LOS CONSEJOS PARA EL DÍA DESPUÉS
“...¡Y pensar que he desperdiciado años enteros de mi vida, que he querido morirme, que he sentido el amor más grande por una mujer que no me gustaba, que no era mi tipo!” (Un Amor de Swann – M. Proust)
Estoy en una sala de espera ojeando revistas para olvidar la espera que colma la sala. Me asombro al ver la cantidad de publicaciones que se esmeran en aconsejar a las mujeres. Tengo en mis manos una revista de esas en que los famosos posan en casas prestadas, y declaran intimidades con total descaro; la gran nota central es un rosario de consejos para las mujeres divorciadas...¿Consejos para mujeres divorciadas?.
Se me hace que las mujeres, divorciadas o no, lo que menos necesitan son consejos. No obstante, no hay revista que no quiera aconsejarlas, y se esmeran en poner a las mujeres debajo de una lupa para ver si tienen traumas, miedos, sarpullidos...o esos promocionados dolores de cabeza. Todas las revistas utilizan una táctica parecida; primero, un test berreta, y luego, 10 consejos más berretas.
Pero es evidente que los principales editores gráficos abocados al mercado femenino piensan que hay que aconsejar a las minas...pues decenas de revistas, de esas que atestan los revisteros de consultorios y peluquerías, derrochan litros de tinta y gastan kilos de papel en darles consejos. Y dale que te dale con los consejos.
Ya no les basta con todas las zalamerías que escriben en víspera de los recontra promocionados días, como el de la madre o el día internacional de la mujer...¿a quién se le ocurre festejar un día internacional de la mujer?. Miren, seré brutal pero me debo sinceridad: A los hombres, el día de la mujer nos importa un pito (pero ni se nos ocurre decirlo en público). Y sospecho (tras haber observado con detenimiento ciertas caras femeninas de inocultable fastidio) que las mujeres también aborrecen ese tonito paternalista con que las adulan, y con que se las recuerda en esos sospechosos días festivos que solo sirven para que ellas nos echen muchas cosas en cara, aprovechando la impunidad festiva...no nos engañemos, ellas perciben perfectamente toda esa falsedad masculina que se esconde entre tanta pomposidad y regalos de ocasión a que nos obliga el almanaque comercial. Perciben la falsedad, pero la callan por conveniencia.
Viudas, divorciadas, lactantes, casadas en estado idílico, casadas en estado de coma, o adolescentes...hay consejos para todas. Las revistas dan consejos como si las mujeres anduvieran por la vida con cara de estar mendigando un consejo. Pero mucha culpa tienen ellas por comprar revistas cuyas notas titulan: “Hay vida más allá del divorcio”, ¡ja!...como si las mujeres fueran retrasadas mentales y no lo supieran.
Ahora caigo en la cuenta que a los hombres nos aconsejan poco y nada...a nosotros las revistas nos conforman con un par de señoritas desnudas o de jovatas sugerentes. ¿Será porque no hacemos caso de los consejos, o porque creen que los hombres solo pensamos en “eso”?...como sea, hacen bien en no aconsejarnos, pues sería cómico que alguien escribiera un artículo sugiriéndole a un hombre divorciado, el modo en que debe rehacer su vida, y la manera en que debe cuidarse del “qué dirán” retaceando o escondiendo las salidas nocturnas y las nuevas amistades. No, definitivamente ninguna revista osará decirle a los hombres divorciados que se abstengan de salir con una mujer hoy y con otra mañana, para que la gente de su entorno, o las lenguas filosas no vayan a pensar o a comentar que él es uno de esos “tipos fáciles”, o, parafraseando la revista que leo ahora: “un cualquiera”. No señor...esos son motes que se conjugan en femenino.
Se me hace que las mujeres, divorciadas o no, lo que menos necesitan son consejos. No obstante, no hay revista que no quiera aconsejarlas, y se esmeran en poner a las mujeres debajo de una lupa para ver si tienen traumas, miedos, sarpullidos...o esos promocionados dolores de cabeza. Todas las revistas utilizan una táctica parecida; primero, un test berreta, y luego, 10 consejos más berretas.
