sábado, 5 de abril de 2008

"LA VERDAD" - UN RELATO DESCONTRACTURADO

“Cuando no recordamos lo que nos pasa, nos puede suceder la misma cosa. Son esas mismas cosas que nos marginan, nos matan la memoria, nos queman las ideas, nos quitan las palabras. Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia. Quien quiera oír que oiga…” (Lito Nebbia)

Pucha, esta semana tenía ganas de hablar sobre ciertos enconos que ha desatado nuestra presidenta. Y la verdad, es que tenía todo preparado para escribir sólo sobre eso. Pero uno propone…y Dios dispone. Entonces, con todo listo para sentarme a escribir, me encontré con un correo electrónico remitido por un nombre de esos que yo he querido mucho y bien, pero que la distancia que es ausencia, ha herrumbrado en mi memoria. No, no se trata de una “ex”, nada de eso, tranquilos.
“La Verdad”. Así rezaba el aviso del correo electrónico. Fui derechito a abrirlo, pues Federico es uno de esos compañeros que había dejado de ver por esas vueltas de la vida. Para ser más preciso, desde la última vez que vi a Federico, deben haber pasado 30 años. ¡Toda una otra vida! Nunca supe más de él ni de su familia, sino por algunos datos pocos confiables. Y no voy a hacer aquí un racconto de nuestra historia infantil. Eso aquí no importa. El tema es que yo me apuré a abrir el mail para saber de él. Internet tiene esto que es maravilloso. Uno se vuelve a encontrar, uno vuelve a saber de aquellos que ya había perdido de vista. Y hasta uno vuelve a saber de gente que creía haber olvidado. Pero este no es el caso de Federico y su familia, pues muchos y muy buenos recuerdos guardaba, y guardo, aún en mi memoria.
La sonrisa se me borró pronto. En una carta dura, Federico me cuenta que buscando su nombre en Internet (algo que hace todo el mundo), dio con una nota mía de hace mucho tiempo. Federico estaba enojado con ciertos recuerdos míos, que él asegura falaces. Y me pedía que dejara de fabular con su familia y que recordara la verdad. Tomé aire, recurrí a la nota referida. Y la leí con un dejo profundo de tristeza. A mí, reconozco, se me vino el alma al suelo. Se me arrugó el corazón. Treinta años después, nos encontrábamos para el reclamo.
Es curioso esto de los recuerdos. El me reclama por un recuerdo que yo tengo tan vívido, que casi creo que sucedió ayer nomás. El asegura falaz, algo que yo nunca dudé en 30 años. No sé si viene al caso el recuerdo en sí. Solo digo que en una guerra aún tibia en esta Argentina de antinomias, yo crecí con el recuerdo de que el padre de Federico había sido herido en una batalla. Ahora, 30 años después, su desmentida me nubla el recuerdo. Por no decir que me lo tira al suelo. Lo que yo siempre creí recordar, aquella convalecencia de Pedro tras la batalla, parece ser que fue solo fruto de una severa contractura, y no de un puñado esquirlas.
No tengo idea qué se hace en estos casos. Es decir, en estos casos uno actúa casi con las tripas, antes que con la mente. ¿Tengo que desdecirme de un recuerdo? no tengo idea. Sí volví a preguntar a todos aquellos que, desde siempre, me ayudaron con sus relatos a mantener vivos mis recuerdos. Al escucharlos, veo que no tendría por qué dudar de mi recuerdo. Pero de todas maneras, no soy de esos que gozan “ganando” a cualquier precio. Deben ser los años. Quizás hace unos años, ese mail me hubiera alentado la ira. Hoy por el contrario, me llama a la reflexión serena. Entonces me tomé unos días para “masticar” esta extraña situación de recuerdos encontrados. Y por respeto, pero sobre todo por el cariño hacia mis recuerdos mejores, decidí quitar de mi página aquella nota que molestó a Federico y a su familia. Y lo hice sin siquiera intentar una explicación sobre el porqué. Pues estoy convencido que es inútil ahondar en ciertos miedos.
Por alguna razón, ambos crecimos con distintos recuerdos. No tengo idea qué pasó entre medio. Es decir, por qué razón yo crecí con ese recuerdo que hoy él me asegura falaz. Después de todo, herido o contracturado, para mí, siempre serán héroes aquellos que nos salvaron, con las armas de la Nación, de la tragedia de los bárbaros. Y en esto, espero que Federico coincida conmigo. Aunque no estoy tan seguro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que suerte que naciste sanito, blanquito, catolico y heterosexual.

Saludos de alguien que prefiere creer que las personas se miden con otros valores y categorias.

Anónimo dijo...

¿¿"Blanquito"??, anónimo, me parece que sufrís daltonismo. Soy "negro"...y a mucha honra!!
Abrazo..
Horacio Palma