martes, 20 de mayo de 2008

Yabrán...diez años después

Jorge Barroetaveña, el destacado periodista de Gualeguay, recuerda aquél día.
La nota la publica hoy, el diario "El Día", de Gualeguaychú.
¿En serio que está muerto?
Aún hoy me encuentro con gente que dispara la pregunta. “¿En serio que está muerto?”. Es que a 10 años de la muerte de Alfredo Yabrán en su Estancia de San Ignacio, buena parte de la población no cree que su destino haya sido ese: descerrajarse un disparo en la boca, lejos de las luces y el poder de Buenos Aires
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Por Jorge Barroetaveña

Aquella tarde del 20 de mayo de 1.998, cuando el teléfono de la redacción del Diario El Día sonó insistente, nadie imaginó lo que pasaría y todo lo que eso desencadenaría. “Yabrán se pegó un tiro…” dijo la voz apenas audible. Un par de minutos después, la noticia empezó a repiquetear desde la pantalla de Crónica TV.
Es que el rumor sobre la posible presencia del empresario estaba instalado hacía días en Gualeguaychú. Pero los sucesivos rastrillajes que habían hecho fueron infructuosos. Es más, la presencia nunca comprobada de un helicóptero de la SIDE que entraba y salía de una de las estancias de la zona tampoco pudo ser corroborado.
La vorágine que siguió a la confirmación del suicidio de Yabrán, fue impresionante. Ese día, que arrancó a la una de la tarde y terminó casi a las tres de la mañana del siguiente marcó un antes y un después en mi vida como periodista. La repercusión de la noticia fue tal, que los medios porteños y del resto del país literalmente ‘invadieron’ la redacción de El Día, utilizándola como base para remitir informes hacia sus casas centrales. Tuvimos la oportunidad de ver trabajar ‘en vivo y en directo’ a colegas de todos lados, algunos con gran profesionalismo y otros tocando apenas de oído. Ese día, le confieso, aprendí definitivamente que todo lo que uno lee, escucha o ve en los medios debe tomarlo con pinzas y formar su propio criterio.
Es que la información sobre las últimas horas de Yabrán con vida salía de a cuentagotas. Nadie se animaba a hablar y menos a dar algún dato preciso sobre lo que había pasado. La única certeza, desde el principio, era que nos asomábamos a un mar de versiones y al comienzo de una historia que aún hoy, para muchos, tiene un final abierto.
Cuando el camión de Bomberos llegó hasta el antiguo Sanatorio Cometra, y la camilla con el cuerpo de Yabrán se deslizó por el suelo, terminó por ser apenas una anécdota ante todo lo que sobrevendría. Los medios nacionales, a esa altura ya instalados en Gualeguaychú, escupían informes cada quince minutos, con mucha temeridad y escasa precisión.
Tiempo después, el testimonio del actual Director de Inteligencia de la Provincia, Comisario General Miguel Cosso, sirvió para echar luz sobre los últimos minutos del empresario y que pasó en aquella habitación de San Ignacio. “Barroetaveña, ¿podría venir a la policía que hay algo importante para contar?”. La voz del alto funcionario sonó cortante pero impetuosa. Lo que había entre manos era demasiado pesado como para andar dudando. En aquel despacho de la Jefatura de Gualeguaychú, quién esto escribe se enteró en detalle qué había pasado y cómo hallaron al prófugo empresario. En mi mente aún repiquetean aquellas palabras de Cosso (en aquel momento la primera vez que se hacían públicas) cuando contó lo que había pasado en aquella finca. “Cuando bajé el picaporte…ahí sentimos el estampido”, describió sobre el momento crucial, cuando en el baño, Yabrán accionaba la escopeta y se suicidaba.
Los que vieron el cadáver sostienen que Yabrán era Yabrán. Aún así, las teorías conspirativas sobre lo que sucedió verdaderamente aún hoy tienen vigencia. Aplicando la lógica más racional, nadie podría pensar que una conspiración de semejantes dimensiones podría mantenerse durante tanto tiempo. Al cabo, los médicos que hicieron la autopsia, Míguez Iñarra, Occhi y Chiapetti son profesionales de amplia trayectoria. Ellos dan fe de lo que vieron y filmaron y el propio Dr. Paiva reveló una serie de señas particulares que tenía el cadáver como una vieja cicatriz y la dentadura. Eso sin tener en cuenta las pruebas de ADN que se practicaron que también arrojaron que se trataba de Yabrán. “Era él, no tengo dudas”, declaró uno de los profesionales pocas horas después. La cara, sobre todo la zona de la frente, estaba hinchada por los gases, pero los rasgos característicos aún los conservaba, entre ellos esos singulares ojos azules.
Yabrán tuvo muchas oportunidades de escaparse. Un hombre de recursos y poderoso como él, no necesitaba mucho para cruzar el Río Uruguay y perderse en otro país. Claro, es lo mismo que da sustento a los que afirman que nunca murió, que ‘no le costaba nada encontrar otro cadáver’ o hacerse una cirugía estética para que no fuera reconocido.
Lo cierto es que, a 10 años de su suicidio, buena parte de la sociedad descree de lo que pasó y mira de reojo cuando se intenta explicar que una conspiración de tanta magnitud, sería imposible imaginar en un país como el nuestro. Eso sin evitar colocar en un manto de dudas la actuación de la policía y la justicia y de los medios que cubrieron el hecho.
Quizás la explicación a tanto descreimiento habría que buscarla en el poder que supo tener “Don Alfredo”. Es difícil pensar que alguien que hacía gala de tener tantas influencias, haya terminado como cualquiera descerrajándose un tiro en una estancia perdida del sur entrerriano. Es paradójico que alguien que le escapó a los medios toda su vida, después de terminar con ella, siga sin poder hacerlo.

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