Pero es evidente que los principales editores gráficos abocados al mercado femenino piensan que hay que aconsejar a las minas...pues decenas de revistas, de esas que atestan los revisteros de consultorios y peluquerías, derrochan litros de tinta y gastan kilos de papel en darles consejos. Y dale que te dale con los consejos.
Ya no les basta con todas las zalamerías que escriben en víspera de los recontra promocionados días, como el de la madre o el día internacional de la mujer...¿a quién se le ocurre festejar un día internacional de la mujer?. Miren, seré brutal pero me debo sinceridad: A los hombres, el día de la mujer nos importa un pito (pero ni se nos ocurre decirlo en público). Y sospecho (tras haber observado con detenimiento ciertas caras femeninas de inocultable fastidio) que las mujeres también aborrecen ese tonito paternalista con que las adulan, y con que se las recuerda en esos sospechosos días festivos que solo sirven para que ellas nos echen muchas cosas en cara, aprovechando la impunidad festiva...no nos engañemos, ellas perciben perfectamente toda esa falsedad masculina que se esconde entre tanta pomposidad y regalos de ocasión a que nos obliga el almanaque comercial. Perciben la falsedad, pero la callan por conveniencia.
Viudas, divorciadas, lactantes, casadas en estado idílico, casadas en estado de coma, o adolescentes...hay consejos para todas. Las revistas dan consejos como si las mujeres anduvieran por la vida con cara de estar mendigando un consejo. Pero mucha culpa tienen ellas por comprar revistas cuyas notas titulan: “Hay vida más allá del divorcio”, ¡ja!...como si las mujeres fueran retrasadas mentales y no lo supieran.
Ahora caigo en la cuenta que a los hombres nos aconsejan poco y nada...a nosotros las revistas nos conforman con un par de señoritas desnudas o de jovatas sugerentes. ¿Será porque no hacemos caso de los consejos, o porque creen que los hombres solo pensamos en “eso”?...como sea, hacen bien en no aconsejarnos, pues sería cómico que alguien escribiera un artículo sugiriéndole a un hombre divorciado, el modo en que debe rehacer su vida, y la manera en que debe cuidarse del “qué dirán” retaceando o escondiendo las salidas nocturnas y las nuevas amistades. No, definitivamente ninguna revista osará decirle a los hombres divorciados que se abstengan de salir con una mujer hoy y con otra mañana, para que la gente de su entorno, o las lenguas filosas no vayan a pensar o a comentar que él es uno de esos “tipos fáciles”, o, parafraseando la revista que leo ahora: “un cualquiera”. No señor...esos son motes que se conjugan en femenino.
CONSEJEROS DE PARTE
Otra cosa me causa gracia en la nota que leo...son esas frasecitas condescendientes con que intentan animar a las mujeres divorciadas para que vuelvan a confiar en el amor. Frases como: ¡Animo! ¡un tropezón no es caída! ¡siempre debes apostar al amor! y otras por el estilo. ¡Qué ridiculez tan grande!, frasecitas que jamás les dirían a un divorciado, ni aún a esos divorciados convertidos en piltrafas humanas. No lo dicen, tal vez porque los hombres somos muy pavos y, luego del divorcio, seguimos confiando en el amor y en las mujeres...no precisamente en la mujer que acabamos de dejar o que nos acaba de abandonar, claro, sino en todas las demás mujeres (incluidas las que otros han dejado)...
Las divorciadas piensan también así pero...casi siempre tienen a su lado algún consejero de parte. De parte interesada. No me imagino al padre de un divorciado, cuestionando moralmente a su hijo porque este anda de baile en baile o de brazo en brazo. Pero no necesito mucho para imaginar al padre, al hermano, al hijo, o al ex de una divorciada, recitando una ristra de consejos acerca de las ventajas del recato femenino luego de “semejante” desliz sensual. Resabios de aquella sociedad machista y protectora.
