Todavía está fresco el recuerdo del ex presidente Néstor Kirchner, con un bolso de agua mineral y enfundado en su chaleco Columbia, caminando la selva junto al inefable presidente Chávez. Fue hace unos meses, en la misión “humanitaria” fallida para la liberación de rehenes de las FARC. Nuestro ex presidente se volvió mascullando bronca por no haber podido agendar esa foto en su escueto archivo de estadista.Cristina, presidentA nuestra y esposa de Néstor, en medio de una histórica caída de imagen presidencial, ni lerda ni perezosa, viajó a Francia. En esos dos días, concurrían allí varias cosas que podrían ayudar a su alicaída imagen de presidentA apabullada. Enfundada de negro, apareció en la “marcha blanca” que pedía la liberación de Ingrid Betancourt, la ex candidata presidencial de Colombia desde hace años secuestrada por las FARC. De haber salido bien, habrían sido para la presidentA dos días de gloria: La foto con un presidente europeo, el apoyo políticamente correcto a la liberación de Ingrid Betancourt, y estar allí, cuando la misión humanitaria que Francia tenía preparada para su liberación, concluyera con éxito.
Pero no, la misión francesa fracasó. Es que la lógica terrorista no entiende razones humanitarias. Y ese señor elegante, de traje fino y bigote escueto, digo, ese señor que camina junto a nuestra presidentA, debería saberlo bien. El, junto a su primera esposa, estuvo detenido en Argentina luego de haber puesto una bomba en el bar Ibérico. Allí no había militares ni oligarcas. Allí había porteños tomando café barato, en una Argentina gobernada por un gobierno constitucional.
Pero la lógica terrorista, repito, no entiende razones humanitarias ni respeta institucionalidades. Y nuestro Canciller Taiana, a él me refiero, debería saberlo bien. Y debería, aunque sea por delicadeza, transmitírselo a la presidentA.
La necesidad tiene cara de hereje. Esto también es sabido. Tal vez por eso, quienes pretenden hoy combatir a las FARC, están aliados a quienes las defienden. A quienes desde hace años apoyan su lucha. Aliados a quienes en los setenta, en Argentina, hicieron lo mismo: Tomaron territorios, secuestraron, mataron y atentaron contra la democracia. Ojo, a lo mejor están siendo sutilmente extorsionados.
En la ciudad de La Plata, en los años setenta, el jefe de la columna sur de Montoneros era Carlos Kunkel. El ingeniero Roberto Moyano tenía 42 años, una esposa y dos hijos muy chicos. Moyano salió un mediodía de la petroquímica donde trabajaba. Fue a almorzar al bar de la esquina. Roberto Moyano almorzaba tranquilo en un bar de La Plata, cuando por la espalda, un hombre y una mujer vestidos con mamelucos de Segba, lo llamaron por su nombre: “¿Usted es el ingeniero Moyano?” Así es, contestó Moyano, sin saber que serían sus últimas palabras…sin más, le vaciaron el cargador de una 9 mm en la cabeza. El ingeniero Moyano murió por los balazos, pero a Moyano, una célula de Montoneros lo mató con la excusa del “odio a la puta oligarquía”. ¿Les suena no?
Por eso, y más allá de la yeta o la mala suerte de este matrimonio presidencial para con sus repentinas y oportunistas “misiones humanitarias” con las que pretenden mediar con la guerrilla colombiana, yo creo que sus constantes fracasos son muecas del destino. Son señales. Creer o reventar. Desde algún lado, y yo creo que es Dios, alguien se encarga de decirle al resabio terrorista enquistado en nuestro gobierno, que no son ellos precisamente, los indicados para ninguna foto mentirosa en esta lucha contra el terrorismo. Ellos fueron terrorismo en los 70. Ellos están políticamente alineados con quienes apoyan la lucha de las FARC. Aunque mientan discursos. Aunque inauguren plazas junto al río Sena…
Y que la presidentA haya concurrido de negro a la “marcha blanca”, es todo un discurso. O una señal. U otra mueca del destino...
La necesidad tiene cara de hereje. Esto también es sabido. Tal vez por eso, quienes pretenden hoy combatir a las FARC, están aliados a quienes las defienden. A quienes desde hace años apoyan su lucha. Aliados a quienes en los setenta, en Argentina, hicieron lo mismo: Tomaron territorios, secuestraron, mataron y atentaron contra la democracia. Ojo, a lo mejor están siendo sutilmente extorsionados.
En la ciudad de La Plata, en los años setenta, el jefe de la columna sur de Montoneros era Carlos Kunkel. El ingeniero Roberto Moyano tenía 42 años, una esposa y dos hijos muy chicos. Moyano salió un mediodía de la petroquímica donde trabajaba. Fue a almorzar al bar de la esquina. Roberto Moyano almorzaba tranquilo en un bar de La Plata, cuando por la espalda, un hombre y una mujer vestidos con mamelucos de Segba, lo llamaron por su nombre: “¿Usted es el ingeniero Moyano?” Así es, contestó Moyano, sin saber que serían sus últimas palabras…sin más, le vaciaron el cargador de una 9 mm en la cabeza. El ingeniero Moyano murió por los balazos, pero a Moyano, una célula de Montoneros lo mató con la excusa del “odio a la puta oligarquía”. ¿Les suena no?
Por eso, y más allá de la yeta o la mala suerte de este matrimonio presidencial para con sus repentinas y oportunistas “misiones humanitarias” con las que pretenden mediar con la guerrilla colombiana, yo creo que sus constantes fracasos son muecas del destino. Son señales. Creer o reventar. Desde algún lado, y yo creo que es Dios, alguien se encarga de decirle al resabio terrorista enquistado en nuestro gobierno, que no son ellos precisamente, los indicados para ninguna foto mentirosa en esta lucha contra el terrorismo. Ellos fueron terrorismo en los 70. Ellos están políticamente alineados con quienes apoyan la lucha de las FARC. Aunque mientan discursos. Aunque inauguren plazas junto al río Sena…
Y que la presidentA haya concurrido de negro a la “marcha blanca”, es todo un discurso. O una señal. U otra mueca del destino...