jueves, 27 de diciembre de 2007

"LA MUERTE NO IMPORTA, PERO QUE SIRVA PARA ALGO"

"HERMES QUIJADA Y JORGE QUIROGA: IN MEMORIAM

Raúl Argemí

Mírelo fijo a los ojos.

Nació en La Plata a mediados de los 40, y ahora vive en Cataluña. Emigró después de cobrar una buena indemnización del estado. Ha ganado en España y Alemania varios premios con sus novelas negras en las que una y otra vez "rememora su odisea en los campos de exterminio de la dictadura argentina", y en las que describe con extraordinaria realidad, oscuros asesinos de sangre fría.
Los críticos literarios suelen decir de él: "se nota que la ha vivido". Y tienen razón.
Pero hay cosas de él que los críticos gustan esconder con eufemismos, como si la sinceridad cruel de la verdad completa les apretara la conciencia profunda, esa que nos grita desde bien adentro lo que está mal, aunque intentemos ahogar su grito.
Esto dice sobre él una crónica española reciente: "Con poco más de veinte años, siendo todavía un joven estudiante, actor y autor dramático, Argemí inició su lucha contra la dictadura argentina, lo que le llevó a la cárcel en 1974. Estuvo preso diez años, dos de los cuáles los pasó en los pabellones de la muerte. Vinculado desde muy joven al mundo del teatro, al recuperar la libertad entró de lleno en el mundo de la prensa y la cultura. Rotas las esperanzas y ante la perspectiva de un país a la deriva y sin futuro, en 1999 se vino con su hija a España. Y dice Si hay que volver y morir, se vuelve. La muerte no importa. Pero que sirva para algo. Me fui de Argentina porque me estaba poniendo violento".
¿No es conmovedor? Un idealista talentoso, miembro de una generación romántica que quiso cambiar la argentina combatiendo a la dictadura…¡casi un cuento de hadas! Pero yo le voy a contar lo que nunca le contarán sobre él, y desenmascarar así su mentira.
A las dos y media de la tarde de un 28 de abril de 1.974, Argemí venía en moto con Marino Amador Fernández por las calles frenéticas del centro de Buenos Aires. Desandaban la calle Viamonte esquivando gente y autos. En la esquina de Montevideo casi chocan contra el auto de un juez, que les tomó la patente. Tal vez iban distraídos pensando en los datos que les había cantado, bajo tortura, el Dr. Carlos Alberto Bianco, al que tenían secuestrado desde hacía varios días. La moto hizo una maniobra extraña y frenó justo en el 1.506 de Viamonte. Desde calle Paraná venía cruzando, puntual, Jorge Vicente Quiroga. Él también iba aquella tarde al 1.506 de Viamonte. Iba a visitar a su amigo Rébori. Marino Amador Fernández y Raúl Argemí lo sabían perfectamente. Lo dejaron pasar, y entonces Argemí o Fernández, o los dos, se bajaron de la moto, sacaron sus metralletas Halcón como por arte de magia, y le metieron 14 balazos a quemarropa…con esos balazos el ERP intentaba vengar a sus camaradas enjuiciados por Quiroga. Si bien Cámpora los había indultado a todos, ya se sabe cómo es de venenosa la venganza en la sangre resentida de los hijos de puta.
Quiroga cayó en agonía, ellos subieron a la moto y salieron a toda velocidad mientras la gente huía despavorida. Quiroga agoniza y se desangra en la vereda, y agonizará dos horas más en el hospital Rawson antes de convertirse en mártir de la justicia argentina. El testigo del auto frena, y le pasa a la policía la patente de la moto…y con ese dato, la policía de Perón llegó en pocas semanas hasta la calle Fragata Sarmiento 1071 en Ramos Mejía. Allí encontraron un rastrojero robado preparado con una bomba de 3 kilos de trotyl, un indicador eléctrico mecánico de activación, una ametralladora Halcón cargada, una falsificadora de credenciales, papeles del ERP, miles de proyectiles y un cuaderno con los datos de un funcionario judicial secuestrado: el Dr. Bianco. Conclusión: Argemí, Violeta Ana Moratto y Fernández, fueron acusados por el homicidio del ex juez Quiroga, por tenencia de armas de guerra y de explosivos, acopio de municiones, asociación ilícita calificada y uso de documentos falsos en concurso real. Y se les sumó luego la sentencia por el homicidio de Quijada, total: 25 años. Pero por distintas amnistías y reducciones de penas, salieron todos el 15 de agosto de 1.984. La causa pasó por varios juzgados y durante los diez años que estuvieron detenidos cumpliendo la sentencia, fueron defendidos por el Dr. Broquen. Todas las garantías. Todas ¡Vaya campo de exterminio más extraño!