Estos consejeros de parte se presentan ante la mujer divorciada y le aconsejan: “Claro que tienes derecho a recuperarte ¡cómo no!, pero con medida y decoro, sin despeinarte, dentro de ciertos límites”. Así tratan de imponerse los ex maridos, los hijos, los hermanos o los padres de las mujeres divorciadas. Aconsejando lo mejor...para ellos.
Es un afán machista incontrolable por querer seguir controlando, por querer continuar ejerciendo un poder que no es ya como antes era. Porque las mujeres de hoy son independientes y ganan dinero y hacen lo que se les canta (muchas veces, y por suerte, se les canta con nosotros los hombres). Ya resulta difícil aplastarlas u oprimirlas desde el trauma. Ya no funciona ni el cuentito místico, ni trabajarle la culpa de la mala madre, ni el verso del qué dirán...cuentos con los que, subrepticiamente, intentamos los hombres machacarles durante tanto tiempo para imponer algunos límites a nuestras ex, nuestras hermanas, nuestras hijas o nuestras madres...
En estos tiempos, dichos intentos resultan inútiles y suenan cavernícolas. Aunque siguen siendo el caballito de batalla sobre el que se montan la mayoría de los machistas incurables, o de los ex maridos que se arrogan aún el derecho de decidir con quién, y con cuánta frecuencia, desea que pueda salir esa mujer que alguna vez formó parte de su vida. Pero ya no hay vuelta atrás en esto de la liberación femenina...y resulta un golpe duro para toda esa carga machista con que venimos cargados los mayores de 30.
No...si yo al final tenía razón che, lo mejor es no dar consejos, pues pienso que las mujeres, divorciadas o no, lo que realmente necesitan es que las dejen en paz, y no las pongan constantemente debajo de una lupa para ver si tienen traumas, miedos, sarpullidos o esos dolores de cabeza con que tantas veces han salvado a su marido o a su amante de un papelón (aquí me incluyo, claro)...
Camaradas de género: ¡Resignación!. Deberíamos asumir la situación y tratar a nuestras mujeres divorciadas, del mismo modo como tratamos a nuestros hombres divorciados; sin retorcimientos, y sin hacerlas sentir como si estuvieran enfermas de lepra o confinadas al destierro sensual. Eso sería justo. Dejarlas que ellas se encarguen por sí solas de hallar su camino, y busquen sin presiones sociales lo que más les convenga o les guste. Dejemos que decidan si salen todos los días con un amigo diferente sin que nadie las critique ni les llame “mujeres fáciles” en alguna revista de morondanga o en alguna peluquería de barrio o en algún zaguán repleto de chusmería barata. Y que si lo desean, elijan no salir nunca. O si se les canta, que decidan reflexionar desde la tranquilidad de su casa, junto a un hombre, o a quince. O si prefieren, quedarse solas y desterrar al hombre para siempre (esperemos que esto no ocurra).
Cierro la revista pues la secretaria del consultorio acaba de gritar mi nombre. Camino hacia la puerta verde. La abro, y una mujer sonriente me invita a tomar asiento en el patíbulo dental...canta en voz baja una bella canción. “Buen día doctora”, le digo. Ella me contestó: “Muy buen día, querrá decir...acabo de divorciarme del idiota de mi marido”...quedé con la boca abierta. Y eso, facilitó su trabajo.
Otra cosa me causa gracia en la nota que leo...son esas frasecitas condescendientes con que intentan animar a las mujeres divorciadas para que vuelvan a confiar en el amor. Frases como: ¡Animo! ¡un tropezón no es caída! ¡siempre debes apostar al amor! y otras por el estilo. ¡Qué ridiculez tan grande!, frasecitas que jamás les dirían a un divorciado, ni aún a esos divorciados convertidos en piltrafas humanas. No lo dicen, tal vez porque los hombres somos muy pavos y, luego del divorcio, seguimos confiando en el amor y en las mujeres...no precisamente en la mujer que acabamos de dejar o que nos acaba de abandonar, claro, sino en todas las demás mujeres (incluidas las que otros han dejado)...
