miércoles, 2 de abril de 2008

El mensaje "cuasimafioso"

"El ladrón, piensa que todos son de su condición" (Refrán popular)
La caricatura "cuasimafiosa" de Hermegildo Sàbat en Clarín, a la que se refirió Cristina F. de Kircher en su enésimo monólogo. En Plaza de Mayo
"Los del campo, esta vez han sido acompañados no por los tanques, sino por generales multimediáticos, que han cambiado y tergiversado la información. Son los mismos que hoy pude ver en un diario, donde colocan mi caricatura, que no me molesta, donde tenía una venda cruzada en la boca, en un mensaje cuasimafioso. ¿Qué es lo que no puedo decir ni contarle al pueblo argentino?"
Contestación de Martín Caparrós, en el diario de Jorge Lanata
Política
CUASI RESPETUOSAMENTE 03.04.2008
Cuasi carta cuasi abierta a la señora Cuasi
La escuché con mucha atención esta semana. Se ve que con esto de que habla tanto hay quienes quieren contestarle. Martín Caparrós.
Señora presidenta –¿o debería decir cuasi presidenta?–: en estos días le debe escribir mucha gente. Se ve que con esto de que habla tanto hay quienes quieren contestarle y, claro, no es tan fácil. Así que disculpemé si la molesto. No era mi intención. Y le juro que yo al Padrino sólo lo he visto en la pantalla.La escuché con mucha atención esta semana y por momentos me confundieron algunas cosas que dijo, porque me pareció que también decía lo contrario: no entendí, por ejemplo, cuando habló mucho de la historia y los setentas y el golpe y los crímenes pero después dijo que no importa de dónde venimos sino hacia dónde vamos. O cuando dijo que el peronismo nunca había impulsado la lucha de los pobres contra los ricos y después no dijo qué hacía con una tal Eva Duarte. Y mejor no contarle cómo me enfurruño cuando la escucho hablar de los derechos humanos como si nadie o cuasi nadie más hubiera hecho nada, ni del simplismo de que no apoyar sus medidas equivalga a ser un golpista antipatria oligarca pampeano.Pero lo que realmente me mató fue cuando dijo que el dibujo de Menchi Sábat era un “mensaje cuasi mafioso”. Le juro que le di vueltas, señora: ¿Cómo es ser cuasi mafioso? ¿Es como ser un poco virgen? ¿Ligeramente muerto? ¿Bastante robado? Primero no lo entendí, después lo detesté: señora, detesté ese cuasi.Cuasi es una palabra particular –como lo son todas las palabras. Cuasi viene del lenguaje leguleyo, es lo que se solía llamar un latinajo, una palabra que marca diferencias entre los cultos y los incultos: usted podría haber dicho casi pero dijo cuasi, para hacer juego con la presentación que le hace el locutor: la doctora Cristina Fernández, todo eso. Es su estilo: algunas referencias populares pero que nadie se olvide de que es una abogada, faltaba más. Me dirá que eso no importa mucho, y yo le diré que es cierto, que cuasi no importa. Pero el tema es que usted no dijo cuasirrefleja, cuasi concluido, cuasimodo, cuasi cuasi: dijo cuasi mafioso, señora, lo llamó cuasi mafioso. Dijo algo muy pesado, y pensó que lo iba a aminorar con ese cuasi.Si tiene que decir algo, señora cuasi presidenta, ¿por qué no lo dice de verdad, haciéndose cargo? Porque al final igual lo dice, claro, todos lo escuchamos –porque a usted, cuando habla, todos debemos escucharla, al fin y al cabo por voluntad electoral usted tiene el micrófono más grande–, pero lo dice como si lo dijera un poco menos. Lo dice pero le dará miedito o vergüenza o vaya a saber qué y lo dice más o menos, lo cuasi dice.Y me da la impresión de que ahí hay una clave. Así hablan muchos argentinos, y así funciona mucho en su gobierno. No quieren decir lo que quieren decir o quieren decir lo que no quieren decir o tienen miedo de que no los entiendan o tienen miedo de que los entiendan y entonces cuasi dicen. Pero lo peor es que cuasi hacen: hacen pero no terminan de hacer, o hacen distinto.A veces me cuasi gusta lo que usted cuasi dice, señora. Cuando dice que va a redistribuir, por ejemplo. Pero cuando dice que estas medidas económicas que le trajeron tantos problemas son redistributivas, ¿no debería decir cuasi redistributivas? Digo, porque hasta ahora se ve que, de la supuesta redistribución, ustedes hacen o intentan hacer la primera parte, recaudar el dinero; todos le creeríamos mucho más –o cuasi le creeríamos– si viéramos más clara la segunda parte: que usen ese dinero para cumplir con las necesidades urgentes de tantos argentinos, en lugar de sentarse encima y acumular poderes.Pero no hablábamos de eso, hablábamos de cuasi. Usted acusó al Menchi Sábat de haberle mandado un mensaje cuasi mafioso. ¿O será que acusó a Clarín? Si quiere pelearse con uno de los mayores grupos monopólicos de la patria, que maneja como pocos las ideas e ideologías de los argentinos, señora cuasi, avise y vamos todos. Pero no parece, porque con ellos hace negocios, les ofrece prebendas. Así que el cuasi mafioso será Sábat, y entonces no: no nos toque al Menchi, mire vea, uno de los tipos más íntegros y respetados y queridos que hay en este país. Se equivocó, señora cuasi: se cuasi metió con el que no debía. Y hubiera sido más digno si, por lo menos, se hubiera metido de frente, sin el cuasi.
Cuasi respetuosamente,Martín Caparrós.