Pero ya que en esta historia se nombró al contralmirante Hermes Quijada, diré que el 30 de abril de 1973, en pleno centro de Buenos Aires, un guerrillero del ERP, Víctor Fernández Palmeiro, español de 24 años, lo asesinó fríamente. Las semejanzas entre los dos asesinatos son notables. La revista "Liberación por la Patria Socialista" en su Nro. 19, de 1974, órgano de prensa del ERP-PRT, narró así el asesinato de Hermes Quijada:"TRELEW: LA IDEA FIJA. Lunes 30 de abril de 1973. A las 9 hs. el chofer está con el auto listo. A las 9,10 hs., Quijada sube y salen. En Junín doblan a la izquierda en dirección a Santa Fe, pero esta vez la moto ha recibido la señal correcta y ya está arriba de ella los que vengarán a los muertos de Trelew. Con el Gallego habíamos decidido que el momento de inicio de la operación lo determinaría que se detuviera el coche de Quijada, que quedara en posición como para que nos metiéramos por el costado derecho y que tuviéramos espacio para seguir después con la moto. Apenas pasamos Santa Fe por Junín, nos pusimos cerca. En Córdoba los semáforos lo pararon, pero el Dodge quedó en el medio de otros dos coches. Esperamos. En Corrientes pasamos con luz verde y había dos motos de la policía detenidas. En Sarmiento lo agarró el semáforo. Acá, dijo el Gallego. 9,15 hs., la moto se acerca por detrás al Dodge blanco que está detenido sobre Junín a 15 metros de la esquina, disminuye su velocidad y el Gallego salta empuñando una ametralladora. La moto pasa por el costado derecho del coche y frena unos metros más adelante. Y ya está el Gallego al lado de la ventanilla derecha. Quijada: una fracción de segundo para ver al joven alto, morocho, de anteojos, con una campera azul que le apunta con una ametralladora y una fracción de segundo para pensar que debería tomar la ametralladora que lleva sobre sus rodillas con las mismas manos con que empuñó aquel puntero que le sirvió para explicar lo de Trelew. Una fracción tan pequeña que la orden no llega a los músculos que deberían ejecutarla porque el fogonazo en el caño de la Halcón le dice que ya comenzaron a entrar en su pecho los primeros balazos y ya empezó a morirse. El chofer: abrir la puerta de su lado y con la otra mano agarrar la pistola que lleva bajo la pierna y disparar un tiro hacia el joven que ataca mientras su cuerpo ya se va tirando hacia la calle. Gallego: asegurar a Quijada. Y las ráfagas que en vez de <
> a lo largo del asiento delantero para poner fuera de combate a los dos, se incrusta en un solo destinatario.
Sólo tengo un pantallaza porque todo fue muy rápido. Detuve la moto. Al largarse el Gallego nos desviamos hacia el costado y la palanca de cambio pegó contra el coche, y se torció. Quise enderezarla y se partió. La moto quedó en segunda y ya no podía hacer cambios de velocidad. Me di vuelta y vi al Gallego haciendo fuego; a la puerta del lado izquierdo del coche que se abría; una mujer que se fue sobre un kiosco de revistas y tiró abajo varios estantes; un Fiat 1500 que salió violentamente haciendo chirriar sus gomas contra el pavimento…La puerta derecha que también se abría y el Gallego recamarando la ametralladora. Después ya venía hacia la moto. La segunda ráfaga que alcanza al chofer en la mano con la que tiene la pistola y las otras que buscan al contralmirante en la cabeza y en el pecho. El peso de su cuerpo cayendo sobre la puerta y abriéndola y la Halcón que se traba después de ocho tiros. Y el Gallego que dirán los testigos que sonríe, pero es que recibió un tiro del chofer y lo acusa con un rictus de dolor.
Quijada ya está muerto; unos pasos hacia la moto que espera en marcha.
Cuando el Gallego se subió no sentí más tiros, aunque los diarios dijeron que un policía que pasaba por allí nos disparó. Entre el ruido de la moto y el del tránsito escuché que el Gallego decía <
>. Y me puse contento porque pensé que en ese lugar le había puesto todas las balas a Quijada. Cuando tomamos Pueyrredón noté que venía mal agarrado. Le grite que se afirmara mejor, y allí me dijo que tenía un balazo en el estómago. Entonces cruzó los brazos por encima de mis hombros y se reclinó sobre mí.
Llegamos hasta Pueyrredón y Libertador; había un embotellamiento del tránsito y la moto se paró. No podía ponerla en marcha de nuevo porque la palanca de cambios estaba rota, así que la dejamos en una plazoleta y ayudé al Gallego a caminar hasta el auto que esperaba en la playa de la Facultad de Derecho.
El Gallego Palmeiro recibió en la acción donde ajustició a Quijada, un balazo en el estómago sin orificio de salida. Conducido a una casa, murió cuando se lo iba a trasladar para intervenirlo quirúrgicamente. Su primera pregunta al llegar a la casa había sido: ¿Lo maté? Y cuando los compañeros que ya lo sabían por la radio le informaron que sí, dijo: ¡Los vengué!
Los diarios de la época informaron profusamente de la muerte de Quijada. Lo que no dijeron, es que a partir de ese 30 de abril, el Gallego Víctor José Fernández Palmeiro, junto a los dieciséis mártires de Trelew, empezaba a vivir en el corazón de su pueblo."
Leyendo la crónica del ERP, vemos que un asesino frío y calculador estaba haciendo sus primeras letras en la novela negra policial…y yo sospecho quien.
Mírelo fijo a los ojos, porque en cualquier momento podemos cruzarnos con este hijo de puta de buena pluma. Y tenemos la obligación de decirle que sabemos la basura que es.

