fenómenos extraños que ella ha visto en su campo, se dieron luego de que el hombre llegara a la luna. María, la señora del campo en cuestión, no tiene razón…pero la tiene.
EFECTO MARIPOSA
Fue el meteorólogo Edgard Lorenz el primero en analizar este concepto en un trabajo que publicó en 1963. Lo hizo para la Academia de Ciencias de Nueva York.
Lorenz nació en Estados Unidos el 23 de mayo de 1.917. Estudió matemáticas en Harvard. Y durante la Segunda Guerra Mundial, fue pronosticador del tiempo para la Fuerza Aérea estadounidense. Después de volver de la guerra, decidió estudiar meteorología, en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).
Lorenz construyó un modelo matemático que intentaba capturar el comportamiento de la convección en la atmósfera. Estudió las soluciones de su modelo y se dio cuenta que alteraciones mínimas en los valores de las variables iniciales, resultaban en soluciones ampliamente divergentes. Y esa sensible dependencia de las condiciones iniciales fue conocida después como el “Efecto Mariposa”.
De todas maneras, Lorenz, a través de fórmulas matemáticas que relacionaban variables como tiempo y humedad, lograba predecir la meteorología del día siguiente. El famoso meteorólogo publicó sus conclusiones en un trabajo titulado Flujo determinístico no periódico en el que describió un sistema relativamente simple de ecuaciones que dieron lugar a un patrón de la complejidad infinita, llamado “atractor de Lorenz”.
Bien, pareciera como que me fui de tema. Espero que no.
Quien haya observado el discurrir de este fenómeno del humo en la zona más densamente poblada de Argentina, se habrá dado cuenta de que en un primer momento, los datos del humo se confundieron con los datos meteorológicos. Los noticieros informaban del humo, como si estuvieran informando sobre un fenómeno más de la meteorología. Y si bien el humo no es un fenómeno meteorológico, el hecho de que persista por tanto tiempo, y de que converja hacia un mismo lugar y corra al ras de la tierra, etc. son fenómenos que sí ocurren por ciertos factores de la meteorología.
Efecto Mariposa. Un mínimo cambio irresponsable aquí, un desastre allá.
En esto días también, se conoció en Gualeguay la noticia horrenda de un caso de abuso de menores. En la misma edad en que yo me conmocioné con un cuento de Bradbury, estos chicos han sido marcados a fuego para siempre. Es esa edad primera en que las cosas se nos marcan a fuego. El dolor, el amor, un cuento. Cada una de esas cosas, cuando somos niños, nos marcan para siempre…es el aleteo inicial de la mariposa. Algún día…lamentaremos la catástrofe de ese pequeño aleteo.
Curiosamente, lejos del humo que persiste desde hace 20 días sobre Buenos Aires, y ajeno a la tragedia sexual impune, ocurrida a un puñado de chicos gualeyos, Edgard Lorenz acaba de morir en su ciudad natal. Se fue en silencio este 16 de abril de 2.008.
Pero no se fue, sin antes advertirnos.
Ahora, depende de nosotros.