Cristina Fernández de Kirchner. La ídola de los pies de barro

La ídola, tiene los pies de barro

Uno se pregunta: ¿por qué razón el país le explota a Cristina en sus narices, a solo cien días de comenzar su mandato?
Analicemos. Durante sus primeros cien días de gobierno, la presidenta se abocó de lleno a ahondar el discurso y las políticas de revancha setentista, esas que bajo el pretexto de la justicia, buscan mentir la historia y dividir irremediablemente a los argentinos. Y uno dice, bueno, está bien…ella seguramente ha sido una aguerrida y valiente militante en los 70, y reivindica esa causa. Pero no…resulta que dejó los estudios incipientes en su natal ciudad de La Plata, para retirarse a Río Gallegos con su flamante esposo. En aquellos 70 que hoy tanto “conmueven” a Cristina, la ahora presidenta sólo militó fuertemente en el rubro de los préstamos hipotecarios. Allí sí cosechó grandes conquistas, pero poco revolucionarias.
Sigamos. Durante sus primeros cien días de gobierno, la presidenta se dedicó de lleno a los discursos. Uno cada día. Uno por aquí…otro por allá. Palabras, palabras…y un montón de palabras. Y conforme pasaron los días, sus discursos se fueron cargando de soberbia. Sí, convengamos que la presidenta tiene una oratoria que endulza los oídos. Ahora, ¿tantas palabras?, ¿sólo palabras?, entonces uno hace un racconto, y se da cuenta que Cristina llegó a presidenta con dos únicas virtudes: Hablar “lindo”, y ser Kirchner. Sin haber pasado jamás por ninguna gestión, ni haber acudido a ningún debate de ideas, y con solo haber dado un par de entrevistas “consensuadas”, curiosamente, ganó las elecciones y se hizo presidenta. Nacida en la provincia de Buenos Aires, representante de Santa Cruz por muchos años, legisladora de Buenos Aires con “fórceps” de legalidad (y por poquito tiempo)…y ¡pum!, Presidenta de la Nación Argentina. Ahí uno comprende el porqué de tantas palabras. Las palabras son su única experiencia de gestión.
Y tras cien días de avivar el odio que divide, buscando revancha por una guerra de la que huyó, y tras cien días de intentar gestionar un país con palabras…a Cristina presidenta le estalla el conflicto del campo. Y, claro, tampoco de campo Cristina sabe mucho. "La soja, me dijeron, es casi como un yuyo". ¡Glup!. Eso dijo Cristina, presidenta de Argentina, unos de los graneros del mundo. El conflicto se endureció. Cristina pensó primero que se trataba de la “oligarquía ganadera”. Luego creyó ver grupos golpistas en las sombras. Cosas de la prensa, pensó después, y tildó de "cuasimafioso" a Hermenegildo Sábat, unos de los más grandes caricaturstas del país. Se asustó ante el ruido de las cacerolas, tanto, que mandó a sus patoteros de siempre. Y se espantó ante el incipiente desabastecimiento. “Dialoguemos, por favor”, pidió de mala gana. Y entonces se asombró al ver a los chacareros de la Federación Agraria entrando al diálogo en su Casa Rosada. Rosada “Dior”… y se quedó muda (justo ella) al ver que su discurso falso de izquierda, chocaba de frente con la histórica Federación de los pequeños productores. Ellos sí militaron fuerte en los 70, mientras ella cobraba hipotecas. Quedó en “off side”, como dice la popular. Evidentemente, tampoco de campo, sabe Cristina presidente.
Entonces a uno se le aclara un poco el panorama. Y comprende mejor por qué a Cristina presidente le estalla el país en la jeta, a solo cien días de gestión: Aviva una historia de la que huyó. Debe gobernar con gestión…ella que nunca gobernó. Y acaba de enterarse que se le han sublevado aquellos que le forran de dólares las cajas negras de la Corona.
Conmoción. Confusión. Acabamos de descubrir que la ídola de hace apenas cien días, tiene los pies de barro. ¡Ay!