Las divorciadas piensan también así pero...casi siempre tienen a su lado algún consejero de parte. De parte interesada. No me imagino al padre de un divorciado, cuestionando moralmente a su hijo porque este anda de baile en baile o de brazo en brazo. Pero no necesito mucho para imaginar al padre, al hermano, al hijo, o al ex de una divorciada, recitando una ristra de consejos acerca de las ventajas del recato femenino luego de “semejante” desliz sensual. Resabios de aquella sociedad machista y protectora.
Estos consejeros de parte se presentan ante la mujer divorciada y le aconsejan: “Claro que tienes derecho a recuperarte ¡cómo no!, pero con medida y decoro, sin despeinarte, dentro de ciertos límites”. Así tratan de imponerse los ex maridos, los hijos, los hermanos o los padres de las mujeres divorciadas. Aconsejando lo mejor...para ellos.
Es un afán machista incontrolable por querer seguir controlando, por querer continuar ejerciendo un poder que no es ya como antes era. Porque las mujeres de hoy son independientes y ganan dinero y hacen lo que se les canta (muchas veces, y por suerte, se les canta con nosotros los hombres). Ya resulta difícil aplastarlas u oprimirlas desde el trauma. Ya no funciona ni el cuentito místico, ni trabajarle la culpa de la mala madre, ni el verso del qué dirán...cuentos con los que, subrepticiamente, intentamos los hombres machacarles durante tanto tiempo para imponer algunos límites a nuestras ex, nuestras hermanas, nuestras hijas o nuestras madres...
En estos tiempos, dichos intentos resultan inútiles y suenan cavernícolas. Aunque siguen siendo el caballito de batalla sobre el que se montan la mayoría de los machistas incurables, o de los ex maridos que se arrogan aún el derecho de decidir con quién, y con cuánta frecuencia, desea que pueda salir esa mujer que alguna vez formó parte de su vida. Pero ya no hay vuelta atrás en esto de la liberación femenina...y resulta un golpe duro para toda esa carga machista con que venimos cargados los mayores de 30.
No...si yo al final tenía razón che, lo mejor es no dar consejos, pues pienso que las mujeres, divorciadas o no, lo que realmente necesitan es que las dejen en paz, y no las pongan constantemente debajo de una lupa para ver si tienen traumas, miedos, sarpullidos o esos dolores de cabeza con que tantas veces han salvado a su marido o a su amante de un papelón (aquí me incluyo, claro)...
Camaradas de género: ¡Resignación!. Deberíamos asumir la situación y tratar a nuestras mujeres divorciadas, del mismo modo como tratamos a nuestros hombres divorciados; sin retorcimientos, y sin hacerlas sentir como si estuvieran enfermas de lepra o confinadas al destierro sensual. Eso sería justo. Dejarlas que ellas se encarguen por sí solas de hallar su camino, y busquen sin presiones sociales lo que más les convenga o les guste. Dejemos que decidan si salen todos los días con un amigo diferente sin que nadie las critique ni les llame “mujeres fáciles” en alguna revista de morondanga o en alguna peluquería de barrio o en algún zaguán repleto de chusmería barata. Y que si lo desean, elijan no salir nunca. O si se les canta, que decidan reflexionar desde la tranquilidad de su casa, junto a un hombre, o a quince. O si prefieren, quedarse solas y desterrar al hombre para siempre (esperemos que esto no ocurra).
Cierro la revista pues la secretaria del consultorio acaba de gritar mi nombre. Camino hacia la puerta verde. La abro, y una mujer sonriente me invita a tomar asiento en el patíbulo dental...canta en voz baja una bella canción. “Buen día doctora”, le digo. Ella me contestó: “Muy buen día, querrá decir...acabo de divorciarme del idiota de mi marido”...quedé con la boca abierta. Y eso, facilitó su trabajo.