Horacio Ricardo Palma


Nota: Agradezco al Dr. Rafael Sarmiento, ex juez que enjuiciara a Argemí y autor de "El revés de la toga", de donde he sacado los datos de la causa.

JUICIOS PORA "LA VERDAD"...QUE SON MENTIRAS


LAS MENTIRAS DEL JUICIO POR LA VERDAD

“Nada de esto pudimos con claridad entender, ni los unos, ni los otros. Aquella guerra mucho más dura, sucia y cruel, fue con seguridad más frontal y cristalina, para todos quienes la integramos, de un lado como del otro. Miramos con estupor esta confrontación que es exclusivamente de intereses, careciente totalmente de ideas y banderas” (Norberto Cozzani –Preso político en el Penal de Marcos Paz desde 2.004)



En el Circo Oral y Público que se le siguió al Padre Chirstian F. von Wernich, uno de los testigos, Juan Nazar, ex director de La Opinión de Trenque Lauquen –también presidente de la Confederación General Económica bonaerense – reveló que durante sus interrogatorios, le preguntaban por el “Plan Andinia” (un supuesto “complot del sionismo internacional para quedarse con la Patagonia”). “Me preguntaban si tenía información del “sionismo” y si los que escribían en el diario eran judíos. “Había un sentimiento y pensamiento antisemita”.
Los primeros testigos en el circo oral y público contra von Wernich, intentaron marcar el antisemitismo del gobierno cívico militar que gobernó la Argentina a partir de 1.976. “Liberman pagó por dos cosas: por su actuación en el gobierno y por ser judío”, aseguró Ballent, y “el periodista Jacobo Timerman fue torturado salvajemente. El hecho de que fuera judío acentuó la animadversión, e hizo que lo torturaran más cruelmente todavía”.

EL DÍA QUE LA DAIA PACTÓ CON CAMPS
Extraído del libro “Yo Asumo – Conciliemos – Desde la cárcel del Dr. Kirchner”, de Norberto Cozzani

Una reunión importante – (páginas 102 y 103)
“Corría el año 1981-82, si bien yo me encontraba totalmente desvinculado de toda institución, fui convocado por el General Ramón Juan Alberto Camps a su domicilio, quien me solicitó lo acompañara a una reunión donde se conversaría sobre los temas Graiver y Timmerman, solo me aclaró que fuera explícito ante cualquier testimonio que él me solicitara.
A los dos o tres días, desde su domicilio nos dirigimos a un importante piso de av. Del Libertador, recuerdo llegamos un poco antes de las 9 horas de un día de semana. Al recibirnos recién conocí al propietario y su señora esposa, era el Sr. Gainza Paz, Director y dueño del Diario La Prensa. La misma persona que anteriormente relaté tuvo que ver con la negociación de Papel Prensa S. A.
Sirvieron café y a los pocos minutos se completó la reunión con 5 señores, para mí totalmente desconocidos, los presidía el Dr. Goldemberg, entonces presidente de la DAIA.
Mi participación en la conversación consistió en narrar a los señores presentes, aquél episodio del portafolios de la casa de los tíos abuelos de la Señora Lidia Papaleo de Graiver con los títulos y los contratos de las empresas dirigidas por el Sr. Jacobo Timmerman. (Los Graiver eran los principales financistas de la banda terrorista Montoneros). También contesté que en cuanto vi, escuché y actué, igual hubiera sido la operatoria si los nombres implicados en aquellas investigaciones y sus consecuentes derivaciones fueran González o Fernández.
Evidentemente, esta reunión, tenía como fin, demostrar a los principales directivos de la DAIA, que la investigación de los Señores Graiver, Rubinstein y Timmerman (entre otros) para nada fue una posición antisemita.
Sobre el final de la conversación, el Sr. General Camps, desde el mismo living se comunicó con el General Llamil Reston, por entonces Ministro del Interior.
Luego de una respuesta concertada y un cordial apretón de manos, todo finalizó. El General Camps agradeció al matrimonio Gainza Paz, y nos retiramos.
Como consecuencia de lo explicitado, a los pocos días la DAIA lanzó un comunicado de prensa con repercusión internacional, en el que declaraban como “…un mal judío que con sus declaraciones y actitudes, dañaba a la Comunidad Israelita Argentina”, refiriéndose al Sr. Jacobo Timmerman.
Paralelamente, por Canal 13 de televisión, en horario central de las 22 hs., y durante dos viernes consecutivos, se concretó la película “Holocausto”. Cumpliéndose un pacto, y la orden del Ministro del Interior.

Algunas verdades que se ocultan, hacen patéticas las mentiras que se ventilan como venganza. Ay de aquellos que sabiendo la verdad…¡¡callan!!

Horacio R. Palma